El excomandante de las fuerzas serbobosnias falleció este 27 de agosto de 2026 mientras permanecía hospitalizado en La Haya bajo custodia de Naciones Unidas. Tenía 84 años, según la fecha de nacimiento registrada públicamente, aunque algunos primeros reportes difundieron erróneamente que tenía 83. El Tribunal Residual de la ONU ordenó una investigación sobre las circunstancias de su muerte.
Ratko Mladić, uno de los principales responsables de las atrocidades cometidas durante la guerra de Bosnia en la década de 1990, murió este jueves 27 de agosto de 2026 en La Haya, Países Bajos, mientras cumplía una condena de cadena perpetua por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.
La muerte fue confirmada oficialmente por el Mecanismo Internacional Residual para los Tribunales Penales (MICT), organismo de Naciones Unidas encargado de continuar determinadas funciones de los tribunales internacionales para la antigua Yugoslavia y Ruanda. Según el comunicado, Mladić falleció mientras estaba hospitalizado en La Haya.
Su muerte pone fin a la vida de uno de los personajes más controvertidos y condenados de las guerras yugoslavas. Como comandante militar de las fuerzas serbobosnias, Mladić fue considerado responsable de algunos de los episodios más graves ocurridos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, entre ellos la masacre de Srebrenica y el prolongado asedio contra Sarajevo.
Murió bajo custodia de Naciones Unidas
El Mecanismo Internacional Residual para los Tribunales Penales informó que Ratko Mladić murió mientras se encontraba hospitalizado en La Haya. El oficial médico de la Unidad de Detención de Naciones Unidas fue notificado inmediatamente y las autoridades neerlandesas iniciaron los procedimientos previstos por la legislación nacional.
Además, la presidenta del Mecanismo, la jueza Graciela Gatti Santana, ordenó una investigación completa sobre las circunstancias del fallecimiento y designó al juez Iain Bonomy para dirigirla. La investigación busca establecer formalmente las condiciones y los hechos relacionados con la muerte del exgeneral mientras permanecía bajo custodia internacional.
En los últimos años, la defensa de Mladić había solicitado su liberación anticipada por razones humanitarias y debido al deterioro de su estado de salud. Sin embargo, una de esas solicitudes fue rechazada en mayo de 2026. La decisión consideró que la atención médica que recibía era adecuada y que no existían circunstancias humanitarias que justificaran su excarcelación.
Aunque algunas de las primeras informaciones sobre su fallecimiento indicaron que tenía 83 años, otros reportes y medios internacionales lo situaron en los 84 años. La discrepancia se explica por la rapidez con la que se difundió la noticia, pero la información debe tratarse con cautela para evitar consolidar un dato incorrecto sobre su edad.
El comandante detrás de la masacre de Srebrenica
Ratko Mladić fue comandante del Ejército de la República Srpska, las fuerzas serbobosnias durante la guerra de Bosnia, desarrollada entre 1992 y 1995 tras la desintegración de Yugoslavia.
Su nombre quedó especialmente asociado con la masacre de Srebrenica, ocurrida en julio de 1995. Las fuerzas bajo su mando tomaron la zona, que había sido declarada área protegida por Naciones Unidas, y posteriormente miles de hombres y adolescentes musulmanes bosnios fueron separados de mujeres y niños y asesinados.
Los tribunales internacionales establecieron que más de 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes fueron asesinados en la operación, considerada el peor crimen masivo cometido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. La justicia internacional determinó que los hechos de Srebrenica constituyeron genocidio.
La responsabilidad de Mladić no se limitó a ese episodio. También fue condenado por su papel en una campaña de persecución, expulsiones y violencia contra poblaciones no serbias durante la guerra de Bosnia.
El asedio de Sarajevo y una guerra que dejó profundas heridas
Otro de los principales cargos contra Mladić estuvo relacionado con el asedio de Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina.
