La manera de deshacerse de la ropa que ya no se utiliza está cambiando en Italia. En distintas ciudades del país han comenzado a desarrollarse iniciativas que combinan recogida de residuos textiles, tecnología, reutilización e incentivos para los ciudadanos, con el objetivo de evitar que prendas todavía aprovechables terminen mezcladas con otros residuos.
Uno de los antecedentes más claros se encuentra en la zona de Bolonia, donde el proyecto AND Circular, impulsado por la Cooperativa Social La Fraternità junto con otros colaboradores, utilizó contenedores inteligentes para recoger prendas y accesorios de moda que los ciudadanos ya no utilizaban. En determinadas instalaciones, cada entrega podía generar beneficios o pequeñas recompensas proporcionadas por comercios y entidades vinculadas al proyecto.
Sin embargo, hay un matiz importante: no se trata simplemente de una única cadena de tiendas italiana que haya instalado recientemente contenedores y entregue un cupón por cada prenda. La realidad está formada por varios proyectos y modelos de recogida que han evolucionado durante los últimos años. Esta distinción es importante para entender correctamente cómo funciona el reciclaje textil en el país.
Una idea sencilla: convertir el reciclaje en una acción con recompensa
El principio detrás de los contenedores inteligentes es relativamente sencillo. En lugar de limitarse a colocar un recipiente para que las personas depositen ropa usada, el sistema busca hacer más atractivo el acto de reciclar.
El proyecto AND Circular, por ejemplo, instaló contenedores inteligentes en centros comerciales de Bolonia. De acuerdo con información publicada por IGD, desde octubre de 2021 se colocaron tres de estos contenedores en Centro Borgo, Centro Lame y CentroNova. Las prendas eran posteriormente recogidas por La Fraternità para ser clasificadas y dirigidas a diferentes procesos de reutilización o recuperación.
La iniciativa seguía una lógica sencilla: cuanto más se entrega para su recuperación, mayor es el valor que puede generarse alrededor del residuo.
En el marco del proyecto, los usuarios podían recibir pequeñas gratificaciones proporcionadas por comercios de las galerías o por entidades de economía social relacionadas con la iniciativa. Posteriormente, en 2024, la propuesta también contemplaba que los contenedores inteligentes instalados en el Instituto Mattei y en el centro comercial Centronova entregaran cupones de descuento utilizables en establecimientos adheridos de San Lazzaro.
De esta manera, el residuo deja de ser visto exclusivamente como algo que hay que eliminar y comienza a considerarse un recurso que puede incorporarse nuevamente a la economía.
¿Qué ocurre con la ropa después de depositarla?
El objetivo no es simplemente almacenar las prendas. Una vez recogidos los textiles, comienza un proceso de clasificación y selección.
Las prendas que todavía pueden utilizarse pueden ser destinadas a la reutilización. Aquellas que presentan daños o que ya no pueden utilizarse de la misma manera pueden entrar en procesos de recuperación de materiales, dependiendo de sus características y de las posibilidades disponibles.
En el caso de AND Circular, La Fraternità se encargaba de la recogida y posterior selección de los artículos. La organización también gestionaba puntos de venta relacionados con el proyecto, creando un vínculo entre la recuperación de ropa, la economía social y la posibilidad de volver a introducir determinados productos en el mercado.
Esto es especialmente importante porque reciclar un textil no significa necesariamente convertirlo inmediatamente en una nueva camiseta. La gestión puede incluir reutilización, clasificación, reparación, transformación y diferentes formas de recuperación, dependiendo del estado y composición de cada pieza.
Los contenedores inteligentes aportan algo más que un lugar donde dejar la ropa
El concepto de «inteligente» puede resultar llamativo, pero su importancia está relacionada con la manera en que se gestiona la recogida.
Los nuevos sistemas de recogida textil que se han instalado en diferentes zonas de Italia incorporan tecnologías destinadas a mejorar el control y la gestión de los contenedores. Por ejemplo, en la provincia de Lecco se han instalado contenedores dotados de GPS y sensores de nivel, además de sistemas destinados a detectar manipulaciones o posibles incendios.
