La muerte de Prichard Colón, confirmada este jueves 13 de agosto de 2026 a los 33 años, vuelve a poner bajo la lupa el lado más doloroso del boxeo: las historias de pugilistas que perdieron la vida después de sufrir graves lesiones durante una pelea.
El puertorriqueño era una de las grandes promesas de su generación. Llegó invicto a su combate contra Terrel Williams en octubre de 2015, pero aquella noche su vida cambió para siempre. Durante el enfrentamiento recibió varios golpes en la parte posterior de la cabeza, una zona en la que este tipo de impactos está prohibido.
Después del combate, Colón comenzó a sentirse mal, vomitó y terminó desplomándose. Los médicos descubrieron un hematoma subdural y tuvo que ser sometido a una cirugía de emergencia. Permaneció 221 días en coma y, después de despertar, quedó con graves secuelas neurológicas que le impidieron volver a llevar una vida independiente.
Casi 11 años después de aquella pelea, su padre, Richard Colón, confirmó su fallecimiento. Hasta el momento, la causa específica de muerte no ha sido divulgada públicamente, por lo que no se puede afirmar que falleció directamente por la lesión sufrida en 2015. Sin embargo, su historia quedó marcada para siempre por aquel combate.
BILLY COLLINS JR., UNA CARRERA DESTRUIDA POR UNA PELEA
La historia de Billy Collins Jr. es diferente, pero también está entre las más oscuras del boxeo.
El estadounidense tenía 21 años y permanecía invicto cuando enfrentó a Luis Resto el 16 de junio de 1983 en el Madison Square Garden. Collins perdió por decisión después de diez asaltos, pero la pelea quedó envuelta en un escándalo cuando se descubrió que los guantes de Resto habían sido manipulados.
Una investigación determinó que se había retirado parte del acolchado de los guantes y que las vendas utilizadas por Resto habían sido endurecidas con yeso. Collins terminó con graves lesiones en los ojos, incluido un desgarro en el iris, y quedó con visión permanentemente afectada. Nunca volvió a boxear.
Nueve meses después, Collins murió en un accidente automovilístico en Tennessee. Su fallecimiento no fue oficialmente atribuido a las lesiones de aquella pelea, aunque su padre sostuvo posteriormente que la pérdida de su carrera había provocado una profunda depresión. Por eso, su caso debe diferenciarse de los boxeadores que murieron directamente como consecuencia médica de un combate.

MAXIM DADASHEV, UNA TRAGEDIA CUATRO DÍAS DESPUÉS
En julio de 2019, el boxeo perdió a Maxim Dadashev, de 28 años.
El ruso enfrentó a Subriel Matías en un combate por una eliminatoria mundialista. Después del undécimo asalto, su entrenador Buddy McGirt decidió detener la pelea porque Dadashev estaba recibiendo demasiado castigo.
El boxeador necesitó ayuda para abandonar el ring y posteriormente comenzó a vomitar. Fue trasladado al hospital, donde los médicos tuvieron que realizarle una cirugía de emergencia por un hematoma subdural y una hemorragia cerebral.
Cuatro días después del combate, Dadashev murió debido a las lesiones cerebrales sufridas durante la pelea.

HUGO SANTILLÁN, OTRA MUERTE EN UNA MISMA SEMANA
La tragedia fue todavía mayor en 2019 porque, apenas unos días después de la muerte de Dadashev, falleció el argentino Hugo Santillán.
El boxeador, de 23 años, había enfrentado a Eduardo Abreu en Argentina. El combate terminó en empate, pero Santillán sufrió una grave lesión cerebral y posteriormente fue hospitalizado.
Murió días después como consecuencia de las lesiones sufridas durante aquella pelea. Su muerte, ocurrida apenas dos días después de la de Dadashev, conmocionó al mundo del boxeo.

PATRICK DAY, CUATRO DÍAS DESPUÉS DE SER NOQUEADO
Patrick Day tenía 27 años cuando enfrentó a Charles Conwell en octubre de 2019.
El estadounidense fue derribado en varias ocasiones antes de recibir un nocaut en el décimo asalto. Fue retirado del ring en camilla y posteriormente sometido a una cirugía cerebral.
Cuatro días después del combate, murió en un hospital de Chicago debido a las lesiones cerebrales provocadas durante la pelea. Conwell, profundamente afectado, expresó públicamente su pesar y aseguró que nunca había querido que algo así ocurriera.

