Por: Jhorman Montezuma
La calle 17, eje comercial clave de Pasto, se ha convertido en escenario de una silenciosa pero tensa disputa por el control del espacio público. Lo que hace algunos años era un corredor vital para el comercio formal, hoy parece haber sido tomado por mafias del espacio público que, bajo la excusa de la informalidad y la necesidad, controlan quién se ubica, quién paga y quién desaparece.
Y no es un secreto. Comerciantes formales lo denuncian a diario: extorsión disfrazada de “derecho a ocupar”, uso violento del espacio y amenazas para quienes se atrevan a contrariar el “orden” impuesto por quienes se han apoderado de los andenes. Muchos de estos actores no representan al verdadero vendedor informal que lucha por el sustento, sino estructuras organizadas que lucran de la necesidad ajena y desafían abiertamente al Estado.
Frente a esto, surge la gran pregunta: ¿está el alcalde tomando cartas en el asunto o ha sido rebasado por estas mafias? Esta semana se evidenció un operativo de recuperación del espacio público, liderado por la Alcaldía de Pasto y respaldado por la Policía Metropolitana. Las imágenes muestran enfrentamientos, decomisos y desalojos. Algunos aplauden la acción; otros la critican por su aparente improvisación y falta de alternativas para los verdaderos trabajadores informales.
El problema es estructural. No se soluciona con operativos esporádicos ni con violencia institucional. Tampoco con permisividad disfrazada de sensibilidad social. Si no se plantea una política integral que incluya censos reales, reubicación con dignidad, vigilancia permanente y acciones legales contra quienes manejan estas redes mafiosas, la Calle 17 seguirá siendo tierra de nadie.
El alcalde tiene ante sí una oportunidad de oro para demostrar liderazgo. No puede permitir que en pleno centro de la ciudad haya un poder paralelo que imponga su ley. Recuperar el espacio público no es solo despejar una calle: es recuperar la autoridad, la confianza ciudadana y la seguridad urbana.
La ciudad necesita orden, pero también humanidad. Necesita una administración que actúe con firmeza, pero también con inteligencia social. Si se cede ante la ilegalidad, lo que se pierde no es solo una calle: es el principio de que Pasto es una ciudad de leyes, no de mafias.

