¡QUE ASCO ESA MORAL!

RICARDO SARASTY

Por: Ricardo Sarasty

Como al mejor estilo de los fundamentalistas del islán hace aproximadamente dos meses fue lapidada una estudiante universitaria por haber dicho “qué asco ser pobre”. Escribo lapidada porque no puede llamarse de otra manera a esa lluvia de improperios y descalificaciones con la que acuden los usuarios del Facebook y otras redes sociales (antisociales), para supuestamente informar y dejar su opinión. Aunque todo lo encontrado en esa caneca ni es noticia y mucho menos glosa, porque en apariencia se divulga un suceso y sobre lo falso se procede no a comentar, sino a juzgar. Dándole gusto al usuario de la red que la utiliza para subir a ella la infamia, pomposamente llamada contenido, que toma cuerpo y se convierte en un monstruo devorador de honras y destructor de la dignidad de la víctima, que no puede hacer nada para defenderse. Si, tal y como sucede con los condenados a morir a punta de pedradas, a quienes  hunden en la arena dejándoles al descubierto solo la cabeza, quizá con la intención de que vea bien quienes son sus verdugos a la vez que sirve de escarmiento para que otro u otras no repitan su error.

Que las redes sociales se hayan convertido en el mentidero agrandado de las oficinas, de las cafeterías y los parques, quizá se deba ver como lo normal en una sociedad acostumbrada a comer prójimo, que así se le decía a esa actividad, en nada sana, de los dedicados a ver la paja en el ojo ajeno y no la biga en el propio. Practicada con asombrosa voracidad por los mismos que su ufanan de su corrección en todo, tanto así que no se despeinan así naden debajo el agua o jueguen futbol en medio de una ventisca. Pero solo se vanaglorian y nada más, porque en la realidad son unos bastos, como bien se aprecia en cuanto dicen y como lo dicen cuando de ofender y zaherir se trata, al permanecer convencidos siempre de que el actuar de esta manera no es sino un ejercicio de poder por el cual ganan respeto y nombre. Por lo tanto, nada de extraño hay en que al día de hoy se esté obligado a asistir ya ni siquiera al juicio, sino directamente al linchamiento de aquel o aquella a quien sin formula de juicio se le ha condenado, por fuera de cualquier tipo de investigación y sin siquiera haber podido reflexionar sobre la falta que se le endilga..

Ya nada puede sorprender de lo encontrado en las redes, aparte de algunos oasis de ingenio y cultura de verdad. Lo que debe de extrañar si y quizá para sentir pena, pena de tristeza y pena de vergüenza, es la manera de como ahora los tradicionales medios masivos de comunicación se han rendido ante estas redes, al punto de convertirse en una especie de consumidores de carroña, porque no se los puede ver de manera diferente cuando utilizan lo ahí encontrado para llenar sus bandejas de programación, sus salas de redacción y hasta las columnas de opinión, en otro tiempo consideradas espacios para el uso de la lengua como medio por el cual se compartían ideas, exponían argumentos y si era de defender se lo hacía esgrimiendo razones, nunca armas. Porque el insulto a mansalva lo es como cualquier otra que hiere o mata. Tal como lo usan los medios hablados, unas veces directamente para descalificar desde la catedra con el investido de intelectual y en otras recurriendo al payaso que lo reduce todo a una chacota procaz que debe divertir mientras denigra aquel convertido en objeto del chiste. Que luego será reproducido a la n veces nuevamente en las redes y así quedar dando vueltas en ese círculo sí que vicioso de la desinformación. ricardosarasty32@hotmail.com         

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