Menos plástico, menos pesca fantasma: el desafío de reinventar los aparejos pesqueros

La transformación de los aparejos pesqueros busca frenar la contaminación marina y la pesca fantasma, pero el reemplazo total de las redes sintéticas todavía está lejos de ser una realidad

La lucha contra la contaminación por plásticos ha llegado a uno de los sectores más importantes de las economías costeras: la pesca. Redes, cuerdas, líneas y otros aparejos fabricados principalmente con materiales sintéticos como nailon, polipropileno y polietileno han permitido desarrollar equipos resistentes y duraderos, capaces de soportar las difíciles condiciones del océano. Sin embargo, esa misma durabilidad se ha convertido en un problema cuando estos materiales se pierden, se abandonan o llegan al final de su vida útil.

Islandia, uno de los países con mayor tradición pesquera del Atlántico Norte, se encuentra entre las naciones nórdicas que han desarrollado sistemas para recoger, clasificar y reciclar los aparejos usados. Paralelamente, investigadores y organismos especializados estudian el potencial de las redes de pesca biodegradables y otros materiales capaces de reducir la contaminación y el fenómeno conocido como pesca fantasma.

La situación, no obstante, requiere una precisión importante: no existe evidencia de que la industria pesquera islandesa haya sustituido de manera generalizada todas sus redes sintéticas por aparejos fabricados con fibras biodegradables. El cambio que actualmente está documentado se concentra principalmente en la economía circular, el reciclaje, la trazabilidad de los equipos y la investigación de alternativas menos contaminantes.

El problema de las redes que no desaparecen

Los materiales sintéticos revolucionaron la pesca durante el último siglo. Su resistencia, flexibilidad y durabilidad hicieron posible fabricar redes y cuerdas capaces de soportar grandes cargas y permanecer durante largos periodos en el mar.

Pero cuando una red se pierde, puede convertirse en un residuo persistente. Los aparejos abandonados, perdidos o descartados pueden continuar atrapando peces y otros animales durante un tiempo, un fenómeno conocido como pesca fantasma. Además, el deterioro progresivo de las redes puede generar fragmentos y contribuir a la presencia de plásticos y microplásticos en los ecosistemas marinos.

El informe nórdico The Circular Economy of Fishing Gear in Nordic Fisheries, publicado en 2025, advierte que los aparejos pesqueros están compuestos mayoritariamente por materiales sintéticos y que su pérdida o deterioro representa tanto un costo económico para los pescadores como una fuente de contaminación. El estudio también señala que los fragmentos de redes, cuerdas y líneas son especialmente difíciles de recuperar una vez se dispersan en el medio marino.

Islandia apuesta por la economía circular

En lugar de limitarse a desechar los aparejos que llegan al final de su vida útil, Islandia ha desarrollado un sistema de recolección y reciclaje para los equipos fabricados con materiales sintéticos.

La industria pesquera islandesa mantiene desde 2006 un esquema relacionado con la gestión de residuos de aparejos. Los equipos usados pueden ser entregados en estaciones y empresas especializadas, donde son limpiados, clasificados y preparados para su posterior reciclaje. Entre los puntos de recepción participan fabricantes y proveedores de equipos pesqueros que operan en diferentes zonas del país.

Los residuos recogidos en Islandia son enviados posteriormente a instalaciones de reciclaje fuera del país, incluyendo centros en Dinamarca y Lituania. El objetivo es evitar que grandes cantidades de redes y otros materiales sintéticos terminen en vertederos o, peor aún, regresen al medio marino.

Según la asociación empresarial de la industria pesquera islandesa, el sector ha logrado recoger y reciclar una proporción superior al objetivo del 80 % de los aparejos pesqueros obsoletos. Esta cifra refleja un avance importante en la gestión de residuos, aunque no significa que el plástico haya desaparecido de la actividad pesquera islandesa.

Una nueva hoja de ruta para reducir los residuos pesqueros

El debate sobre el futuro de las redes y aparejos tomó un nuevo impulso con la publicación, en abril de 2025, del informe The Circular Economy of Fishing Gear in Nordic Fisheries. El trabajo fue desarrollado en el marco de un proyecto nórdico liderado por el Instituto de Investigación Marina y de Agua Dulce de Islandia y analiza la situación de Islandia, Groenlandia, las Islas Feroe y Noruega.

El informe plantea que el problema debe abordarse durante todo el ciclo de vida de un aparejo: desde su fabricación y uso hasta su reparación, pérdida, recuperación y reciclaje final.

Entre las medidas propuestas se encuentran:

  • La identificación obligatoria de los aparejos y sus propietarios.
  • La creación de sistemas digitales para registrar los equipos desde su compra hasta su eliminación.
  • La mejora de los mecanismos para reportar redes y aparejos perdidos.
  • El desarrollo de programas de recuperación en zonas donde se acumula material abandonado.
  • La inversión en infraestructura de reciclaje.
  • El diseño de equipos más fáciles de desmontar y reciclar.
  • El impulso a la investigación sobre materiales menos contaminantes y opciones biodegradables.

