Una compleja red de qanats permitió durante siglos transportar agua bajo tierra hacia algunas de las regiones más áridas de Irán. La UNESCO reconoció en 2016 a once de estos sistemas como un conjunto de valor universal excepcional. Su importancia no se limita a la ingeniería: también refleja una forma comunitaria de administrar un recurso esencial en uno de los territorios más secos del planeta.
En las profundidades del suelo iraní existe una infraestructura que, a simple vista, puede pasar desapercibida. Una sucesión de pozos verticales que aparecen como pequeños cráteres sobre el terreno marca el recorrido de antiguos túneles subterráneos por los que el agua ha circulado durante siglos.
Son los qanats, una de las grandes expresiones de la ingeniería hidráulica desarrollada en el antiguo territorio persa.
Estas estructuras fueron diseñadas para captar agua de acuíferos situados en zonas elevadas y conducirla mediante túneles subterráneos hacia áreas agrícolas y asentamientos humanos. El sistema aprovechaba principalmente la gravedad, evitando la necesidad de bombas mecánicas para transportar el recurso.
La importancia histórica, tecnológica y cultural de estos sistemas llevó a la UNESCO a inscribir “El qanat persa” en la Lista del Patrimonio Mundial en 2016, bajo los criterios culturales (iii) y (iv). La inscripción comprende once qanats representativos de esta tradición, distribuidos en diferentes regiones de Irán.
¿Qué es exactamente un qanat?
Un qanat es, en términos sencillos, un acueducto subterráneo construido para llevar agua desde un acuífero hasta lugares donde pudiera utilizarse para consumo, agricultura y otras actividades.
Su funcionamiento depende de una combinación de conocimientos de geología, topografía e hidráulica.
En la parte superior del sistema se encuentra normalmente un pozo madre, excavado hasta alcanzar el nivel del agua subterránea. Desde allí se construye un túnel con una pendiente muy suave que permite que el agua avance por gravedad.
A lo largo del recorrido se excavan numerosos pozos verticales.
Estos pozos cumplen varias funciones. Permiten retirar el material durante la construcción del túnel, facilitan la ventilación y sirven como puntos de acceso para las labores de mantenimiento.
Desde la superficie, la sucesión de estos pozos puede verse como una línea de depresiones o cráteres que sigue el recorrido del qanat. La UNESCO señala precisamente esta característica como uno de los elementos distintivos de estos sistemas.
Una solución para sobrevivir en un territorio extremadamente árido
La existencia de los qanats está estrechamente relacionada con la geografía iraní.
Amplias zonas del territorio de Irán presentan condiciones áridas o semiáridas, con precipitaciones limitadas y temperaturas elevadas. En estas circunstancias, depender exclusivamente de ríos superficiales o de lluvias estacionales resulta insuficiente para garantizar el abastecimiento permanente de las poblaciones.
Los qanats ofrecieron una alternativa.
En lugar de transportar el agua por la superficie, donde una parte importante podría perderse por evaporación, el sistema la conducía por túneles bajo tierra desde los acuíferos hasta las zonas de utilización.
Esto permitió que comunidades agrícolas y asentamientos permanentes prosperaran en regiones donde la disponibilidad de agua superficial era limitada.
La propia UNESCO considera que estos sistemas fueron fundamentales para la formación de asentamientos y paisajes agrícolas en las zonas áridas del altiplano iraní.
La UNESCO protege 11 qanats, no una única estructura
Uno de los aspectos que suele generar confusión es hablar de “el qanat” como si se tratara de un único acueducto.
En realidad, “El qanat persa” es una propiedad serial formada por once sistemas diferentes.
La UNESCO seleccionó estos once ejemplos porque representan diferentes características de la tradición hidráulica de los qanats y permiten comprender su evolución, funcionamiento y relación con las comunidades que los utilizaron.
Entre ellos se encuentran:
- Qasabeh Gonabad, en la provincia de Jorasán Razaví.
- Qanat de Baladeh.
- Qanat de Zarch, en la provincia de Yazd.
- Hasan Abad-e Moshir Qanat.
- Ebrahim Abad Qanat, en la provincia de Markazi.
- Qanat de Vazvan, en la provincia de Isfahán.
