POR CALENTAMIENTO GLOBAL GLACIAR DESAPARECE PARA SIEMPRE

Una alarmante señal del impacto del calentamiento global quedó confirmada en Colombia: el glaciar de los Cerros de la Plaza, ubicado en la Sierra Nevada de Güicán o El Cocuy, desapareció por completo. Así lo confirmó el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), tras años de seguimiento científico que hoy concluyen con una noticia contundente: este ecosistema dejó de existir.

Lejos de tratarse de un hecho repentino, su desaparición es el resultado de un proceso lento pero constante que se ha extendido por más de un siglo. A mediados del siglo XIX, este glaciar tenía una extensión aproximada de 5,5 kilómetros cuadrados, siendo uno de los cuerpos de hielo representativos de los Andes tropicales. Sin embargo, el deterioro fue acelerándose con el paso de las décadas. Para el año 2016, su tamaño ya se había reducido de forma crítica a apenas 0,15 km². Hoy, la cifra es definitiva: su cobertura es de 0 km², lo que confirma su extinción total.

Expertos señalan que esta pérdida está directamente relacionada con el aumento sostenido de las temperaturas globales, la disminución de las precipitaciones en forma de nieve y su ubicación en una altitud altamente vulnerable frente a los cambios climáticos. En los Andes tropicales, los glaciares funcionan como verdaderos “termómetros naturales”, ya que reaccionan rápidamente a las variaciones del clima, evidenciando el avance del calentamiento global.

El monitoreo fue realizado mediante herramientas satelitales del Ideam y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), lo que permitió documentar con precisión cada fase del retroceso hasta confirmar su desaparición. Pero el impacto de esta pérdida va mucho más allá de lo visual o científico.

La desaparición de un glaciar afecta directamente la regulación hídrica, ya que estos ecosistemas actúan como reservas naturales de agua que alimentan ríos y abastecen a comunidades. Además, altera los ecosistemas de alta montaña, poniendo en riesgo la biodiversidad y el equilibrio ambiental de toda la región.

Este hecho se convierte en una advertencia clara: el cambio climático no es una amenaza futura, sino una realidad que ya está transformando el territorio colombiano de manera irreversible.

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