¿Por qué Colombia no ha sido capaz de optar por una opción presidencial de Centro?

Desde hace muchos años Colombia ha tenido la oportunidad de optar por una opción no polarizada, dejando de lado los extremos de izquierda o de derecha. En el 2010 Colombia elegía entre dos posturas muy disimiles. Muchos votantes votarían por vez primera, y querían jugársela por un camino de Centro que seguía un legado valioso, el de Antanas Mockus; hombre polémico, pero brillante en sus propuestas. El no solo buscaba proteger el medioambiente, sino que pretendía impulsar sectores que no habían sido considerados como prioridad en anteriores gobiernos; tal vez, a causa de las oleadas de violencia e inseguridad. Mockus se la jugaba por el sector educativo y la ciencia; quería fortalecerlo, orientándolo a fomentar la convivencia ciudadana, la apropiación por el territorio, y la honestidad en el ejercicio de lo público. Mientras tanto Santos, un candidato apoyado por los partidos políticos tradicionales, ofrecía generar por fin una alto al fuego, y luchar por la anhelada paz; aunque, no ofrecía una decisiva inversión en los sectores mencionados, pero si hacía mucho énfasis en el poner fin al conflicto armado, línea que ha sido determinante para las propuestas de gobiernos futuros.

En ese momento histórico, dos candidatos peleaban cabeza a cabeza la presidencia, en la primera vuelta votaron por Mockus el 31,6 %, frente al 34 % de Santos; lo cual constituía una hazaña para el primero, pues no contaba con la financiación de los grupos de poder, y el apoyo de la política tradicional; aquí podríamos citar la frase de Fajardo, formula vicepresidencial de Mockus en ese instante: “de la forma en que se accede al poder se gobierna”. Santos acudió a la guerra sucia, utilizando a su estratega JJ Rendon para sembrar rumores falaces acerca de que Mockus iba a acabar con el SENA, madres en acción; además, se comprometió a no realizar ninguna reforma tributaria, lo cual incumplió varias veces en su gobierno; todo para ganar, perdiéndose una oportunidad de oro para dar un viraje de 180 grados a la realidad política del país.  Santos jugó con el anhelo de paz y seguridad de colombianos, como lo han hecho muchos políticos, y ante su ansia de obtener el premio nobel, forzó procesos, y dio demasiadas concesiones a una guerrilla que no jugó limpio. Nuestra historia ha discurrido desde la represión extrema, hasta la laxitud con los actores de la violencia, pero no se ha propiciado los cambios estructurales que verdaderamente creen una sociedad justa, equitativa, donde los políticos practiquen la máxima de Mockus “recursos públicos, recursos sagrados”, “condiciones sine ecua non” para edificar una paz real y duradera. Solo generando institucionalidad en extensas zonas abandonadas por los gobiernos durante largos años, combatiendo la corrupción por dentro y fuera del Estado, educando a los ciudadanos para pensar, con valores morales y ciudadanos sólidos, podremos ver la luz al final del túnel; no con soluciones facilistas y populistas de mesías de mentiras, pues, el único verdadero nació hace más de dos mil años, y el pueblo lo traicionó, como venimos haciendo desde ese momento los humanos, con muchos de nuestros líderes.

Sergio Fajardo planteó una opción coherente y decente de centro, que no les debía favores a clanes políticos corruptos, ni ha partidos tradicionales manchados por ejecutorias oscuras de miembros suyos. Constituía una tercera vía al odio y la polarización, planteando alternativas a la ciega confrontación, para plantear la reconciliación entre extremos con la célebre frase: “pensar diferentes no nos debe hacer enemigos”. Talvez, a muchos colombianos les sigue gustando los políticos con discursos elocuentes llenos de promesas vacías difíciles de cumplir, que más que programas, venden paraísos que se desmoronan tras el primer año de gobierno; con actitudes caudillistas, donde los únicos buenos son ellos y sus copartidarios, alimentándose del odio al diferente; asesorados por equipos de marketing político expertos en vendernos estadistas de papel. 

La polarización en el poder, ha tomado medidas drásticas en ciertos problemas de Colombia: tales como la inseguridad, la economía, el narcotráfico, y el cuidado del medio ambiente; pero descuidando aspectos importantísimos como la educación, garantías a sectores como el agrícola, el transportador, y la ciencia e innovación.

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