Arqueólogos de la Autoridad de Antigüedades de Israel y del Instituto Weizmann de Ciencias anunciaron el hallazgo de un entierro bizantino cerca de Jerusalén —en el yacimiento de Khirbat el‑Masani— que desafía siglos de suposiciones sobre el ascetismo en la antigüedad. El esqueleto había sido descubierto encadenado, práctica asociada hasta ahora exclusivamente con monjes varones, pero un análisis proteómico del esmalte dental determinó que en realidad pertenecía a una mujer.
La tumba data del siglo V d.C., y la difunta estaba rodeada de pesadas anillas de hierro en cuello, brazos y piernas —un símbolo de mortificación corporal voluntaria que se creía reservado al ascetismo masculino. Este hallazgo abre nuevas preguntas sobre la participación de las mujeres en formas extremas de devoción religiosa durante el período bizantino.
Aunque documentos históricos ya mencionaban que mujeres renunciaban a la vida mundana para dedicarse al retiro y la oración, nunca había existido evidencia material, como huesos o entierros, que confirmara su participación en prácticas de autoinfligimiento tan extremas. Los investigadores señalan que «este es solo el comienzo de una reevaluación de lo que sabemos sobre el monacato femenino»
Este descubrimiento no solo amplía la visión de la historia religiosa en Tierra Santa, sino que también destaca la importancia creciente de técnicas como la proteómica del esmalte en arqueología cuando los métodos tradicionales no son aplicables.

