Dicen que mantener una actitud positiva excesiva puede ser dañino para la salud, este es un tema que ha llamado mucho mi atención y que está a la orden del día en las redes sociales, medios de comunicación, avisos publicitarios y en un sin número de lugares insospechados; es viral y habitual, encontrarnos con mensajes que nos invitan a tener una actitud positiva durante y en todo tipo de situación.
Esto no está mal y aunque es importante ser optimistas, es necesario admitir que es imposible mantener siempre esta perspectiva; es decir lo que realmente está mal, a mi parecer y en este caso, es sobregeneralizar un estado feliz, silenciando u omitiendo nuestras emociones y sentimientos; en esto consiste precisamente lo que estudiosos del tema han llamado positividad tóxica o el positivismo extremo.
Sobre el tema, resulta interesante lo dicho por el profesor de psicología Frank T. McAndrew cuando menciona que los seres humanos recordamos más vívidamente las malas experiencias, es decir aquello que nos hizo daño, que nos volvió vulnerables y que nos provocó algún grado de malestar, pues son un mecanismo de defensa y aprendizaje para evitar experiencias futuras similares.
Pero se preguntarán ¿en dónde está el problema? Pues bien, algunos mencionan que radica, en la expectativa, debido a que esperar a que alguien mantenga siempre, en todo momento y en todo lugar una actitud positiva puede estimular a los demás a guardar silencio, a ocultar y sentir culpa por lo que están pasando o sintiendo, debido a la vergüenza, hasta el punto de fingir que todo está bien en lugar de vivir sin miedo sus emociones.
Sin embargo, este no es un llamado a dejarnos abatir por los problemas cotidianos o a mal recibir una palabra de aliento, sino más bien a dar rienda suelta a nuestros sentimientos. Es necesario aceptar las emociones analizarlas y entrever lo que nos quieren enseñar; no podemos crear un mundo perfecto basado en fantasías en donde nada nos lastima y nada sale mal, esto sería una idealización de la realidad. Lo que podríamos hacer en lugar de tergiversar nuestras emociones es aprobar y aceptar, cambiar el lenguaje, el sé positivo puede ser reemplazado por sé que es difícil, o el podría ser peor puede ser perfectamente reemplazado por trato de entender lo que estás sintiendo. Sustituir palabras y dejar ser a las emociones en su justo momento y lugar es un buen ejercicio para la salud mental.
Según la psicóloga británica Sally Baker, el problema de la positividad tóxica es que es una negación de todos los aspectos emocionales que sentimos ante cualquier situación que nos plantee un desafío.
«No podemos desvirtualizar el mundo emocional, esto puede llevar a vivir una vida irreal que daña nuestra salud mental. Tanto positivismo no es positivo para nadie. Si no hay frustración y fracaso, no aprendemos a desarrollarnos en nuestras vidas».
Por: Lady Viviana Guerrero Ponce

