En un mundo donde la rapidez y la industrialización han transformado la panadería, hay quienes insisten en rescatar lo artesanal.
Luciana Calle, graduada del SENA en 2010, Luciana encontró su pasión por la panadería con su proyecto de grado: el bizcochuelo del papá. Su interés por la cocina tradicional la llevó a especializarse y, en 2019, decidió emprender desde casa. Con la pandemia en 2020, su negocio encontró un impulso inesperado, ya que muchas panaderías tradicionales no ofrecían servicio a domicilio.
Hoy, Querida es un taller de innovación donde el pan integral, el pan de semillas y otros productos especiales son protagonistas. Luciana desafía la tendencia de las premezclas y apuesta por el sabor auténtico y la textura real de la panadería hecha con dedicación. Además, su trabajo con comunidades cacaoteras y su enfoque en el empoderamiento femenino refuerzan su compromiso con la sostenibilidad y la identidad gastronómica regional.
Con planes de expansión, incluyendo chocolatería y nuevas opciones sin gluten y sin azúcar, Querida sigue creciendo. Para Luciana, la panadería artesanal no solo alimenta el cuerpo, sino que también conecta con la historia, la cultura y el amor por lo bien hecho.

