La propuesta de elevar la tasa de interés de referencia al 11,25% ha generado un rechazo frontal por parte del equipo económico del Gobierno. Tras el aumento de enero, el Ejecutivo considera que una nueva subida de 100 puntos básicos impactaría de forma «sensible, grave y significativa» la recuperación económica. El ministro Ávila argumentó que la inflación actual no responde a un exceso de demanda interna, sino a choques de oferta externos imposibles de controlar mediante el endurecimiento del crédito.
El diagnóstico del Ministerio de Hacienda señala que factores como la guerra en Irán, el precio de los combustibles y la ola invernal son los verdaderos motores de la carestía. Bajo esta óptica, califica como «inocuas» las medidas que buscan frenar los precios exclusivamente subiendo las tasas, ya que solo logran elevar los costos de producción y castigar al consumidor. El Gobierno defiende una política monetaria más flexible que se adapte a la realidad social del país y no solo a metas técnicas de inflación.
Esta discrepancia técnica esconde un debate de fondo sobre el modelo económico: mientras el Banco busca anclar las expectativas de precios a toda costa, el Ministerio prioriza el sostenimiento del crecimiento y el empleo. La negativa del Ejecutivo a respaldar estas decisiones marca un hito en la historia reciente de la política monetaria colombiana, abriendo una brecha que podría encarecer aún más el acceso al crédito para las empresas y las familias en el corto plazo.




