Una nueva fuente de agua para Chile: así funcionará la desalinizadora de Valparaíso

Chile continúa ampliando sus alternativas para enfrentar uno de los principales desafíos de la zona central: la disponibilidad de agua. En la Región de Valparaíso, el proyecto de Aguas Pacífico contempla una gran planta desalinizadora ubicada en la comuna de Puchuncaví, destinada a transformar agua de mar en agua dulce y transportarla hacia distintos puntos del interior de la región y de la Región Metropolitana.

La iniciativa tiene una capacidad proyectada de 1.000 litros por segundo y contempla un sistema de conducción de aproximadamente 105 kilómetros, que permitirá trasladar el agua desde la costa hasta el sector de Quilapilún, en la Región Metropolitana.

Sin embargo, es importante precisar un punto sobre la información de la convocatoria. A septiembre de 2026 no se encuentra abierta una recepción de ofertas para construir esta planta en Valparaíso. El proyecto ya se encuentra en una etapa mucho más avanzada: la infraestructura fue construida y en 2025 Aguas Pacífico adjudicó a la empresa francesa Veolia el contrato para apoyar la puesta en marcha y posteriormente operar y mantener la planta y el sistema de conducción.

Por ello, la referencia a una supuesta apertura actual de recepción de ofertas para la edificación de esta planta parece corresponder a una etapa anterior, a otro proceso de licitación o a una confusión con otros proyectos de desalación que se han desarrollado en Chile.

Una respuesta a la escasez hídrica

La importancia de la iniciativa está relacionada con el escenario de disponibilidad de agua que enfrenta la zona central de Chile. La desalinización permite incorporar una fuente independiente de las precipitaciones y de los caudales de los ríos, utilizando el agua del océano como materia prima.

El proyecto de Aguas Pacífico fue planteado precisamente como una nueva fuente de agua para usos múltiples. La compañía señala que la planta estará ubicada en Puchuncaví y que su producción alcanzará los 1.000 litros por segundo. El agua será conducida mediante un acueducto de 105 kilómetros hacia el interior.

La infraestructura no está pensada únicamente como una planta aislada en la costa. Su diseño contempla un sistema completo compuesto por la captación de agua de mar, el proceso de desalación, instalaciones de almacenamiento y una extensa red de conducción para llevar el recurso hacia los usuarios finales.

De esta manera, el proyecto busca conectar la disponibilidad prácticamente permanente de agua de mar con zonas que necesitan contar con nuevas fuentes de abastecimiento.

¿Dónde se encuentra la planta?

La instalación se encuentra en la comuna de Puchuncaví, Región de Valparaíso, en la costa central de Chile.

Desde allí comienza un sistema de conducción de aproximadamente 105 kilómetros que atraviesa distintos sectores hasta llegar a Quilapilún, en la Región Metropolitana. El trazado contempla infraestructura en comunas de la Región de Valparaíso y posteriormente continúa hacia la Región Metropolitana.

Esto convierte al proyecto en algo más amplio que una simple planta industrial. Para que el agua llegue efectivamente a los usuarios, es necesario mantener funcionando todo un sistema de transporte, almacenamiento y distribución.

El proyecto contempla además estanques de acumulación y obras complementarias destinadas a regular la entrega del agua.

¿Cómo funciona una planta desalinizadora?

El principio general de una planta desalinizadora consiste en separar las sales y otros componentes presentes en el agua de mar para obtener agua con características adecuadas para los usos previstos.

En instalaciones modernas, una de las tecnologías más utilizadas es la ósmosis inversa. En términos generales, el agua de mar es sometida a presión y pasa por membranas capaces de retener las sales y otras sustancias disueltas.

El proceso genera dos corrientes principales: una de agua desalinizada y otra de agua con una concentración mayor de sales, conocida habitualmente como salmuera.

Por esta razón, construir una desalinizadora no consiste únicamente en instalar equipos para filtrar agua. El proyecto también debe considerar la captación marina, el tratamiento, la gestión de la salmuera, el consumo energético, las tuberías, las estaciones de bombeo y la infraestructura necesaria para transportar el agua.

