El verano de 2026 ha vuelto a situar al calor extremo en el centro de la preocupación climática internacional. Nuevos datos divulgados por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) muestran que amplias zonas de Europa, especialmente en el oeste y el sur del continente, han experimentado temperaturas excepcionalmente elevadas, récords mensuales y condiciones que han favorecido sequías e incendios forestales.
Uno de los datos más relevantes es que junio de 2026 fue el junio más cálido jamás registrado en Europa occidental, según la información recopilada por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y difundida por la OMM. La temperatura media de la región alcanzó los 20,74 °C, es decir, 3,05 °C por encima del promedio del período 1991-2020, superando incluso el récord establecido apenas un año antes, en junio de 2025.
La situación se prolongó durante el verano. La OMM informó el 12 de agosto que julio de 2026 empató con julio de 2024 como el más cálido registrado a nivel mundial según los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Copernicus, por su parte, lo clasificó como el segundo julio más cálido de su registro. Además, las temperaturas de la superficie del mar alcanzaron niveles récord para ese mes, un factor que puede contribuir a intensificar determinados fenómenos meteorológicos.
Un verano marcado por récords y olas de calor
El episodio de junio fue especialmente significativo para Europa occidental. La OMM señaló que una intensa ola de calor afectó a buena parte de la región y provocó registros extremos tanto en tierra como en el mar.
En Barcelona, por ejemplo, el Observatorio Fabra —una de las estaciones meteorológicas históricas reconocidas por la OMM— registró 40,5 °C el 8 de julio, la temperatura más alta en más de un siglo de observaciones en ese punto. El calor extremo también coincidió con temperaturas excepcionalmente elevadas en el Mediterráneo occidental y en zonas del Atlántico europeo.
La importancia de estos registros no se limita a un solo día particularmente caluroso. Los organismos meteorológicos analizan también la duración, extensión e intensidad de las olas de calor. Cuando temperaturas muy superiores a los valores normales persisten durante varios días, sus consecuencias pueden extenderse desde la salud pública hasta la agricultura, el suministro de agua y los ecosistemas.
La OMM advirtió que la combinación de altas temperaturas y falta de precipitaciones dejó extensas áreas de Europa occidental con condiciones especialmente secas. Los suelos ya habían comenzado a perder humedad durante episodios de calor registrados en mayo, por lo que las temperaturas extremas de junio y julio agravaron el riesgo de sequía y facilitaron la propagación de incendios forestales.
Incendios y sequía: el otro impacto del calor extremo
El aumento de las temperaturas no representa únicamente un nuevo dato estadístico. Durante el verano de 2026, las condiciones de calor y sequedad contribuyeron a una mayor actividad de incendios, particularmente en la península ibérica y en Francia.
La OMM destacó que las altas temperaturas persistentes, junto con la escasez de humedad en los suelos y la vegetación, crearon un escenario favorable para que los incendios se desarrollaran y se propagaran con mayor facilidad.
Este patrón se suma a una tendencia que ya había sido observada en años anteriores. En su suplemento sobre los fenómenos climáticos extremos de 2025, la OMM documentó importantes olas de calor en España, Portugal, Italia y otras zonas del Mediterráneo.
En Portugal, por ejemplo, la localidad de Mora alcanzó 46,6 °C el 27 de junio de 2025, estableciendo un récord nacional para ese mes. En España, una ola de calor de 16 días registrada entre el 3 y el 18 de agosto presentó temperaturas 4,6 °C por encima de lo normal, siendo considerada por la OMM como más intensa que cualquier otro episodio comparable de esa duración.
Las condiciones secas y calurosas también tuvieron consecuencias sobre los incendios. Según los datos recogidos por la OMM, más de 670.000 hectáreas fueron afectadas por el fuego en España y Portugal durante 2025, una cifra cercana a cuatro veces el promedio registrado entre 2006 y 2024.
El Mediterráneo, una de las zonas más expuestas
Aunque los nuevos datos de 2026 han puesto especial atención sobre Europa occidental, el sur del continente continúa siendo una de las regiones más vulnerables al calor extremo.
