La Gran Selva Maya consolida su protección: tres países coordinan acciones contra incendios, tala y pérdida de biodiversidad

México, Guatemala y Belice han dado nuevos pasos para reforzar la conservación de uno de los territorios ecológicos más importantes de Mesoamérica. La iniciativa busca mantener conectados grandes ecosistemas selváticos que se extienden desde la península de Yucatán hasta Guatemala y Belice, una continuidad fundamental para especies como el jaguar, el tapir, el mono araña y numerosas aves, reptiles y otros animales.

Sin embargo, hay una precisión importante frente al planteamiento original de esta noticia: la información oficial disponible no corresponde a un nuevo “decreto” mexicano firmado exclusivamente para blindar el paso de jaguares entre Calakmul y Guatemala. Lo que sí ocurrió fue la consolidación de un proceso de cooperación trinacional que comenzó con la Declaración de Calakmul, firmada el 15 de agosto de 2025, y que posteriormente avanzó con un Memorándum de Entendimiento Trilateral firmado en marzo de 2026.

El objetivo de estos instrumentos es fortalecer el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, una enorme región de conservación que conecta áreas protegidas de México, Guatemala y Belice y que abarca aproximadamente 5,7 millones de hectáreas.

Un territorio continuo para evitar el aislamiento de las especies

Para un animal como el jaguar, la existencia de áreas naturales protegidas aisladas no siempre es suficiente. Las poblaciones necesitan desplazarse, buscar alimento, encontrar parejas y mantener intercambio genético con otros grupos.

Cuando las selvas quedan fragmentadas por carreteras, deforestación, expansión agrícola, incendios u otras actividades humanas, los animales pueden quedar confinados en territorios cada vez más pequeños. Esa pérdida de conectividad puede afectar la viabilidad de las poblaciones a largo plazo.

Precisamente por esta razón, la conectividad ecológica ocupa un lugar central dentro del proyecto de la Gran Selva Maya. El corredor reúne 50 áreas protegidas: 12 en México, 27 en Guatemala y 11 en Belice, según la información oficial difundida por las autoridades ambientales mexicanas.

Entre los territorios incluidos se encuentran la Reserva de la Biosfera Calakmul y el Área de Protección de Flora y Fauna Balam Kú, en México; el Parque Nacional Mirador-Río Azul y el Biotopo Dos Lagunas, en Guatemala; además de diversas áreas protegidas de Belice.

Calakmul, una pieza fundamental para el jaguar

La región de Calakmul tiene una importancia estratégica dentro de este sistema ecológico. La reserva se encuentra en Campeche, cerca de la frontera con Guatemala, y forma parte de uno de los mayores macizos de bosque tropical que aún sobreviven en Mesoamérica.

La propia Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas ha señalado históricamente que Calakmul mantiene poblaciones importantes de jaguar y que su conexión con la Reserva de la Biosfera Maya, en Guatemala, es fundamental para la conservación regional de la especie.

Además, documentos oficiales publicados en el Diario Oficial de la Federación han destacado a Calakmul como una región prioritaria para la conectividad biológica. En esos documentos se resalta la importancia del área para especies amenazadas y su conexión ecológica con el Petén guatemalteco y otras zonas selváticas de la región.

Esto convierte a la protección de los corredores en algo que va mucho más allá de preservar un territorio específico. La meta es mantener una red de ecosistemas funcionales que permita el movimiento de la fauna entre distintos países.

De la Declaración de Calakmul al Memorándum de Entendimiento

El proceso tomó forma política el 15 de agosto de 2025, cuando la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, y el primer ministro de Belice, John Briceño, firmaron la Declaración de Calakmul.

A partir de ese acuerdo se impulsó oficialmente el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, presentado como una iniciativa para proteger una de las regiones de bosque tropical más importantes de América. El proyecto contempla la conservación de ecosistemas y de miles de especies, varias de ellas bajo alguna categoría de riesgo.

Posteriormente, el 20 de marzo de 2026, las autoridades de los tres países concretaron un Memorándum de Entendimiento Trilateral para establecer mecanismos de cooperación en materia de conservación.

El acuerdo contempla, entre otros aspectos, el fortalecimiento de la protección de áreas naturales, el intercambio de experiencias entre las autoridades, el monitoreo de especies emblemáticas y la coordinación frente a amenazas ambientales. El documento tendrá inicialmente una vigencia de cinco años, con posibilidad de prórroga.

