Cuando un habitante de Rivera, una ciudad fronteriza uruguaya, vaya al supermercado local esta semana, verá que el precio de un tubo de pasta de dientes de 180 gramos es de 243 pesos (US$6,20).
Si va a un supermercado brasileño -algo para lo que solo se necesita cruzar la calle, porque la ciudad continúa sin barreras con el nombre de Sant’Ana do Livramento-, esa misma pasta dental -igual marca, igual peso, igual versión, producida en la misma planta en São Paulo- la puede comprar por 6,99 reales (US$1,28).
La pasta de dientes es solo un ejemplo -tal vez uno de los más notorios- de que Uruguay es un país caro.
El importador la ingresa al país a un valor, pero cuando llega al público su precio promedio casi se triplica, de acuerdo a una investigación realizada por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) a pedido del Banco Central de Uruguay y publicada en febrero.
Más pronunciada es la diferencia en una barra de jabón o un desodorante, cuyo precio en una tienda o supermercado se multiplica hasta por 6 respecto al valor al que entró en el país.

