Por David Fajardo
Durante siglos, hablar de iglesia y estado era la misma cosa, es sólo hasta 1863 que, en la Constitución de Rionegro se decreta la “supuesta” separación, y llamémoslo así, porque aún hoy, Colombia es un disque Estado laico, cosa que más bien parece que sin tener en cuenta la diversidad de la que cuando conviene sacamos pecho, pero a ciertas horas parece que todo colombiano es católico o al menos cristiano por excelencia.
Y es que seguramente a estas alturas de la columna muchos pensarán en que ser inescrupuloso y hereje se atreve a brindar tales afirmaciones, lo cierto es que Colombia ni católica ni atea, es mejor un país con pluralismos, con diferencias desde las concepciones indígenas de las cuales fuimos testigos la pasada semana con el éxito de la misión Esperanza, rescatando con vida a 4 menores en la selva del Guaviare, que con conocimientos adquiridos en una formación que me atrevería a decir hemos despreciado y considerado inferior a la clásica occidental, heredada del norte o del viejo continente, para darnos cuenta que para la situación contextual de nuestra región, un citadino en la situación de esos niños, estaría peor que niño tratando de tomarle hilo a clase de álgebra.
Así mismo creo que la educación básica y media han perdido horizonte ¿O es qué acaso alguna vez lo ha tenido? Bien decía Garzón que a uno en el colegio le enseñan poco de vainas que poco y nada sirven para la vida, y es que si bien, si uno fue afortunado de recibir una medianamente buena educación, queda razonablemente ubicado dentro de las teorías históricas, científicas y matemáticas y hasta por otras alturas se llega a conocer la biblia de memoria, porque si no se cargaba ese mamotreto para la clase de religión, toma tu 0; clase que por cierto, más que enseñar las innumerables religiones del mundo o preocuparse por educar en el respeto de ideas, es una clase de ritos y tradiciones católicas, lejos de un estado laico y mejor uno aún con poder sobre la formación de los colombianos.
¿No nos preocupa acaso eso? O es que, por ser en su mayoría tradicionalmente formados en la fe católica, ignoramos sistemáticamente que hay más que esta concepción del mundo y su origen, algo que en los colegios con la insuficiente formación, se está reforzando y que para más encima, parece convertirse en un látigo opresor que reluga el comportamiento de los menores, atemorizados por la idea de un único dios disque omnipresente y omnipotente ¿Por qué someter a un infante a tal temor? Incluso deberíamos cuestionar la causal de un bautismo a tan temprana edad, cuando ni la consciencia se ha desarrollado.
¿Somos realmente libres o acaso inconscientemente nos hemos vistos incursos en una fe impuesta? Claro, que a mí nadie me apunta en la cien o algo parecido al oscuro pasado del catolicismo, pero es que condicionar a nuestros infantes colombianos a una única fe, como única verdad, parece obra de la histórica guillotina, que se hereda en tan hipócritas moralismos propios he de decir de una iglesia que muchas veces parece hacer morcillas al diablo.

