Con el retorno a clases de más de 150.000 estudiantes en todo el departamento de Nariño este 26 de enero, las administraciones municipales y departamentales, especialmente en Pasto, enfrentan uno de los desafíos más sensibles del sistema educativo: garantizar que el Plan de Alimentación Escolar (PAE) funcione con total transparencia y sin intereses políticos de por medio.
El reto para este 2026 no se limita únicamente a cumplir el calendario académico. La verdadera prueba está en romper de una vez por todas con la corrupción que históricamente ha rodeado al PAE, evitando que se convierta en un comodín para el pago de favores políticos. Los niños y niñas de Nariño merecen alimentos de calidad, oportunos y suficientes, no contratos amañados ni operadores improvisados.
Pero el desafío educativo va más allá de la alimentación escolar. La renovación de la planta docente es una necesidad urgente. Abrir espacios reales para que docentes jóvenes accedan a oportunidades laborales dignas, al tiempo que se garantiza un retiro justo y humano para los maestros y maestras que ya han cumplido su ciclo, es clave para fortalecer el sistema educativo regional.
Un modelo educativo eficiente solo es posible cuando el bienestar de los estudiantes no es negociable y cuando el relevo generacional en el magisterio deja de ser un discurso para convertirse en una política pública seria y responsable.
Es momento de trabajar berriondos, con compromiso y sin excusas. Señores mandatarios: el PAE no es una caja menor ni una herramienta política, es el alimento diario de miles de niños y niñas que confían en el Estado.