- Mozd Abad Qanat, también en Isfahán.
- Qanat de la Luna.
- Qanat de Gowhariz, en Kermán.
- Ghasem Abad.
- Akbar Abad.
La información oficial de la UNESCO confirma la ubicación de estos componentes en diferentes provincias iraníes, entre ellas Khorasan Razavi, Markazi, Isfahán, Yazd y Kermán.
Algunos qanats alcanzan dimensiones impresionantes
La magnitud de estas construcciones ayuda a comprender la complejidad de la tecnología utilizada.
Uno de los ejemplos incluidos en la inscripción es el Qasabeh Gonabad, considerado uno de los qanats más destacados de Irán.
Los documentos técnicos preparados para la inscripción de la UNESCO describen para este sistema un conjunto de galerías y pozos de gran profundidad y longitud. El sistema principal y sus ramificaciones muestran la escala que podían alcanzar estas obras hidráulicas antiguas.
Pero más allá de las cifras individuales, lo extraordinario es que estos sistemas tuvieron que ser diseñados siguiendo cuidadosamente la pendiente del terreno.
Una inclinación demasiado pronunciada podía provocar problemas en el flujo del agua y erosionar el túnel. Una pendiente insuficiente podía impedir que el agua llegara hasta el destino previsto.
La construcción requería, por tanto, un conocimiento detallado del terreno.
Construir bajo tierra sin maquinaria moderna
La construcción de un qanat representaba un enorme desafío.
Los trabajadores debían excavar pozos verticales y posteriormente conectarlos mediante galerías subterráneas. La extracción del material excavado, la ventilación y la estabilidad de los túneles eran cuestiones fundamentales.
Los pozos verticales permitían sacar tierra y piedras desde el subsuelo y proporcionaban acceso para continuar avanzando.
Una vez terminado el sistema, esos mismos pozos se convertían en elementos fundamentales para su mantenimiento.
El resultado era una infraestructura que quedaba prácticamente oculta bajo tierra, pero que podía extenderse durante kilómetros.
La UNESCO destaca que estos sistemas fueron mantenidos durante generaciones y que su funcionamiento dependía tanto de la infraestructura física como del conocimiento tradicional asociado a ella.
El agua también tenía una dimensión social
La importancia de los qanats no termina en su ingeniería.
Uno de los aspectos que la UNESCO consideró especialmente valioso fue el sistema tradicional de administración comunitaria del agua.
El recurso no era simplemente conducido hasta una población para que cada persona lo utilizara libremente. Existían mecanismos tradicionales para organizar su distribución entre propietarios, agricultores y demás usuarios.
La gestión estaba vinculada a consejos locales de qanat y a conocimientos transmitidos de generación en generación.
En algunos sistemas, la distribución del agua se organizaba mediante ciclos y métodos tradicionales de medición del tiempo.
Para la UNESCO, esta dimensión social es una parte fundamental del patrimonio: los qanats no son únicamente túneles antiguos, sino también el resultado de una forma de cooperación comunitaria desarrollada para administrar un recurso escaso.
No solo eran canales de agua
Otro elemento interesante es que los qanats no funcionaban de manera aislada.
El conjunto patrimonial incluye estructuras asociadas al aprovechamiento del agua, como depósitos, molinos hidráulicos y espacios relacionados con los trabajadores.
El agua obtenida mediante los qanats podía utilizarse para mantener sistemas agrícolas y jardines, además de abastecer a los asentamientos.
Por ello, la UNESCO considera que estos sistemas ayudaron a generar un paisaje característico de las regiones desérticas iraníes, en el que la infraestructura hidráulica, la agricultura, la arquitectura y la organización social estaban estrechamente relacionadas.
Una tecnología que continúa funcionando
Quizás uno de los aspectos más sorprendentes del patrimonio es que los qanats incluidos en la lista de la UNESCO no son únicamente restos arqueológicos.
La organización internacional señala que los once sistemas conservan su función como transportadores de agua y que continúan siendo gestionados mediante sistemas tradicionales.
Es decir, en algunos casos, se trata de infraestructuras antiguas que todavía participan en el abastecimiento de agua y en el mantenimiento de determinados paisajes agrícolas.
