La comunidad de Samaniego, en Nariño, dio el último adiós a Tobby, un perro callejero que durante años se ganó el cariño y respeto de los habitantes hasta convertirse en uno de los personajes más emblemáticos del municipio.
La historia de Tobby trascendió por su comportamiento particular. Según recuerdan los habitantes, el can solía acompañar los cortejos fúnebres y asistir a los entierros cada vez que escuchaba las campanas de la iglesia, una costumbre que mantuvo durante gran parte de su vida y que lo convirtió en una figura reconocida por propios y visitantes.
Más allá de esa singular conducta, Tobby era considerado parte de la cotidianidad del pueblo. Era frecuente verlo recorrer las calles, asistir a eventos comunitarios, celebraciones religiosas y espacios públicos, donde recibía alimento, cuidados y afecto de los habitantes.
Con el paso de los años, su historia se volvió tan representativa que inspiró homenajes y expresiones artísticas en el municipio, consolidándose como un símbolo de lealtad y compañía para la comunidad.
El perro falleció el 12 de junio de 2026, hecho que generó numerosas muestras de tristeza entre los samanieguenses. Durante su despedida, vecinos, líderes comunitarios y amantes de los animales se reunieron para rendirle homenaje con flores, mensajes y actos simbólicos en reconocimiento a la huella que dejó en la población.
Para muchos habitantes, Tobby no fue simplemente un perro callejero, sino un integrante más de la comunidad cuya memoria permanecerá ligada a la historia reciente de Samaniego y al afecto de quienes compartieron con él durante años.




