Singapur continúa apostando por la tecnología como respuesta a uno de sus mayores desafíos estructurales: producir alimentos en un territorio pequeño, altamente urbanizado y con una fuerte dependencia de las importaciones. En este contexto, la empresa neerlandesa Growy inauguró oficialmente en noviembre de 2024 una granja vertical de interior en la ciudad-Estado, una instalación altamente automatizada que, una vez alcance su plena capacidad, puede producir hasta 500 toneladas de hortalizas de hoja al año en menos de una hectárea de terreno.
La instalación representa un ejemplo concreto de la producción agrícola en ambientes controlados, un modelo que busca cultivar alimentos dentro de espacios donde variables como la temperatura, la humedad, el agua y las condiciones de crecimiento pueden ser reguladas de forma precisa.
La granja se encuentra en el Changi Logistics Centre y cuenta con aproximadamente 8.000 metros cuadrados de espacio de cultivo. Su sistema está diseñado para producir durante todo el año diferentes tipos de vegetales, microvegetales, hierbas y hojas para ensaladas, reduciendo la dependencia de las condiciones climáticas exteriores.
Una solución tecnológica para un país con poco espacio agrícola
El proyecto debe entenderse dentro de la particular situación de Singapur. El país cuenta con una superficie reducida y solo una pequeña proporción de su territorio puede destinarse a actividades agrícolas.
Durante la inauguración de la granja de Growy, el Ministerio de Sostenibilidad y Medio Ambiente de Singapur destacó que el país importa más del 90 % de los alimentos que consume y que aproximadamente el 1 % de su territorio está destinado a la agricultura. Esta dependencia convierte la seguridad alimentaria en una cuestión estratégica, especialmente frente a fenómenos como el cambio climático, las enfermedades, los conflictos geopolíticos o las interrupciones en las cadenas internacionales de suministro.
Por esta razón, la agricultura vertical se ha convertido en una de las alternativas que Singapur está explorando para aumentar la producción local sin necesitar grandes extensiones de tierra.
A diferencia de una finca convencional, donde los cultivos se distribuyen horizontalmente sobre el terreno, una granja vertical aprovecha el espacio hacia arriba. Las plantas se organizan en múltiples niveles, permitiendo concentrar una mayor superficie de cultivo dentro de un edificio o instalación cerrada.
En el caso de Growy, las plantas pueden recorrer 16 niveles de espacio de cultivo mediante un sistema automatizado que transporta las plántulas desde la zona de preparación hasta las áreas de crecimiento y, posteriormente, hacia la zona de cosecha.
Robots y automatización para mover los cultivos
Uno de los elementos más importantes de esta instalación es la automatización de gran parte del proceso productivo.
El sistema permite transportar las bandejas y las plantas a través de las diferentes etapas del cultivo sin que sea necesario que los trabajadores realicen manualmente cada desplazamiento. Esto no significa que la granja funcione completamente sin personas, sino que la tecnología asume tareas repetitivas y logísticas, mientras los equipos humanos pueden concentrarse en la supervisión, el control de calidad, la ingeniería, la producción y el seguimiento de los cultivos.
Según la información presentada por las autoridades de Singapur, el sistema automatizado permite que la instalación pueda operar con una plantilla relativamente reducida en comparación con la escala de producción que busca alcanzar.
Este modelo forma parte de una tendencia más amplia conocida como agricultura de precisión. La idea es utilizar sensores, automatización, sistemas de control y análisis de datos para tomar decisiones más precisas sobre las condiciones que necesita cada cultivo.
La tecnología, en este caso, no sustituye completamente a la agricultura tradicional, pero transforma la manera en que se pueden producir determinados alimentos, especialmente hortalizas de crecimiento rápido y alto valor comercial.
Microclimas para diferentes plantas y etapas de crecimiento
La granja de Growy también incorpora un sistema denominado “Acclimatised Climate Cells”, diseñado para crear diferentes microclimas dentro de la instalación.
Esto representa una diferencia importante frente a algunos modelos de agricultura vertical en los que toda la zona de cultivo mantiene las mismas condiciones ambientales.
Las necesidades de una planta no siempre son idénticas durante todo su ciclo de vida. Una semilla recién germinada, por ejemplo, puede requerir condiciones diferentes a las de una planta que se encuentra cerca del momento de la cosecha.
