¡Qué orgullo el Valle del Cauca y sus habitantes!

¡Mi pasión es Colombia! Por sus raíces, gente y posibilidades, he bautizado, hace ya varios años esta columna semanal, “Con olor a región”, para expresar cómo el espíritu alegre, sano y constructivo de nuestra patria, al que he llamado Colombianitud, debe inspirarnos a seguir sembrando.

Con esta entrega y por varias semanas, quiero hacer un homenaje a nuestros compatriotas de cada zona, para mostrar cómo la verdadera patria se construye desde las particularidades regionales.

Aleatoriamente, hoy comienzo con el Valle del Cauca, su capital Cali y sus más de 40 municipios.

Si me pidieran describir en tres palabras lo que más caracteriza al Valle del Cauca y a sus habitantes, diría: Dulce, Salsa y Alegría.

Por su altitud y geografía, el Valle del Cauca se llama así porque gran parte de su territorio está bañado por el río Cauca y porque es una enorme planicie en medio de las cordilleras Occidental y Central, y tiene una salida al Océano Pacífico, en Buenaventura. A esa tierra, que en el horizonte se confunde con el cielo, llegó Sebastián de Belalcázar, un 25 de julio de 1536, hace 490 años, Día del apóstol Santiago, y por eso su capital se llama Santiago de Cali.

Su fertilidad le permite disfrutar una enorme variedad y calidad de cultivos, gracias a su cercanía a la Línea Ecuatorial, lo que le suministra el agua lluvia necesaria para los cultivos de caña de azúcar. De allí que sea líder en la producción de azúcar (el 80% de toda la cultivada en Colombia), la principal actividad empleadora de campesinos (un 65%) y, por ende, muy atractiva por la producción de derivados como el bioetanol (alcohol carburante), la bioenergía (electricidad y vapor), los alcoholes industriales, papeles y cartón, y la industria de los dulces, como manjar blanco y cortado de leche, las gelatinas de pata, el cholado y el dulce de desamargado, entre otros, que hacen parte de una diversidad gastronómica, aumentada por el pandebono, las empanadas de pipián y el sancocho valluno, entre otros.

Trato de comprender que, posiblemente, como producto de la energía del azúcar y su animosidad, Cali ha sido identificada como la Capital Mundial de la Salsa, pese a que dicho ritmo es originario de Cuba y Nueva York. Como decimos popularmente, caleño que se respete, gusta de este rápido y enérgico ritmo, impulsado por comunidades populares y poblaciones afrocolombianas migrantes del litoral pacífico (Buenaventura, Chocó, Tumaco). La última semana de cada año el Valle y su capital Cali, se “paralizan” por la Feria de Cali, cinco días de fiesta, rumba, espectáculos callejeros, cabalgatas y bailaderos, especialmente en los “Salsódromos”, que permiten pasar de la alegría del fútbol del América y el Deportivo Cali, al ruido de los tablados populares.

Ese ambiente, que todo el país entona al ritmo salsero de “Cali Pachanguero”, del Grupo Niche, un himno a esa región, irradia también los aportes de talentos como Andrés Caicedo, Leonor González Mina (La negra grande de Colombia), Carlos Mayolo y Benigno “el Mono” Núñez.

Y el debido reconocimiento deben tener los cuatro presidentes de la República (Manuel María Mallarino, Eliseo Payán, Manuel Antonio Sanclemente y Jorge Holguín Mallarino) y un vicepresidente (Angelino Garzón), nacidos allí.

Todos ellos han enseñado resiliencia para superar momentos muy difíciles. Hoy, lamentablemente, el Valle afronta un complicado conflicto entre minorías criminales que intentan intimidar a una población ajena al conflicto de tierras, de narcotráfico, de minería ilegal y de contrabando, entre otros. Pero pese a esa daga, los casi cinco millones de vallunos se mantienen gracias a su laboriosidad y optimismo, permitiendo que se una de las regiones más activas del país, con empresas de prestigio mundial como la Fundación Valle de Lili, Tecnoquímicas, Mac Pollo, Riopaila Castilla y Gases de Occidente.

Aunque las noticias a veces se enrojecen con la sangre de bombas, ataques armados y protestas callejeras, el Valle tiene, para algunos, un poderoso escudo de fe: El Señor de los Milagros, de Buga, y como región aporta a nuestra Colombianitud la capacidad de resistir y de ser positivos; de seguir madrugando a trabajar y de ver que tanto en el sol como en la luna, cada momento hay que vivirlo con intensidad y optimismo.

Jaime Leal Afanador

Rector UNAD

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