BENNY PARET, UNA MUERTE QUE CONMOCIONÓ A ESTADOS UNIDOS
Mucho antes de estos casos, Benny Paret protagonizó una de las tragedias más recordadas de la historia del boxeo.
El cubano defendió el título mundial wélter frente a Emile Griffith el 24 de marzo de 1962. Durante el combate recibió una prolongada serie de golpes contra las cuerdas y terminó inconsciente.
Paret sufrió una hemorragia cerebral y murió diez días después, a los 25 años. La pelea había sido transmitida en televisión y su desenlace generó un intenso debate sobre la seguridad de los boxeadores y la responsabilidad de quienes rodeaban el cuadrilátero.

DUK-KOO KIM Y LA PELEA QUE CAMBIÓ EL BOXEO
Duk-Koo Kim tenía 23 años cuando viajó desde Corea del Sur hasta Estados Unidos para disputar el título mundial de peso ligero frente a Ray Mancini. El combate se realizó el 13 de noviembre de 1982 en Las Vegas y terminó convirtiéndose en una de las noches más trágicas de la historia del boxeo.
Kim y Mancini protagonizaron una pelea intensa que llegó hasta el decimocuarto asalto. Allí, el estadounidense conectó una combinación que derribó al surcoreano. Kim fue trasladado inmediatamente a un hospital, donde los médicos descubrieron un hematoma subdural y tuvieron que operarlo de emergencia.
El boxeador permaneció en coma y murió cuatro días después, el 17 de noviembre de 1982. Tenía apenas 23 años.
La tragedia provocó una profunda discusión sobre la seguridad de los pugilistas y las condiciones de los combates. En aquella época, las peleas por títulos podían extenderse hasta 15 asaltos, pero posteriormente el límite fue reducido a 12 rounds en los principales organismos del boxeo.
La muerte de Kim también afectó profundamente a Mancini, quien durante años habló sobre el impacto emocional que tuvo aquella tragedia en su vida.
Su caso quedó como uno de los episodios que obligaron al boxeo a revisar cuánto castigo podían soportar los deportistas dentro del ring.

DOS MUERTES EN UNA MISMA VELADA
En agosto de 2025, Japón vivió una tragedia pocas veces vista en el deporte.
Shigetoshi Kotari y Hiromasa Urakawa, ambos de 28 años, disputaron peleas diferentes durante la misma velada en el Korakuen Hall de Tokio. Los dos sufrieron lesiones cerebrales y tuvieron que ser hospitalizados.
Kotari murió el 8 de agosto y Urakawa falleció al día siguiente. Ambos habían sido sometidos a cirugías después de sus respectivos combates.
La doble tragedia llevó a las autoridades japonesas a adoptar medidas de seguridad. Entre ellas estuvo la reducción de los combates por títulos de la Federación Oriental y del Pacífico de 12 a 10 asaltos.

CUANDO LA CAMPANA NO MARCA EL FINAL
Las historias de Prichard Colón, Maxim Dadashev, Hugo Santillán, Patrick Day, Benny Paret, Duk-Koo Kim, Shigetoshi Kotari y Hiromasa Urakawa tienen un elemento común: el peligro del boxeo puede continuar incluso después de que termina una pelea.
En algunos casos, los boxeadores salen del cuadrilátero conscientes y las consecuencias aparecen minutos u horas después. Una hemorragia cerebral puede avanzar rápidamente y convertir una noche de deporte en una emergencia médica.
El caso de Billy Collins Jr. demuestra además que las consecuencias pueden destruir una carrera sin provocar necesariamente una muerte inmediata. La historia de Colón, ahora fallecido después de más de una década marcada por las secuelas de aquella pelea, vuelve a recordar el enorme precio que algunos boxeadores han pagado dentro del ring.
El boxeo tiene campeones, nocauts y noches históricas. Pero también tiene historias que obligan a mirar hacia el otro lado de las cuerdas: el de los deportistas que entraron al cuadrilátero para ganar una pelea y terminaron pagando un precio que nadie podía imaginar.



