Siempre he admirado al beato venezolano, José Gregorio Hernández y creo como millones de personas en todo el mundo en sus milagros, en los que ha arrancado de las garras de la muerte a numerosos agonizantes. Por eso comparto la alegría que hoy embarga al pueblo venezolano, puesto que, por determinación del Papa Francisco, muy pronto se convertirá en Santo, el primero del país.
Esto es el excelente resultado de un intenso trabajo de la iglesia católica venezolana por lograr el decreto de canonización de José Gregorio, quien era conocido como “el médico de los pobres” y quien hace 5 años fue erigido como Beato.
Un detalle muy diciente es que desde el hospital de Genelli, el papa Francisco, quien convalece de una neumonía, ya autorizó que el médico venezolano fuera elevado a Santo. Lo cierto es que Francisco le ha dado celeridad a este proceso de José Gregorio Hernández y desde el primer momento respaldó esta iniciativa. “Era un médico lleno de ciencia y de fe que supo reconocer en lo enfermos el rostro de Cristo y como buen samaritano, los socorrió con caridad evangélica.”, expresó el Sumo Pontífice.
El milagro que hoy avala su calidad de Santo ocurrió hace 8 años cuando una niña de 10 años, recibió un balazo en la cabeza durante un asalto y los médicos la desahuciaron, pero su madre le rezó a José Gregorio y la niña sanó.
Hace algunos meses estuve buscando en un almacén especializado en imágenes religiosas de Cali, la figura misteriosa del médico de sombrero traje oscuro y bata blanca, pero me dijeron que no la había, puesto que no era Santo. Pues bien, ahora lo será y eso me tiene muy contento, como si fuera un venezolano más.
Bienvenido José Gregorio, al listado de los santos más milagrosos del mundo y ahora con más fe que nunca, estoy seguro que me concederá el milagro que le vengo pidiendo.

