Ricardo Sarasty

Profetas de las desgracias

Por: Ricardo Sarasty.

“Así dice el Señor acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, los cuales cuando tienen algo que morder, proclaman: Paz. Pero contra aquel que no les pone nada en la boca, declaran guerra santa.” Miqueas 3.5.

Los falsos profetas únicamente hablan para alertar sobre el advenimiento de catástrofes, pero se olvidan de la esperanza. Contarios a lo que Miqueas y Jeremías enseñan como la labor del verdadero profeta, observar la realidad, analizarla y llamar la atención sobre todo cuanto de error hay en ella. Con un único propósito: llamar a transformarla y mejorarla. Por lo que sus palabras solo tienen el sentido de la construcción de la confianza. No como pretenden que sea aquellos interesados en propiciar el terror simplemente porque están al servicio de los que les ponen cualquier pedazo de pan entre sus dientes o como lo asevera Jeremías cuando rechaza lo anunciado por Hananías, desconociendo que sea un verdadero representante de su Dios: “oh Hananías! Jehová no te ha enviado, sino que tú mismo has hecho que este pueblo confíe en una falsedad”. Es que los agoreros como Hananías siempre van a tratar de convencer sobre la fiabilidad de sus predicciones recurriendo a mostrar que sus palabras solo son la expresión de una sabiduría superior a la de ellos.

Ante la reanudación de las conversaciones del gobierno con la insurgencia armada de ELN ya salieron los falso profetas a señalar el siniestro que le espera a los colombianos. Ocupan páginas enteras en los medios escritos y suman cantidades de horas en la radio y la televisión con lo que en es para ellos sesudos análisis, argumentos bien fundamentados, observaciones agudas y conclusiones funestas, aparentemente serias. De no ser porque bien se les ve lo que aprietan entre dientes, como les señala Miqueas a los profetas de las desgracias. Las profecías deben de ir acorde a los deseos del bien para que deban de ser atendidas, un profeta no se adelanta a lamentar el cataclismo porque hacerlo es inoficioso y un profeta lo es porque siempre ha de cumplir con estar al servicio de una obra, mas no como obstáculo y menos aun ejerciendo como elemento destructor de ella.

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Ni se habían sentado aun alrededor de la mesa de conversaciones los representantes del gobierno y del grupo insurgente, pero los pronosticadores del mal ya llamaban a apostarle al fracaso. En ellos nada anuncia o permite prever mejores días y lo que advierten o identifican como consecuencia de los otros pactos de paz solo les sirve como signo de lo malo que ellos ven e invitan a ver como se aproxima. Supersticiosos no buscan más que signos de las desgracias en todo cuanto pueden alcanzar a ver, si es que su deseo porque nada funcione bien les permite ver. Porque si existen personas que renuncian a la realidad por el solo hecho de no advertir en ella el insumo de su trabajo de vendedores de falsas desgracias, esos son estos falsos profetas o sibilinos de tormentas. Ya lo advirtió durante la instalación del concilio vaticano segundo el Papa Juan XXII, los que solo anuncia desgracia no hablan con la verdad. Así mismo lo hace el actual pontífice Francisco al pedir poner a la prueba lo que se desea y se siente, porque es necesario enseñar a reconocer a los que hablan para el bien.

Si se posee una creencia religiosa, si se participa de un ritual en reconocimiento y para alabanza de un Dios, la coherencia entre el vivir y la fe solo es posible si el enriquecimiento espiritual permite que en la práctica, la ética sea el reflejo de la fe. Acto que no se ve en aquellos que no ven en el cambio más que signos trágicos.