Además, especies distintas pueden desarrollarse mejor bajo niveles específicos de temperatura y humedad.
El sistema de Growy busca dividir el espacio en zonas con condiciones adaptadas a diferentes cultivos y etapas de crecimiento. Según el Ministerio de Sostenibilidad y Medio Ambiente de Singapur, esta mayor precisión puede ayudar a evitar un consumo innecesario de energía y, al mismo tiempo, optimizar el rendimiento de los cultivos.
En otras palabras, la granja no busca crear un único “clima artificial” para todas las plantas, sino ajustar las condiciones de producción de acuerdo con las necesidades de cada zona.
El agua también se recupera dentro del sistema
Otro de los elementos destacados de la instalación es su sistema de gestión del agua.
Las plantas liberan vapor de agua a través de un proceso natural conocido como transpiración. En una instalación cerrada, ese vapor puede ser capturado y condensado por los sistemas de tratamiento del aire.
En el caso de Growy, el agua recuperada se reutiliza como parte del sistema de refrigeración. El objetivo es aprovechar parte de los recursos que circulan dentro de la propia instalación y reducir la demanda de agua y energía asociada al control climático.
Este tipo de sistema refleja uno de los principales objetivos de la producción agrícola en ambientes controlados: gestionar los recursos de una manera mucho más precisa.
Sin embargo, esto no significa que toda granja vertical sea automáticamente sostenible. Las instalaciones interiores requieren electricidad para operar sistemas de iluminación, ventilación, climatización, bombeo y automatización. Por ello, la eficiencia energética se ha convertido en uno de los principales desafíos de este sector.
¿Qué tipo de alimentos produce la granja?
La instalación de Growy está enfocada principalmente en productos que se adaptan bien a la agricultura vertical.
Entre ellos se encuentran microvegetales, hierbas y diferentes variedades de hojas. La empresa comenzó sus operaciones comerciales ofreciendo productos como amaranto y shiso, además de hierbas como albahaca y perejil, junto con variedades de hojas para ensaladas y mezclas que incluyen kale. En el momento de su apertura comercial, la instalación suministraba 34 productos diferentes a hoteles y restaurantes de Singapur.
Este enfoque tiene sentido desde el punto de vista económico y tecnológico. Los cultivos de hojas y algunas hierbas suelen tener ciclos relativamente cortos y pueden beneficiarse del control preciso de las condiciones de crecimiento.
La agricultura vertical, por el contrario, todavía enfrenta mayores dificultades para competir con la agricultura convencional en productos que requieren grandes extensiones de terreno o largos ciclos de producción.
Por ello, el modelo no pretende reemplazar por completo a las fincas tradicionales, sino desarrollar una alternativa para determinados tipos de alimentos, especialmente aquellos que pueden producirse cerca de los centros urbanos.
500 toneladas anuales en menos de una hectárea
La cifra más llamativa del proyecto es su capacidad potencial de producción.
La granja puede alcanzar una producción de hasta 500 toneladas de vegetales al año utilizando menos de una hectárea de terreno. Esta productividad es posible gracias a la utilización vertical del espacio y a la capacidad de mantener ciclos de cultivo continuos durante todo el año.
En una agricultura convencional, una parte importante de la producción depende de factores externos como las estaciones, la lluvia, las sequías, las temperaturas extremas o las plagas.
En un ambiente controlado, gran parte de esas variables puede ser gestionada directamente.
Esto permite que los cultivos no tengan que depender de una temporada específica para crecer y que la producción pueda programarse de forma más constante.
La posibilidad de producir alimentos durante todo el año es especialmente importante para Singapur, donde el objetivo no es alcanzar una autosuficiencia absoluta, sino construir una mayor capacidad de respuesta frente a posibles interrupciones del suministro internacional.
De la meta “30 por 30” a una nueva estrategia alimentaria
Cuando el proyecto comenzó a desarrollarse, Singapur estaba impulsando su conocida estrategia “30 by 30”, que buscaba desarrollar la capacidad necesaria para que la industria local pudiera cubrir el 30 % de las necesidades nutricionales del país para 2030.
Con el paso del tiempo, el Gobierno singapurense revisó esta estrategia y adoptó objetivos más específicos.
Actualmente, dentro de la iniciativa Singapore Food Story 2, el país busca que para 2035 sus granjas locales desarrollen la capacidad para suministrar el 20 % del consumo local de fibra, categoría que incluye verduras de hoja y fruto, brotes y hongos, así como el 30 % del consumo local de proteínas, principalmente mediante huevos y productos del mar.
Este cambio refleja una estrategia más selectiva.
Singapur reconoce que no todos los alimentos pueden producirse localmente de manera eficiente. Cultivos que requieren grandes extensiones de tierra, como el arroz, resultan poco viables en un país con tan poco espacio disponible.
Por eso, la estrategia actual se concentra en productos que pueden producirse de manera más eficiente mediante tecnología, agricultura urbana y sistemas de ambiente controlado.
La producción local funciona además como uno de varios pilares de la seguridad alimentaria del país, junto con la diversificación de las importaciones, el almacenamiento estratégico y las alianzas internacionales.
Una industria con grandes oportunidades, pero también con problemas
A pesar del entusiasmo que generan las granjas verticales, el sector enfrenta importantes desafíos económicos.
La construcción de instalaciones altamente automatizadas requiere inversiones elevadas. Además, mantener sistemas de climatización, iluminación y automatización puede generar costos significativos de electricidad.
Las autoridades singapurenses han reconocido que las granjas tecnológicas enfrentan un entorno complejo debido a la inflación, el aumento de los precios de la energía y las dificultades para conseguir financiación. Estos problemas no son exclusivos de Singapur y han afectado a empresas de agricultura vertical en diferentes partes del mundo.
Por esta razón, la eficiencia tecnológica no es el único factor que determina el éxito de una granja vertical.
También es necesario que exista suficiente demanda para los productos, que los precios sean competitivos y que las instalaciones logren mantener costos operativos sostenibles.
Las propias autoridades han señalado que aumentar la capacidad de producción solo tiene sentido si existe una demanda capaz de absorber esos alimentos.
Un modelo para producir más cerca de las ciudades
Uno de los principales atractivos de la agricultura vertical es la posibilidad de producir alimentos dentro o cerca de los grandes centros urbanos.
En lugar de depender exclusivamente de productos cultivados a cientos o miles de kilómetros de distancia, las ciudades pueden desarrollar parte de su producción local en edificios, instalaciones industriales o espacios especialmente diseñados para el cultivo.
Esto puede reducir el tiempo entre la cosecha y el consumidor y, al mismo tiempo, ofrecer una fuente adicional de alimentos cuando las cadenas internacionales enfrentan problemas.
Singapur ya ha experimentado situaciones en las que fenómenos meteorológicos en países proveedores afectaron el suministro de vegetales. La estrategia actual busca que la producción local pueda actuar como un respaldo parcial frente a este tipo de interrupciones, especialmente en productos frescos y perecederos.
La agricultura del futuro no reemplaza a la tradicional, pero la complementa
La inauguración de la granja vertical de Growy muestra cómo la tecnología está modificando la manera en que se piensa la producción de alimentos.
Robots que trasladan plantas, sistemas que regulan la temperatura, microclimas adaptados a cada etapa de crecimiento y mecanismos para recuperar agua forman parte de un modelo agrícola que hace algunas décadas habría parecido propio de la ciencia ficción.
Sin embargo, el verdadero desafío no consiste únicamente en demostrar que es posible cultivar dentro de un edificio.
La cuestión fundamental es lograr que estos sistemas sean económicamente viables, energéticamente eficientes y capaces de producir alimentos a precios accesibles.
En el caso de Singapur, estas granjas forman parte de una estrategia mucho más amplia para reducir la vulnerabilidad derivada de su dependencia de las importaciones y aprovechar la tecnología para producir más alimentos utilizando menos espacio.
La capacidad proyectada de hasta 500 toneladas anuales convierte a la instalación de Growy en un ejemplo relevante de cómo la producción agrícola en ambientes controlados puede integrarse en las grandes ciudades.
El proyecto no representa el fin de la agricultura tradicional. Más bien muestra un posible complemento: mientras las zonas rurales continúan siendo fundamentales para la producción mundial de alimentos, las ciudades densamente pobladas comienzan a explorar la posibilidad de cultivar una parte de sus propios alimentos entre sensores, sistemas automatizados, robots y estructuras verticales.
Y en un país donde el espacio es uno de los recursos más escasos, cultivar hacia arriba podría convertirse en una de las formas más importantes de fortalecer la seguridad alimentaria del futuro.

