Por: Luis Eduardo Solarte Pastás
En un espacio y una época como los nuestros, en que se cruzan los caminos y se siente desconcertado el pobre caminante por falta de visión y decisión, necesitamos conciencia esclarecedora para comprender y entender los hechos que se presentan en el diario transcurrir de los colombianos y que de una u otra manera inciden en su forma de vida.
Los hechos no pueden seguir discurriendo por cauces obscuros, sobre los cuales el pensamiento político no este arrojando permanentemente su luz profundamente reveladora. El análisis, la reflexión, el cotejo permanente entorno a esos hechos son absolutamente indispensables.
Nuestro país se ha políticamente culturizado en grado sumo y loable. Pero la cultura política de la calle reclama teoría política, clase dirigente con teoría política y que no se siga renegando de las ideologías. Cuando las crisis estallan, la gente del común se politiza, pide políticas, ideas políticas, negándose a resignarse al lenguaje de los tecnócratas de la administración.
Si tenemos en cuenta que la democracia es un proceso continuo de cambio y renovación, mal haríamos en fincar los ideales, esperanzas y propósitos de búsqueda de una auténtica y real justicia social con equidad, en aquellas personas que ayer bajo el camuflaje de ser dirigentes y orientadores de los factores políticos, económicos y sociales a nivel nacional, departamental y municipal, sólo hicieron un aporte mínimo para forjar el desarrollo y el progreso en bien de toda una población, dedicándose, por el contrario, a sembrar con sus acciones de falsos profetas, clientelismo, corrupción y un sin número de ilusorias promesas que jamás se han llegado a cumplir.
La ausencia y la falta de una verdadera teoría política orientada a determinar qué es lo que se quiere para este país resquebrajado, es lo que se ha puesto en evidencia en los dirigentes de los diferentes partidos y movimientos políticos que integran el denominado Pacto Histórico en Nariño para hacer de esta colectividad una auténtica opción de poder con el respaldo de quienes hoy se proclaman ser sus militantes y defensores más acérrimos por haber trabajado en la elección del hoy presidente Gustavo Petro.
El hecho de que la consulta interna que se había programado en un principio se fuera al traste por la no existencia de candidatos, prácticamente deja mal parado al Pacto Histórico porque se habla mucho de cambio y participación ciudadana; sin embargo, con cierto sectarismo e intransigencia política se cierran las puertas a un proceso democrático de apertura para escoger una buen candidato que represente a todas las bases.
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Es cierto que todas las elecciones no son las mismas; pues, cada una tiene sus características y su propia dinámica. Y esto, por ejemplo, se ve reflejado en los últimos años cuando en Nariño se vota mayoritariamente por un candidato alternativo o de izquierda a la presidencia de la República; pero cuando se trata de elecciones al congreso o regionales el panorama político cambia, en razón a que las maquinarias electorales se encargan de elegir casi siempre a los mismos, salvo muy pocas excepciones.
Por lo tanto, qué irá a pasar con el Pacto Histórico en esta sección del país, es la pregunta que hoy en día muchos se hacen, por cuanto su futuro es incierto.

