El pasado viernes 20 de mayo de 2022 la Conferencia Episcopal de Colombia emitió una carta a todos los fieles católicos de nuestro país exhortándolos a votar en los próximos comicios que se desarrollaran este domingo 26 de mayo, la misiva firmada por monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y presidente de la CEC; Omar Alberto Sánchez Cubillos, arzobispo de Popayán y vicepresidente de la CEC, y Luis Manuel Alí Herrera, obispo auxiliar de Bogotá y secretario general de la CEC expresaba que “la participación en la vida política es un deber moral como ciudadanos de este país”.
A medida que el mensaje se desarrolla, no pude pasar desapercibida una frase que, “sin decir mucho, lo dice todo”, como dirían nuestros abuelos. En la carta, los prelados preguntan ¿en qué Colombia queremos vivir mañana?, no podemos caer en la inocente visión que esta es una frase sin una lectura más profunda, es evidente que el objetivo central es atacar una postura política en particular.
Sin importar quien se elegido durante las próximas elecciones, tendrá que vérselas con una inflación monumental, con la carestía en los productos de la canasta familiar, con una dinámica internacional fluctuante, y con seguridad, como ya lo han mencionado los conocedores del tema, una hambruna producto de los altos costos que tendrán los abonos en los próximos años, pero de allí a que se incite, no de manera directa, pero si soterradamente a no apoyar una corriente ideológica por lo “que puede ser” y no mirar lo que se está viviendo, deja mucho que desear de quienes ostentan cargos en las altas esferas eclesiales.
Desde mi punto de vista, la frase debe completarse así: “Miremos el país en el cual vivimos hoy y después de esta reflexión pensemos en que Colombia queremos vivir mañana”, porque las medias verdades, son mentiras, ocultar las cosas, es deslealtad, desviar la mirada del dolor, es ser inhumano. No podemos depositar nuestro voto en las urnas sin ver el contexto en el que nos encontramos, sin ver la injusticia que se vive a diario, sin analizar las respuestas dadas por quienes han ostentado el poder por generaciones a las necesidades del pueblo.
Jesús cuando tuvo que decir “raza de víboras”, “sepulcros blanqueados”, “zorros” “serpientes” y “ladrones” a quienes ostentaban el poder y oprimían al pueblo, nunca lo hizo con mensajes encriptados, lo hizo de frente, cuando saco a los mercaderes del Templo, no mando a Pedro, Santiago o a Juan a hacerlo, el mismo hizo el azote con los cordeles y arrojo las mercancías al suelo sin intervención de nadie. Los que somos bautizados estamos llamados a anunciar el reino de Dios a tiempo y a destiempo, y a denunciar, como lo hacían los profetas, la maldad que el Todopoderoso aborrece, venga de donde venga. Señores obispos y arzobispos, esto no es de medias tintas, esto es de integridad, no es de mensajes ocultos, es de mensajes claros, esto no es de puntaditas en el medio de discursos llenos de eufemismos, esto es convicción y compromiso, porque de lo contrario lo que están haciendo es jugar al mismo juego de quienes llenan auditorios con “ovejas” y se toman fotos esperando dadivas. El púlpito no se mancha, el púlpito se respeta.
Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera



