Por Alina Constanza Silva R.
En Nariño no es extraño que una elección cambie de resultado entre el preconteo de la noche electoral y el escrutinio final. Lo que inicialmente parece una tendencia clara puede modificarse horas o incluso días después. La pregunta inevitable es: ¿por qué ocurre esto con tanta frecuencia?
Las razones son varias. En primer lugar, existen dificultades geográficas y logísticas propias del Pacífico nariñense. Muchos municipios solo tienen acceso por río o por mar. El transporte de material electoral puede hacerse en lancha, avioneta o incluso después de largas travesías fluviales. A esto se suma la ubicación de mesas de votación en veredas apartadas y los retrasos en la transmisión de datos o en el traslado de formularios electorales.
Pero la explicación no es únicamente geográfica. También se mencionan con frecuencia irregularidades electorales que forman parte del debate público en Colombia: compra de votos, trashumancia electoral, constreñimiento al elector o alteración de resultados. En municipios pequeños, donde existen pocos puestos de votación y un número reducido de electores, unos pocos cientos de votos que aparezcan al final del escrutinio pueden cambiar completamente el resultado de una elección.
La historia de Nariño como territorio decisivo en procesos electorales se remonta a las elecciones presidenciales de 1970. En ese momento se enfrentaban Misael Pastrana Borrero y el general Gustavo Rojas Pinilla. Los reportes preliminares difundidos por las emisoras del país señalaban inicialmente una ventaja de Rojas Pinilla. Sin embargo, el conteo oficial se suspendió y al día siguiente el ganador resultó ser Pastrana.
Este cambio generó una de las controversias políticas más grandes del siglo XX en Colombia. Durante años circularon relatos según los cuales desde Nariño se habrían manipulado resultados electorales. Uno de los episodios más mencionados alude a la existencia de un “arca triclave” donde se guardaban las actas electorales del departamento y desde la cual, según algunas versiones, se habrían cambiado votos favorables a Rojas Pinilla por votos para Pastrana. Aunque estas versiones nunca fueron plenamente comprobadas, el episodio quedó en la memoria política del país.
Más allá de esa controversia histórica, lo cierto es que la costa pacífica de Nariño tiene características electorales particulares. Durante décadas esta región ha estado relativamente aislada del interior del departamento y de su capital, Pasto, con escasa infraestructura de transporte, limitados sistemas de comunicación y una débil presencia institucional.
Estas condiciones han permitido la consolidación de liderazgos políticos locales muy fuertes, capaces de movilizar grandes cantidades de votantes en municipios donde existen pocos puestos de votación, pero una alta concentración de electores. No es extraño que municipios con diez o quince mil votos terminen siendo decisivos para definir elecciones al Congreso, a la Gobernación o incluso a las alcaldías.
En la noche electoral muchas veces no aparecen los resultados completos de estos municipios. Pero cuando finalmente llegan al escrutinio oficial, pueden alterar la tendencia inicial de la elección.
A esto se suman otros factores que han sido señalados en distintos procesos electorales: presión de actores armados, trashumancia electoral y una vigilancia institucional limitada en territorios alejados.
Para entender mejor este fenómeno también es necesario mirar la geografía electoral del departamento. Nariño puede dividirse, de manera general, en tres regiones políticas.
La primera es Pasto y su área de influencia, donde se concentra el mayor censo electoral y donde predomina un voto más urbano y de opinión. Ganar en Pasto es importante, pero no siempre suficiente para asegurar una victoria departamental.
La segunda es la región sur andina, caracterizada por la fuerte presencia de comunidades indígenas. En esta zona el voto suele estar organizado comunitariamente y los acuerdos con liderazgos locales pueden producir votaciones muy altas en bloque.
La tercera es la región pacífica, donde el voto suele ser más concentrado y el liderazgo político local tiene un peso considerable. Municipios como San Andrés de Tumaco pueden aportar miles de votos que inclinan el resultado final.
Por eso, en la práctica política nariñense, ganar una elección suele requerir una combinación de tres elementos: un buen resultado en Pasto, apoyo en el sur andino y votaciones significativas en la costa pacífica.
En otras palabras, Pasto aporta volumen de votos, el sur aporta organización electoral y el Pacífico aporta votaciones concentradas que, en elecciones cerradas, pueden cambiar quién gana y quién pierde