Estas tecnologías permiten conocer mejor el estado de los recipientes y organizar las operaciones de recogida de una manera más eficiente.
En consecuencia, la digitalización no solamente puede utilizarse para entregar recompensas al ciudadano. También puede servir para mejorar la logística, reducir desplazamientos innecesarios y aumentar la trazabilidad de los residuos.
Italia se prepara para una nueva etapa en la gestión de los residuos textiles
El interés por estas iniciativas no aparece por casualidad. El sector de la moda genera enormes cantidades de residuos y Europa está avanzando hacia sistemas en los que los fabricantes tengan una mayor responsabilidad sobre lo que ocurre con sus productos una vez que dejan de utilizarse.
En Italia, 2026 está siendo especialmente relevante por la introducción del sistema de Responsabilidad Ampliada del Productor (EPR) para el sector textil.
La idea de la EPR es que la responsabilidad de gestionar determinados productos no termine cuando estos salen de la tienda. Los productores pasan a tener responsabilidades relacionadas con la etapa posterior al consumo, incluyendo mecanismos destinados a financiar y organizar la recogida y recuperación de los productos.
Este cambio está impulsando nuevos modelos de recogida directamente en los establecimientos.
Los propios comercios comienzan a convertirse en puntos de recogida
Una de las tendencias más recientes se observa en ciudades como Milán.
En julio de 2026, el Ayuntamiento de Milán, AMSA y el consorcio Retex.Green pusieron en marcha Retex Re.Store, un servicio destinado a recoger productos textiles posconsumo directamente en puntos de venta.
La iniciativa incluye ropa, productos textiles, calzado y accesorios, y busca convertir las tiendas en puntos activos dentro de la cadena de recuperación y trazabilidad de los productos.
Esto supone un cambio interesante: el establecimiento deja de ser únicamente el lugar donde se compra ropa y puede convertirse también en el lugar donde el consumidor devuelve productos que ya no utiliza.
El modelo pretende facilitar el acceso a la recogida y, al mismo tiempo, mejorar el seguimiento de los materiales a lo largo de la cadena circular.
Nápoles y Turín también experimentan con la recogida en tiendas
Milán no es el único territorio italiano que está experimentando con nuevos modelos.
El proyecto Raccogli-AMO, impulsado por Erion Textiles, comenzó en Nápoles en mayo de 2026 y posteriormente se extendió a Turín. Su objetivo es facilitar que los consumidores puedan entregar gratuitamente ropa que ya no utilizan, incluidos artículos dañados o que han llegado al final de su vida útil.
En Turín, el proyecto llegó a 11 establecimientos de diferentes marcas durante julio de 2026, en colaboración con Amiat Gruppo Iren y Humana People to People Italia.
Estos proyectos muestran que Italia está probando diferentes fórmulas para acercar la recogida de textiles al consumidor.
Y aquí vuelve a ser importante distinguir los modelos: la recogida en tiendas y los contenedores inteligentes con recompensas no son necesariamente el mismo programa. Son iniciativas distintas que forman parte de una tendencia más amplia hacia la economía circular de la moda.
¿Por qué es necesario mejorar el reciclaje de ropa?
La ropa puede parecer un residuo menos problemático que otros materiales, pero su gestión representa un desafío considerable.
Las prendas están compuestas por diferentes fibras y materiales, y su recuperación puede complicarse cuando se mezclan tejidos, componentes sintéticos, botones, cremalleras u otros elementos.
Además, la velocidad con la que se producen y consumen prendas ha aumentado considerablemente. Esto genera un flujo constante de ropa que deja de utilizarse incluso cuando algunos artículos todavía podrían tener una segunda vida.
El proyecto Raccogli-AMO destaca precisamente la magnitud del problema: según los datos citados por la Repubblica, en Europa se generan aproximadamente 7 millones de toneladas de residuos textiles al año, equivalentes a unos 16 kilogramos por habitante, mientras que alrededor del 28 % se recoge de manera diferenciada.
Estos datos ayudan a explicar por qué los sistemas de recogida están intentando ir más allá del modelo tradicional.