Esto diferencia a los qanats de muchas otras obras hidráulicas antiguas que dejaron de utilizarse hace siglos y que actualmente solo pueden estudiarse como vestigios arqueológicos.
¿Cuántos qanats existen en Irán?
Los once sistemas reconocidos por la UNESCO representan solamente una pequeña parte de la tradición qanat iraní.
Los documentos relacionados con la candidatura de 2016 señalaban que existían más de 37.000 qanats en Irán, aunque no todos estaban incluidos en la inscripción del Patrimonio Mundial.
Por ello, hablar de “los qanats de Irán” implica referirse a una tradición mucho más amplia que los once sitios inscritos.
La UNESCO seleccionó esos once como ejemplos representativos de un sistema histórico que tuvo una influencia profunda en la organización de las comunidades de las regiones áridas del país.
Un patrimonio amenazado por los cambios en la gestión del agua
El reconocimiento internacional tampoco significa que estos sistemas estén fuera de peligro.
Los qanats dependen directamente de las condiciones de los acuíferos y de la disponibilidad de agua subterránea. Cuando las reservas disminuyen, el funcionamiento de los sistemas también puede verse afectado.
Además, las transformaciones económicas, agrícolas y tecnológicas han cambiado la manera en que muchas comunidades iraníes obtienen y utilizan el agua.
La conservación de los qanats requiere, por tanto, proteger no solo los túneles, pozos y estructuras visibles, sino también las zonas de captación de agua y los sistemas tradicionales de gestión.
La UNESCO establece zonas de amortiguamiento alrededor de los componentes inscritos precisamente para contribuir a la protección de las áreas necesarias para mantener el funcionamiento de los qanats.
¿Por qué la UNESCO los considera Patrimonio Mundial?
La inscripción de 2016 se realizó bajo los criterios (iii) y (iv) de la Convención del Patrimonio Mundial.
El criterio (iii) reconoce el valor de los qanats como testimonio de tradiciones culturales y de soluciones desarrolladas por sociedades que habitaron regiones desérticas.
El criterio (iv), por su parte, está relacionado con su importancia como ejemplo excepcional de un conjunto tecnológico que muestra etapas significativas de la historia de la ocupación humana de territorios áridos y semiáridos.
En otras palabras, su importancia no se debe solamente a que sean antiguos.
Son importantes porque demuestran cómo una sociedad desarrolló una tecnología compleja para resolver uno de los problemas fundamentales de cualquier asentamiento humano: conseguir y distribuir agua.
Una lección de ingeniería desarrollada hace siglos
La historia de los qanats también resulta especialmente relevante en la actualidad.
El cambio climático, la expansión urbana, el crecimiento de la población y la sobreexplotación de los recursos hídricos han convertido la disponibilidad de agua en uno de los grandes desafíos de numerosas regiones del mundo.
Los qanats fueron concebidos para trabajar con las características naturales del territorio en lugar de depender de sistemas de bombeo intensivos.
Su funcionamiento por gravedad, su adaptación a las condiciones geológicas y su modelo tradicional de distribución comunitaria han despertado interés entre investigadores que estudian formas históricas de gestión sostenible del agua.
Esto no significa que los qanats puedan solucionar por sí solos los problemas hídricos contemporáneos, pero sí ofrecen información valiosa sobre cómo sociedades anteriores aprendieron a vivir en ambientes con recursos extremadamente limitados.
La precisión sobre la fecha es clave
Aunque algunos titulares recientes pueden presentar la noticia como si la UNESCO hubiera “incluido ahora” estos acueductos en su catálogo de protección, la información oficial cuenta una historia diferente.
La inscripción de “El qanat persa” ocurrió en 2016, durante la 40.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial celebrada en Estambul. La decisión oficial establece expresamente que los once qanats fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial ese año.
Por lo tanto, si esta información se va a publicar como una noticia actual, lo correcto sería evitar frases como “la UNESCO acaba de incluir” o “la UNESCO anunció esta semana”.
Una formulación más precisa sería hablar de la importancia que mantiene actualmente este patrimonio, explicar su reconocimiento internacional y recordar que la inscripción se produjo en 2016.


