El pasado 10 de agosto, Colombia vivió una tragedia que obligó a detenerlo todo. El terremoto dejó muertos, familias afectadas y comunidades golpeadas. En medio de ese dolor, el fútbol colombiano también hizo una pausa y dejó una imagen que no debería olvidarse.
El fútbol dejó las rivalidades a un lado
Sin partidos, clásicos ni rivalidades en las tribunas, los colores quedaron a un lado. Jugadores, clubes, dirigentes e hinchas se unieron para ayudar a los damnificados, realizar donaciones y acompañar a quienes más lo necesitaban.
Por unos días, el fútbol mostró que ninguna camiseta está por encima de la vida de una persona. La tragedia consiguió algo que muchas veces parece imposible: poner de acuerdo a quienes normalmente están separados por una rivalidad deportiva.
La violencia no puede regresar con el fútbol
Ahora que la competencia vuelve, también regresarán las rivalidades que hacen parte de la pasión por el fútbol colombiano. Los equipos volverán a defender sus colores y miles de hinchas acompañarán a sus clubes dentro y fuera de los estadios.
Pero hay algo que no debería regresar: la violencia en el fútbol.
La tragedia nos recordó que una rivalidad deportiva debe quedarse en la cancha. Se puede defender una camiseta, celebrar un gol y vivir un clásico con intensidad sin convertir al hincha del equipo contrario en un enemigo.
Una rivalidad no debe convertir al otro en enemigo
El fútbol colombiano tiene la oportunidad de demostrar que la pasión y el respeto pueden convivir. Un balón puede enfrentar a dos equipos durante 90 minutos, pero eso no debería impedir que sus hinchas puedan compartir una ciudad, una calle o una vida sin miedo.
Las diferencias entre clubes hacen parte del espectáculo. Los cantos, las celebraciones, las discusiones y hasta la tensión de un clásico son elementos propios del deporte. La violencia, en cambio, no tiene lugar en el fútbol.
Que vuelva el fútbol, pero en paz
Colombia todavía se está levantando de lo ocurrido. En medio de la tragedia, el fútbol dejó por unos días sus diferencias y mostró su capacidad para unir.
Que vuelvan los estadios, los partidos y las grandes rivalidades. Que cada hincha pueda defender su camiseta y celebrar sus victorias.
Pero que la violencia se quede fuera de la cancha.




