En esta columna, abordo, a través de la escritura fragmentaria, las trazas de un diálogo que sostuve con el escritor nariñense Julio César Goyes en relación con su quehacer como realizador audiovisual.
Los lectores se encontrarán con fragmentos, al modo de lo propuesto por el ensayista y semiólogo francés Roland Barthes, que determinan modos de lenguaje plural, de múltiples dimensiones en las que se entrelazan el cine y la poesía. Así que este texto, recurriendo de nuevo a Barthes, «construye la misma pluralidad del sentido», en tanto es un tejido de referencias cuyas fuentes provienen de los focos de la charla.
En esas relaciones dialógicas, a través de las palabras —«islas de sentido», según Maurice Blanchot— se recorre la creación donde la vida, en cámara lenta, abisma lo literario.
I
En el escritor y cineasta ipialeño Julio César Goyes lo indecible escarba la tierra de lo real. Se reafirma en las imágenes de su cine una semilla: la antepalabra que se fecunda a sí misma.
En las orillas de lo dicho, la nostalgia es la lengua.
II
Su voz, hecha de penumbra, lleva la sencillez del aire. En sus ojos, la infancia contiene la levedad del arrayán.
III
El quinde, nuestro Hermes Trismegisto —dice Julio César—, conoce el lenguaje de las flores, la herida del arcoíris. Con él descendemos y ascendemos en lo inmemorial (…).
(…) Somos cinematográficos desde el puro origen (…).
IV
Aguas descalzas apresuran el recuerdo familiar de Goyes. Del padre mulato tiene los signos del paisaje en la piel. De la madre conserva el hilo del silencio, la claridad que lo habita.
V
Entre raíces invertidas que en el tiempo se suspenden, el cine de Leonardo Favio y el de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani representan el umbral y la rejilla en las voces de los parientes.
VI
Los ojos del etnógrafo siegan la carne de lo folclórico. Las culturas y las colectividades, al ser sangre doble, nos permiten performar el carnaval, el habla de la fiesta.
VII
La imagen visual transita por el territorio. En éste los órganos de lo popular roen el adentro.
VIII
(…) En el cine, las imágenes que galopan para recobrar la ausencia son el ancla al fondo del espejo. (…) La poesía flota en el fulgor.
IX
«Ipiales de carnaval» (1993), —afirma Julio César— mi primer documental, memorializa el color, la alquimia del artesano que talla la claridad y reparte la edad de la tradición.
X
En «El pacto» (2003), desde la figura de Francisco Cantuña, muda la palabra en ruinas de soles que se edifican.
XI