La recompensa busca cambiar el comportamiento del consumidor
Uno de los elementos más interesantes de los contenedores inteligentes es el componente de incentivo.
La lógica es similar a la utilizada en otros sistemas de reciclaje: si una persona obtiene un beneficio por realizar correctamente una acción ambiental, puede aumentar su disposición a participar.
En el caso de AND Circular, los incentivos podían estar vinculados a establecimientos comerciales o a organizaciones sociales. En la propuesta desarrollada alrededor de los contenedores inteligentes de Bolonia, los usuarios podían recibir beneficios después de realizar sus entregas.
Esto genera un modelo en el que pueden beneficiarse diferentes actores:
- El ciudadano, porque recibe una recompensa o beneficio.
- Los comercios, porque pueden atraer consumidores mediante promociones.
- Las organizaciones sociales, porque participan en actividades de reutilización y recuperación.
- Las administraciones, porque se facilita la gestión de los residuos.
- El medio ambiente, porque aumenta la posibilidad de que los textiles sean reutilizados o recuperados.
La economía circular como objetivo
Todas estas iniciativas tienen un elemento común: intentan alejarse del modelo tradicional de comprar, utilizar y desechar.
En una economía circular, el objetivo es mantener los productos y materiales en uso durante el mayor tiempo posible. Una camiseta puede tener una segunda vida como prenda, otra función después de ser transformada o, cuando ya no sea reutilizable, convertirse en materia prima para otros procesos.
La ropa depositada en un contenedor, por tanto, no debería considerarse automáticamente basura.
El verdadero desafío consiste en crear una infraestructura que permita recogerla, clasificarla y aprovecharla correctamente.
El desafío: evitar que reciclar se convierta solamente en una campaña de marketing
Aunque los incentivos pueden ayudar a aumentar la participación, estos sistemas también tienen retos.
Uno de ellos es garantizar que las prendas realmente lleguen a procesos de reutilización o recuperación adecuados. También es importante que exista transparencia sobre qué ocurre con los textiles después de ser depositados.
Otro desafío es evitar que el reciclaje sea utilizado únicamente como argumento publicitario mientras se mantiene un modelo de consumo excesivo.
Por eso, los nuevos sistemas de recogida deben ir acompañados de información clara, trazabilidad y una infraestructura capaz de gestionar los materiales recuperados.
La tecnología puede ayudar, pero por sí sola no soluciona el problema.
Italia avanza hacia un modelo más conectado
La evolución de estas iniciativas demuestra que la gestión de los residuos textiles está dejando de ser una actividad aislada.
Los contenedores inteligentes de Bolonia, los sistemas tecnológicos de recogida instalados en otras ciudades y los proyectos que llevan la recogida directamente a las tiendas forman parte de una transformación más amplia.
En Milán, por ejemplo, Retex Re.Store pretende integrar el comercio minorista dentro de una cadena textil trazable, mientras que Raccogli-AMO experimenta con nuevos métodos para facilitar la entrega de prendas en establecimientos comerciales.
El resultado podría ser un sistema en el que comprar, utilizar, devolver y recuperar una prenda estén cada vez más conectados.
Dejar una camiseta puede ser el primer paso
La propuesta de los contenedores inteligentes parte de una acción cotidiana: deshacerse de una prenda que ya no se utiliza.
La diferencia está en qué sucede después.
En lugar de que esa camiseta termine mezclada con otros residuos, puede entrar en una cadena de clasificación, reutilización y recuperación. Y si además el sistema ofrece un pequeño incentivo, la persona tiene una razón adicional para realizar correctamente la entrega.
Italia está experimentando con distintas formas de conseguirlo. Algunas iniciativas utilizan recompensas, otras se concentran en la recogida directamente en tiendas y otras incorporan sensores y sistemas de trazabilidad para mejorar la gestión.
Más que una única solución, se trata de un conjunto de experiencias que están ayudando a construir un nuevo modelo de reciclaje textil.
La apuesta de fondo es clara: conseguir que una prenda que ha llegado al final de su uso para una persona no tenga necesariamente que llegar al final de su vida útil.