El jaguar y la guacamaya roja, especies clave para el monitoreo

Dentro del acuerdo de cooperación, el jaguar aparece como una de las especies bandera para evaluar la salud de los ecosistemas de la Gran Selva Maya.

Las autoridades plantearon el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo de poblaciones de especies como el jaguar y la guacamaya roja. La lógica detrás de esta estrategia es que el estado de estas especies puede ofrecer información relevante sobre las condiciones generales de los ecosistemas en los que habitan.

El jaguar, además de ser uno de los principales depredadores de América, necesita grandes extensiones de hábitat para mantener poblaciones saludables. Por ello, la existencia de corredores que conecten diferentes zonas forestales puede resultar determinante.

La pérdida de conectividad es una amenaza reconocida para numerosas especies. Información oficial sobre corredores biológicos en México destaca que la fragmentación de la vegetación puede afectar especialmente a animales que necesitan desplazarse entre diferentes parches de hábitat y señala evidencias del uso de corredores por especies como el jaguar, el puma, el ocelote, el tapir y el mono araña.

Incendios, tala y actividades ilegales: los principales desafíos

La creación de un corredor sobre el papel no elimina automáticamente las amenazas que enfrentan los ecosistemas. Por ello, México, Guatemala y Belice también acordaron reforzar la cooperación en vigilancia y control.

Entre las prioridades establecidas para los próximos años se encuentran acciones contra actividades ilegales y el fortalecimiento de las capacidades de monitoreo. También se busca mejorar la coordinación para prevenir y combatir incendios forestales que pueden extenderse entre áreas protegidas cercanas, independientemente de las fronteras nacionales.

La región de Calakmul y la Gran Selva Maya enfrentan además presiones relacionadas con el cambio de uso del suelo y la pérdida de cobertura forestal. Las autoridades ambientales reconocen que la conectividad entre los ecosistemas es uno de los elementos que debe protegerse para evitar que los grandes territorios selváticos terminen divididos en fragmentos aislados.

Las comunidades locales, parte central del proyecto

La estrategia trinacional no se limita al control ambiental. Los acuerdos también incluyen el fortalecimiento de las condiciones económicas y sociales de las comunidades que viven dentro o cerca de estas regiones.

Entre las actividades planteadas se encuentran el impulso de prácticas productivas sostenibles, la agricultura y ganadería regenerativa, el turismo comunitario y otras alternativas que permitan generar ingresos sin aumentar la presión sobre los ecosistemas.

La Declaración de Calakmul también reconoce el papel de las comunidades indígenas mayas y afrodescendientes en la conservación del territorio y plantea la participación de actores locales, académicos y privados en la protección de la región.

Un año después, el corredor avanza hacia una estructura de implementación

En agosto de 2026, durante la conmemoración del primer aniversario de la creación del Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, las autoridades de los tres países informaron sobre nuevos avances en su estructura de cooperación.

Además del Memorándum de Entendimiento, se presentó un instrumento de gobernanza para definir funciones y responsabilidades, así como un Plan de Acción con prioridades geográficas y temáticas, mecanismos de inversión y monitoreo para la implementación coordinada del corredor.

Estos avances muestran que la iniciativa está pasando de la declaración política a una fase centrada en la organización y coordinación de acciones entre los países.

La importancia de proteger algo más que una frontera

La principal particularidad de este proyecto es que reconoce una realidad ecológica evidente: los animales y los ecosistemas no entienden de fronteras políticas.

Un jaguar que habita en la región de Calakmul forma parte de un sistema natural que se conecta con las selvas del Petén guatemalteco y con otros territorios de Belice. La supervivencia de estas poblaciones depende, en parte, de que esa conexión se mantenga.

Por eso, más que un decreto aislado para proteger un único paso de jaguares, lo que actualmente está en marcha es una estrategia trinacional de mayor escala. México, Guatemala y Belice buscan conservar un territorio continuo de aproximadamente 5,7 millones de hectáreas mediante el fortalecimiento de áreas protegidas, la cooperación institucional, el monitoreo de especies y la participación de las comunidades.

La protección del jaguar es uno de los símbolos más visibles de ese esfuerzo, pero el alcance es mucho mayor: preservar una de las últimas grandes extensiones continuas de selva tropical de Mesoamérica y evitar que la fragmentación termine por romper una conexión ecológica que ha existido durante miles de años.

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