Durante casi cuatro años, la ciudad fue sometida al fuego de artillería y francotiradores de las fuerzas serbobosnias. Miles de civiles murieron durante el sitio, que se convirtió en uno de los símbolos más dramáticos de la guerra y de la desintegración violenta de Yugoslavia.
La fiscalía y los tribunales internacionales sostuvieron que la población civil fue sometida deliberadamente a una campaña de terror. Los habitantes de Sarajevo vivieron durante años bajo bombardeos, ataques de francotiradores y graves dificultades para acceder a alimentos, agua, electricidad y otros servicios básicos.
La guerra de Bosnia, enmarcada dentro de los conflictos que acompañaron la desaparición de la antigua Yugoslavia, dejó decenas de miles de muertos y provocó el desplazamiento de millones de personas. Las consecuencias políticas, étnicas y sociales del conflicto continúan presentes en los Balcanes décadas después.
De fugitivo a uno de los principales condenados por los tribunales internacionales
Después de la guerra, Mladić permaneció prófugo durante años. Fue buscado por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, que lo acusaba de algunos de los crímenes más graves investigados por la justicia internacional.
Finalmente, fue detenido en Serbia el 26 de mayo de 2011 y posteriormente trasladado a La Haya para enfrentar el proceso judicial.
Su juicio se convirtió en uno de los procesos más importantes relacionados con las guerras yugoslavas. El 22 de noviembre de 2017, una sala del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia lo declaró culpable de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra y lo condenó a cadena perpetua.
Entre los crímenes por los que fue condenado figuraban el genocidio de Srebrenica, la persecución de poblaciones no serbias, actos de exterminio, asesinato, deportación, desplazamiento forzado y otros delitos cometidos durante el conflicto.
Mladić apeló tanto la condena como la sentencia. Sin embargo, el 8 de junio de 2021, la Cámara de Apelaciones confirmó sus condenas y mantuvo la cadena perpetua, cerrando definitivamente su proceso judicial.
Una figura que siguió generando división en los Balcanes
A pesar de las sentencias dictadas por la justicia internacional, la figura de Mladić continuó siendo motivo de profundas divisiones en la región.
Para los supervivientes de Srebrenica, Sarajevo y otras comunidades afectadas por la guerra, su nombre representa algunos de los capítulos más traumáticos de la historia reciente de Bosnia y Herzegovina. Organizaciones de derechos humanos han insistido durante años en la importancia de preservar la memoria de las víctimas y combatir la negación de los crímenes cometidos.
Al mismo tiempo, Mladić mantuvo simpatizantes entre determinados sectores nacionalistas serbios, donde las interpretaciones sobre la guerra y la responsabilidad de los dirigentes militares siguen siendo objeto de confrontación política y social.
Esa polarización demuestra que, aunque los procesos judiciales contra algunos de los principales responsables de las guerras yugoslavas concluyeron hace años, la reconciliación y la construcción de una memoria común continúan siendo desafíos abiertos en la región.
Su muerte cierra un capítulo judicial, pero no el debate sobre la memoria
La muerte de Ratko Mladić supone el final de la trayectoria de uno de los últimos grandes protagonistas de los juicios internacionales relacionados con la guerra de Bosnia. Su condena a cadena perpetua había sido presentada como uno de los hitos de la justicia penal internacional, especialmente por el reconocimiento judicial del genocidio cometido en Srebrenica.
Sin embargo, su fallecimiento no pone fin a las consecuencias de aquellos crímenes.
Para miles de familiares de víctimas, supervivientes y comunidades afectadas, el recuerdo de la guerra continúa ligado a personas desaparecidas, fosas comunes, desplazamientos y a la lucha contra la negación de los crímenes.
La investigación ordenada por el Mecanismo Internacional Residual establecerá oficialmente las circunstancias de su muerte. Mientras tanto, el hecho vuelve a colocar en el centro de la atención internacional uno de los capítulos más sangrientos de la Europa contemporánea y el legado de una guerra cuyas heridas siguen abiertas más de tres décadas después.