España, Portugal, Italia, Grecia y otras zonas de la cuenca mediterránea enfrentan durante el verano una combinación especialmente delicada: altas temperaturas, períodos prolongados sin lluvias y una elevada exposición a incendios forestales.
La región ya cuenta con algunos de los registros de temperatura más extremos de Europa. La OMM confirmó oficialmente en 2024 que 48,8 °C registrados en Sicilia, Italia, el 11 de agosto de 2021, constituyen el récord de temperatura para Europa continental. La marca fue verificada por un grupo internacional de expertos y superó el anterior récord continental de 48 °C registrado en Grecia en 1977.
Estos antecedentes permiten dimensionar la importancia de los nuevos episodios de calor. Aunque no todas las olas de calor establecen un récord absoluto para el continente, la repetición de temperaturas extremas, los récords mensuales y la duración de los episodios son señales relevantes para los científicos que estudian la evolución del clima.
Un fenómeno que también afecta a la salud
Las consecuencias del calor extremo van mucho más allá de las molestias provocadas por las altas temperaturas. Las olas de calor representan un riesgo para la salud, especialmente para adultos mayores, niños, personas con enfermedades preexistentes y trabajadores expuestos durante largos períodos a temperaturas elevadas.
La OMM señaló que las olas de calor de 2026 han tenido impactos importantes y que los efectos sobre la salud asociados a las altas temperaturas suelen estar subregistrados. La organización insiste en la importancia de contar con sistemas de alerta temprana y con información meteorológica que permita a las autoridades y a la población anticiparse a los episodios extremos.
El calor prolongado también puede aumentar la demanda de energía por el uso de sistemas de refrigeración, afectar el transporte y reducir la productividad agrícola. Cuando coincide con una sequía, el problema se amplifica debido a la presión adicional sobre las reservas de agua.
¿Qué explica estas temperaturas?
Los episodios de calor extremo responden a una combinación de factores meteorológicos y climáticos. Sistemas persistentes de alta presión pueden favorecer cielos despejados y mantener masas de aire caliente sobre una misma región durante varios días.
Sin embargo, el contexto climático global también es fundamental. La OMM ha advertido que las temperaturas medias mundiales tienen una alta probabilidad de mantenerse en niveles récord o cercanos a récord durante los próximos años.
En su actualización publicada en mayo de 2026, la organización indicó que existe un 86 % de probabilidad de que al menos uno de los años entre 2026 y 2030 supere a 2024 como el año más cálido registrado. Además, estimó en un 91 % la probabilidad de que la temperatura media global anual supere temporalmente los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales durante al menos uno de esos años.
La OMM también había anticipado, antes del verano boreal, una mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en Europa y el norte de África durante el período junio-julio-agosto de 2026.
Más allá de un verano excepcional
Los datos conocidos hasta ahora muestran que el verano de 2026 no puede analizarse como un fenómeno aislado. Junio fue récord en Europa occidental, julio se situó entre los más cálidos registrados a nivel global y numerosas regiones han enfrentado simultáneamente calor extremo, sequía e incendios.
Para la OMM, la repetición de este tipo de fenómenos refuerza la necesidad de mejorar los sistemas de observación, las alertas tempranas y las estrategias de adaptación. La organización subraya que una información meteorológica confiable y oportuna puede ayudar a reducir las consecuencias humanas y económicas de los eventos extremos.
El sur de Europa, y especialmente la región mediterránea, continúa siendo uno de los principales escenarios de esta nueva realidad climática. Los récords de temperaturas estivales registrados en los últimos años, junto con los nuevos datos de 2026, evidencian una tendencia hacia veranos cada vez más exigentes, en los que el calor deja de ser únicamente una característica estacional para convertirse en un desafío creciente para la salud, los ecosistemas y la economía.
Con el verano aún como referencia para los análisis climáticos de este año, los organismos internacionales continuarán evaluando la magnitud definitiva de los registros. Lo que ya muestran los datos disponibles es que Europa vuelve a enfrentar temperaturas excepcionales dentro de una secuencia de años marcada por récords climáticos y fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos.




