Este municipio amazónico es un paraíso peatonal en medio de la selva, donde los delfines rosados, los cantos de aves y la cultura indígena son los protagonistas
En un rincón del sur de Colombia, rodeado por la inmensidad de la selva amazónica, se encuentra Puerto Nariño, un pueblo que parece detenido en el tiempo y libre del ruido de automóviles o motocicletas. Aquí, donde no existen calles asfaltadas ni tránsito vehicular, el ritmo lo marca la naturaleza y el caminar pausado de sus habitantes y visitantes.
Ubicado a orillas del imponente río Amazonas, este colorido municipio es considerado el “pesebre natural de Colombia” por sus casas de vivos colores, sus jardines bien cuidados y su compromiso con la conservación del medio ambiente. Puerto Nariño es también un ejemplo nacional de turismo sostenible, siendo el primer municipio en recibir la Certificación en Calidad Turística en Colombia, en el año 2012.

Un viaje sin ruedas, pero lleno de experiencias
En Puerto Nariño no hay carros ni motos, y tampoco grandes edificios ni contaminación visual o sonora. Las calles peatonales invitan a caminar sin prisa, disfrutando cada rincón del entorno. Las construcciones son tradicionales y están rodeadas de vegetación exuberante. Este municipio ha logrado un equilibrio admirable entre la vida humana y la naturaleza.
Desde su casco urbano es posible admirar los ríos Amazonas y Loretoyacu, visibles desde el Mirador Turístico Naipata, una torre de 18 metros construida sobre una colina, que ofrece vistas panorámicas de la selva, los cuerpos de agua y el propio pueblo.
Delfines rosados en el lago Tarapoto

Uno de los mayores atractivos de Puerto Nariño es la posibilidad de avistar los famosos delfines rosados, especie icónica del Amazonas. A pocos minutos en bote desde el casco urbano se encuentra el lago Tarapoto, un cuerpo de agua en cuyas tranquilas y oscuras aguas es común ver a estos animales nadar y saltar, sobre todo en las primeras horas de la mañana.
Además del avistamiento de fauna, el lago y sus alrededores pueden explorarse en canoa o a pie, recorriendo senderos entre la selva, ideales para observar aves y aprender sobre la flora del lugar. En las tardes, el sitio se convierte en un mirador natural para contemplar atardeceres amazónicos inolvidables.
Cultura viva en medio de la selva
Puerto Nariño también es un espacio de encuentro cultural. Allí conviven comunidades indígenas de los pueblos ticuna, cocama y yagua, quienes han mantenido vivas sus tradiciones y saberes ancestrales. Los visitantes pueden disfrutar de gastronomía típica, artesanías y relatos locales que enriquecen la experiencia turística.
El mirador Naipata, cuyo nombre significa “casa en el árbol” en lengua ticuna, representa esta conexión profunda con la cosmovisión indígena del territorio. Desde lo alto se divisa el lago Correo, el caño Zancudillo y la frondosa selva amazónica que envuelve a este municipio único.
Cómo llegar a Puerto Nariño
Para llegar a Puerto Nariño es necesario viajar en bote desde Leticia, capital del departamento de Amazonas, ubicada a unos 87 kilómetros de distancia. Los viajes por el río incluyen paradas en comunidades ribereñas y permiten disfrutar del paisaje selvático. Leticia, a su vez, está conectada con el resto del país mediante vuelos regulares desde Bogotá.