La propuesta representa un cambio de enfoque: el objetivo ya no es únicamente recoger una red cuando deja de ser útil, sino evitar que se convierta en contaminación desde el momento en que es diseñada.

¿Pueden las redes biodegradables sustituir al nailon?

Las redes de pesca biodegradables aparecen como una de las alternativas más prometedoras, especialmente para reducir las consecuencias de la pérdida accidental de determinados aparejos.

La idea es desarrollar materiales que mantengan las propiedades necesarias para la actividad pesquera durante su periodo de uso, pero que puedan degradarse de manera más favorable una vez perdidos o abandonados en determinadas condiciones.

Las investigaciones científicas, sin embargo, muestran que todavía existen importantes desafíos técnicos y económicos.

Un estudio publicado en Marine Pollution Bulletin comparó redes de enmalle biodegradables con redes convencionales de nailon en la pesca de bacalao del Atlántico nororiental. Los investigadores encontraron que las redes biodegradables capturaron, en promedio, un 25 % menos de bacalao que las redes nuevas de nailon evaluadas en el estudio.

Otra investigación sobre el uso prolongado de estos materiales observó que las redes biodegradables perdían eficiencia de captura con el paso del tiempo. Los resultados muestran el principal dilema tecnológico: un material diseñado para degradarse más fácilmente puede no ofrecer la misma resistencia y durabilidad que uno sintético convencional.

Por ello, la transición no consiste simplemente en cambiar una red de plástico por otra fabricada con un nuevo material. Las alternativas deben demostrar que pueden cumplir con los requisitos de seguridad, resistencia, eficiencia y rentabilidad que exige una actividad industrial desarrollada en algunas de las condiciones marítimas más exigentes del planeta.

El desafío de la pesca fantasma

La investigación sobre nuevos materiales está directamente relacionada con la lucha contra la pesca fantasma. Cuando un aparejo se pierde en el mar, puede seguir funcionando durante un periodo de tiempo y continuar atrapando animales sin que exista un pescador para recuperarlos.

Una red biodegradable o un componente diseñado para degradarse de forma controlada podría reducir el tiempo durante el cual un aparejo perdido sigue siendo capaz de capturar fauna marina.

Sin embargo, los expertos advierten que la biodegradabilidad no debe entenderse como una solución mágica. El comportamiento de cada material depende de sus características y de las condiciones ambientales, y todavía es necesario determinar cómo combinar la degradación ambientalmente favorable con la resistencia necesaria para una operación pesquera segura y eficiente. La investigación actual apunta precisamente a encontrar ese equilibrio.

El verdadero camino de Islandia: menos residuos y mayor control

El caso islandés muestra que la reducción del plástico en la pesca no depende de una única innovación. La estrategia que actualmente está documentada combina diferentes herramientas: recolección, clasificación, reciclaje, responsabilidad del sector pesquero, mejoras en el diseño de los equipos e investigación sobre materiales alternativos.

El informe nórdico de 2025 reconoce que los países analizados han mejorado considerablemente la gestión de los aparejos al final de su vida útil, pero también advierte que persisten problemas relacionados con la pérdida de equipos, la falta de sistemas completos de trazabilidad y la dificultad para reciclar materiales compuestos por diferentes elementos.

En Islandia, los fabricantes y operadores ya participan en la recepción y gestión de equipos sintéticos usados, mientras que la nueva agenda nórdica propone avanzar hacia sistemas que permitan seguir el recorrido de un aparejo desde su compra hasta su reciclaje o eliminación final.

Una transición que todavía está en construcción

La posibilidad de utilizar materiales biodegradables representa una oportunidad importante para el futuro de la pesca, pero la tecnología aún se encuentra en una etapa de desarrollo y perfeccionamiento. Los estudios disponibles demuestran que estas alternativas pueden contribuir a reducir la contaminación plástica y los efectos de la pesca fantasma, aunque también evidencian problemas relacionados con su rendimiento y duración.

Por ahora, el principal avance documentado en Islandia no es una sustitución completa de las redes sintéticas, sino la construcción de un modelo más circular para gestionar los aparejos existentes y el impulso a nuevas soluciones que permitan reducir su impacto ambiental.

La transformación de la pesca probablemente no dependerá de abandonar de un día para otro todos los materiales sintéticos. El cambio apunta a una combinación de mejores sistemas de recuperación, reciclaje más eficiente, identificación de los equipos, reducción de pérdidas y desarrollo de redes de pesca biodegradables capaces de competir con el rendimiento de los materiales tradicionales.

El desafío es considerable, pero también lo es la necesidad de encontrar soluciones. En una industria que depende directamente de la salud de los océanos, reducir la cantidad de plástico que permanece durante décadas en el mar se ha convertido en una prioridad cada vez más importante. Islandia y el resto de los países nórdicos ya avanzan en esa dirección, aunque el reemplazo definitivo de los aparejos sintéticos sigue siendo, por ahora, una meta de investigación y desarrollo más que una realidad plenamente implantada.

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