Anuncian bloqueo por incumplimiento en obras.
La tensión crece a niveles críticos en el occidente bajo de Boyacá tras el anuncio de un paro pacífico que amenaza con paralizar la movilidad en Chiquinquirá y sus alrededores en los próximos días. La decisión, tomada por líderes comunitarios y habitantes de la región, surge como respuesta al reiterado incumplimiento en el inicio de las obras de pavimentación de la vía Chiquinquirá–Muzo, una arteria clave para el desarrollo económico y social del territorio. La comunidad no oculta su inconformidad. Aseguran que, pese a que el propio gobierno departamental anunció la asignación de 98 mil millones de pesos para este proyecto, en el terreno no hay avances visibles. Esta falta de ejecución ha generado desconfianza y un profundo malestar entre los habitantes, quienes sienten que nuevamente fueron víctimas de promesas sin cumplir.
El deterioro de la vía es evidente y cada día empeora. Conductores denuncian huecos, tramos intransitables y condiciones que ponen en riesgo la vida de quienes deben movilizarse por este corredor. Los transportadores, uno de los gremios más afectados, reportan constantes daños mecánicos en sus vehículos, lo que incrementa sus costos operativos y reduce sus ingresos. A esto se suma el impacto negativo en el comercio local y el turismo, dos sectores que dependen directamente del buen estado de esta ruta. La llamada Ruta de la Esmeralda, que conecta municipios como Buenavista, Coper, Muzo, Quípama y La Victoria, es fundamental para la economía regional. Sin embargo, hoy se ha convertido en un símbolo de abandono estatal. Para muchos habitantes, la situación ya no es sostenible, y el paro aparece como la única alternativa para exigir soluciones reales. Según lo anunciado, la protesta se desarrollará de manera pacífica, pero contundente, con bloqueos en las cuatro entradas principales de Chiquinquirá. Esta medida podría generar un fuerte impacto en la movilidad, afectando no solo a los municipios cercanos, sino también a quienes dependen de esta vía para actividades comerciales y de transporte diario. Los líderes han sido claros: el paro se mantendrá hasta que haya compromisos concretos y verificables por parte de las autoridades. No se trata solo de anuncios o reuniones, sino de acciones reales que permitan iniciar las obras y devolver la confianza a la comunidad.
Mientras tanto, la incertidumbre crece. La falta de respuestas inmediatas podría escalar aún más la situación, aumentando la presión social en una región que ya muestra signos de cansancio y frustración. El llamado es urgente: la comunidad exige soluciones, no más promesas. Porque detrás de esta protesta hay una realidad evidente, y es que el abandono de esta vía ya pasó factura a toda una región que hoy se levanta para hacerse escuchar.




