Qué es la generación sándwich y por qué se está agotando en silencio en Colombia

La generación sándwich puede seguir siendo una carga invisible. Reconocer a quienes cuidan, entregarles información y facilitar soluciones.

En Colombia, cada vez más adultos están quedando atrapados entre dos responsabilidades como la crianza de hijos, sostener económicamente el hogar y, al mismo tiempo, empezar a cuidar a sus padres o familiares mayores.

A esta realidad se le conoce como la generación sándwich, un grupo que suele asumir tareas de cuidado en silencio, sin preparación suficiente y con una carga física, emocional y económica que pocas veces se reconoce.

El fenómeno cobra relevancia en un país que envejece rápidamente y según proyecciones del DANE citadas por el Ministerio de Igualdad y Equidad

«Las personas mayores de 60 años pasaron de representar el 8,98 % de la población en 2005 al 15,38 % en 2025».

Para ese año, Colombia cuenta con 7.891.391 personas de 60 años o más, de las cuales más de 4,3 millones son mujeres.
Pero el envejecimiento no solo transforma la pirámide poblacional: también cambia la vida diaria de las familias.

Qué es la generación sándwich:

Preparar alimentos, acompañar citas médicas, apoyar la movilidad, cuidar la higiene, adaptar rutinas, comprar productos especializados o manejar situaciones como la incontinencia son tareas que muchas veces recaen sobre familiares que también trabajan, crían hijos o sostienen otros gastos del hogar.

De acuerdo con el informe global de higiene y salud de Essity, cerca del 80 % del cuidado proviene de familiares y dos tercios de las personas serán cuidadoras en algún momento de su vida.

En Colombia, además, el DANE reportó que el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado alcanzó en 2024 un valor económico de $340,5 billones, equivalente al 19,9 % del PIB, una cifra que evidencia que cuidar no es solo un asunto privado, sino una actividad con peso económico y social.

«Hoy muchas familias están cuidando sin llamarse cuidadoras. Acompañan a sus hijos, trabajan, sostienen el hogar y empiezan a hacerse cargo de sus padres o familiares mayores»

Luis Felipe Restrepo – Marketing Manager, expresó «hablar de continencia, higiene, movilidad y cuidado adulto no puede seguir siendo incómodo, porque hace parte de la dignidad y la autonomía de las personas mayores, pero también del bienestar de quienes

Tres señales de que el país debe mirar mejor a la generación sándwich:

El cuidado ya está ocurriendo dentro de los hogares: La presión sobre las familias aumenta a medida que crece la población mayor. Muchas decisiones de cuidado no empiezan en una institución, sino en la casa: cómo adaptar el baño, qué productos comprar, cómo manejar pérdidas de orina, cómo cuidar la piel, cómo evitar el aislamiento o cómo acompañar sin infantilizar.

La carga se concentra en edades productivas: El DANE señala que en 2024 las mujeres dedicaron en promedio 23,5 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, frente a 8,6 horas de los hombres. Además, la brecha más amplia se identifica entre los 27 y 59 años, justo la etapa de mayor actividad laboral y familiar.

La incontinencia sigue siendo una conversación tardía: La incontinencia suele aparecer en la vida familiar como un tema incómodo, pero tiene impacto directo en la movilidad, el sueño, la autoestima, la vida social y la carga de quien cuida. Hablar sin vergüenza, observar cambios en la rutina, consultar con profesionales de salud y elegir soluciones adecuadas al nivel de necesidad.

Qué pasa cuando esta carga no se atiende:

Cuando el cuidado se asume en silencio, las consecuencias pueden acumularse: agotamiento físico y mental, culpa, aislamiento, tensiones familiares, menor productividad laboral y postergación del autocuidado.

El informe de lA marca advierte que los cuidadores familiares que trabajan suelen experimentar estrés y culpa por tener que ausentarse o ajustar su vida laboral para cuidar a sus familiares.

Cuando una persona cuida sin información, descanso ni herramientas suficientes, puede terminar resolviendo desde la urgencia temas que deberían planearse mejor: higiene, salud menstrual, cuidado de la piel, movilidad, rutinas de baño, continencia o bienestar emocional.

Hablar de la generación sándwich implica reconocer que el cuidado no se concentra en una sola etapa de la vida. En un mismo hogar pueden convivir las necesidades de niños, adolescentes, adultos mayores y cuidadores que también trabajan y sostienen económicamente a sus familias.

Por eso, el reto no es solo acompañar la vejez, sino entender el cuidado como una cadena diaria que incluye higiene, salud menstrual, cuidado de la piel, bienestar infantil, movilidad, continencia y apoyo emocional.

Hay que preparar al país para una sociedad que envejece también significa apoyar mejor a quienes cuidan en casa.

Esto implica promover conversaciones más abiertas sobre temas que aún se manejan con vergüenza o improvisación (como la incontinencia, la higiene íntima, el cuidado infantil o la salud menstrual) y entregar soluciones que ayuden a que el cuidado diario sea más digno, informado y sostenible para toda la familia.

En una Colombia que envejece, el cuidado no puede seguir siendo una carga invisible. Reconocer a quienes cuidan, entregarles información y facilitar soluciones para cada etapa de la vida será clave para construir hogares más saludables, sostenibles y preparados para el futuro.

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