Ricardo SArasty
“Somos libres porque lo somos no porque un individuo consiente el que lo seamos mientras a él le agrade” Juan Montalvo
Solo se puede llamar caprichosa ignorancia la actitud de no reconocer la importancia que alcanzó a tener en el contexto mundial el sueño de Bolívar, el de ver la américa hispana liberada por su ejército unida en una sola gran república, la que se alcanzó a llamar la Gran Colombia en el llamado congreso de Angostura, aunque en esos días el territorio ecuatoriano aun estuviera bajo el dominio español y solo Venezuela con la entonces Nueva Granada constituyeran en lo concreto esa gran nacionalidad. Santander se encargó, bajo su tutela, de que la gran nación contara con una estructura legal fuerte por lo que se le reconoce como el mismo Bolívar le llamó “el hombre de las leyes “, gracias a su trabajo la Gran Colombia comenzó a ser vista por los otros Estados con el respeto y el valor que ameritaba a medida que crecía cada vez que el libertador al frente del ejercito insurgente acompañado de verdaderos patriotas como Sucre ampliaba los linderos de la libertad consolidando el proyecto de la gran república. Tanto así que su liderazgo político militar en el concierto de los otros países americanos fue altamente valorado, tal como lo corrobora el reconocimiento que le hace como nación soberana el gobierno de Los Estados Unidos De Norte América y casi al unísono la corona inglesa.
Por lo que nada podía dar señales hasta entonces de que el proyecto de esa gran nación fuera a resquebrajarse, pues si hasta en lo económico comenzaba a dar satisfacciones en tanto que el comercio mundial encontraba aquí grandes oportunidades para crecer y ser sostenible. Aunque el manejo interno de lo producido por las exportaciones e importaciones y de los recursos adquiridos por los créditos para financiar la consolidación de la independencia de estos territorios se convirtiera en motivo del descontento en el pueblo. La disolución de esta que pudo ser la gran nación del Sur tuvo como marco la que pudo ser la primera crisis económica sufrida por los territorios libres, la que igual a siempre acontece con el trasfondo de la corrupción. En cuanto se advertía que muchos de los recursos que debían llegar a las arcas del Estado no terminaban ahí y lo poco obtenido tampoco era utilizado para solventar las necesidades ahí donde más se requerían. Este mal manejo de los recursos, en manos de quizá algunos antepasados de los que nos han gobernado desde entonces, generó el descontento de los ciudadanos tanto en Venezuela como en el Perú y luego en el Ecuador.
Un descontento bien utilizado por oportunistas adversos al libertador de un lado y por el otro a Santander y a Sucre, personajillos que igual a los oportunistas de hoy aprovecharon el momento para crear y fortalecer liderazgos en sus regiones para después imponerlos como decisiones soberanas. Los primeros en separarse de la Gran Colombia fueron los rebeldes del Perú, más después les siguieron en Venezuela y una vez asegurada la soberanía de su territorio ante el Perú se desprendió Ecuador. La historia da cuenta de cómo la escisión no sucedió con tranquilidad, bien se puede decir que causó dolor, más que debido a los enfrentamientos violentos, lo causó la separación obligada de una sola gran familia, como debe verse el hecho de que tanto hacia el norte como al sur los habitantes de este gran territorio conforman una sola gran cultura y por sus venas corre la misma sangre, que los ha unido, pese al deliro de orates megalómanos descendientes de filibusteros convertidos en tiranos que, contrarios a Bolívar, Santander y Sucre, solo piensan en saquear la tierra que nos sostiene. ricardosarasty32@hotmail.com




