Por: Manuel Erazo Cabrera
Los “pastusos” por su postura contraria en el proceso de la mal “llamada independencia de España” (siglo XIX), fueron calificados con palabras de todo calibre y muchas veces con descripciones no siempre “agradables”, puesto que se utilizaron apelativos tales como: tontos, obtusos, tercos, ignorantes, empecinados, malditos, malvados, orgullosos, fieles al rey; pero también se les dijo: tenaces, aguerridos, victoriosos y una gran cantidad de adjetivos que denotaban desesperación de aquellos que los enfrentaron en los campos de batalla y que en el fondo los respetaban, por no decir que les “temían”.
Luego de la Batalla de Bomboná (7 de abril de 1822), considerada como la más sangrienta en la historia de Colombia, Bolívar vuelve a escribirle a Santander y le dice: “Desde la conquista acá, ningún pueblo se ha mostrado más tenaz que ese. Acuérdese usted de lo que dije sobre la capitulación de Pasto (Berruecos 6 de junio de 1822), porque desde entonces conocí la importancia de ganar esos malvados”, al año siguiente (julio 23 de 1823) vuelve y repite: ”ya acá visto que no se pueden ganar, por lo mismo es preciso destruirlos hasta en sus elementos”…”Logramos, en fin, destruir a los pastusos. No sé si me equivoco como me he equivocado otras veces con esos malditos hombres, pero me parece que por ahora no levantarán más su cabeza los muertos”, le escribió nuevamente a Francisco de Paula Santander. En este contexto el caraqueño (Bolívar) expreso: “los pastusos son la nueva Numancia”, la pregunta es obvia ¿qué quería decir?.
Para entender el ¿por qué? Bolívar hizo esa aseveración, es menester remitirnos a la historia de Europa y exploremos cual es el paralelismo que hizo con esa frase. Empecemos diciendo que Numancia, es una antigua ciudad celtíbera situada en lo que hoy es la provincia de Soria en España, en el año 133 A.C. se convirtió en un símbolo de resistencia contra el imperio Romano. En el verano de ese año, las tropas romanas, lideradas por Publio Cornelio Escipión Emiliano, asediaron Numancia. A pesar del cerco inhumano, que generó la hambruna y las enfermedades, los “numantinos” prefirieron la muerte antes que rendirse. Su valentía y sacrificio se grabaron en la historia de la antigua Iberia (Hoy España y Portugal) y se la denominó como “resistencia numantina”.
la actitud y carácter de los habitantes de Numancia, impresionó tanto al imperio Romano que escritores y poetas como Plinio o Floro alabaron su resistencia y esta se convirtió en un mito, que se unió a los de otras ciudades y pueblos de la península que lucharon hasta el final contra esa poderosa fuerza de guerra, como las ciudades cántabras, Calagurris y Estepa. Esa feroz resistencia también dejó huella en la lengua española, que acoge el adjetivo “numantino” con el significado que resiste con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias.
-Hemos aprendido algo de historia-

