Sabían que Noé parecía un Ángel Caído al nacer

Según el Libro de Enoc (capítulo 106), Noé no nació como un bebé común. Su padre, Lamec, quedó aterrorizado al verlo porque su apariencia era completamente diferente a la de un humano normal.

El texto describe que su piel era blanca como la nieve y roja como una rosa, su cabello blanco como la lana, y sus ojos eran tan radiantes que al abrirlos iluminaban toda la casa como el sol.

Ante tal visión, Lamec temió que su hijo no fuera realmente suyo, sino hijo de los ángeles caídos (vigilantes), pues su aspecto era «semejante a los hijos del Dios del cielo». Sin embargo, el patriarca Enoc reveló la verdad: Noé era realmente su hijo, elegido por Dios para sobrevivir al gran diluvio y salvar a la humanidad.

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