El componente energético

Uno de los aspectos relevantes de este proyecto es el uso de energía renovable.

Aguas Pacífico suscribió un acuerdo de suministro eléctrico con Colbún para abastecer sus instalaciones mediante energía proveniente de fuentes renovables. La iniciativa energética está vinculada al objetivo de reducir el impacto asociado al elevado consumo eléctrico que requiere el proceso de desalación.

Esto es especialmente importante porque la desalación requiere energía para impulsar el agua y realizar el proceso de separación de las sales.

Por tanto, hablar de una desalinizadora alimentada con energía renovable es más preciso que afirmar simplemente que los paneles solares están instalados directamente sobre la planta. El suministro energético renovable puede formar parte de un esquema eléctrico conectado al sistema, mientras que la planta utiliza esa electricidad para desarrollar sus procesos.

En documentos del Ministerio de Obras Públicas también se ha planteado, para proyectos de desalación, el uso de fuentes de Energía Renovable No Convencional (ERNC), incluida la solar.

Una infraestructura de gran escala

La capacidad de 1.000 litros por segundo permite dimensionar la magnitud del proyecto.

Si la planta opera de manera continua a esa capacidad máxima, podría producir hasta 86,4 millones de litros de agua al día, equivalentes a 86.400 metros cúbicos diarios.

No obstante, esta cifra representa una capacidad máxima teórica calculada a partir de la producción de 1.000 litros por segundo. La producción efectiva puede variar según las condiciones de operación, mantenimiento y demanda.

La escala del proyecto también se refleja en el sistema de transporte. El acueducto de aproximadamente 105 kilómetros debe mantener condiciones adecuadas de presión y funcionamiento para llevar el agua desde la costa hacia los puntos de distribución.

El proyecto no se limita a Valparaíso

Aunque suele hablarse de la iniciativa como una planta destinada a la Región de Valparaíso, su alcance territorial es mayor.

El sistema está diseñado para abastecer a usuarios ubicados tanto en la Región de Valparaíso como en la Región Metropolitana. La conducción llegará hasta Quilapilún y permitirá distribuir el agua hacia distintos usuarios del interior.

El proyecto también contempla usos asociados a actividades productivas y al abastecimiento de comunidades rurales, por lo que se presenta como una infraestructura multipropósito.

Este aspecto es importante porque diferencia el proyecto de una desalinizadora exclusivamente destinada al consumo urbano. Su propósito es generar una nueva fuente de agua que pueda integrarse a distintas necesidades del territorio.

¿Quién construyó y quién operará la planta?

El desarrollo de la infraestructura corresponde a Aguas Pacífico, mientras que la operación y mantenimiento fueron adjudicados posteriormente a Veolia.

En octubre de 2025, Veolia anunció que había sido seleccionada después de un proceso internacional en el que participaron seis empresas. El contrato contempla inicialmente apoyo al comisionamiento, es decir, a la etapa de puesta en marcha de la planta y del acueducto. Posteriormente, considera la operación y mantenimiento de la planta desalinizadora, el acueducto y las obras de almacenamiento.

La operación en régimen está asociada a una producción de 1.000 litros por segundo, además del transporte del agua hacia los clientes finales.

¿Por qué es importante aclarar la supuesta recepción de ofertas?

La aclaración es relevante porque existen varios proyectos de desalación en Chile que han atravesado procesos de licitación durante los últimos años.

Por ejemplo, el Ministerio de Obras Públicas ha desarrollado un proceso diferente para la Planta Desaladora para la Región de Coquimbo. En abril de 2025, el MOP informó que la recepción de ofertas técnicas y económicas de ese proyecto estaba programada para julio. Posteriormente, el proceso avanzó y en octubre de 2025 se realizó oficialmente la recepción de las ofertas para la concesión.

Por tanto, una noticia que mencione específicamente la «recepción de ofertas» puede estar haciendo referencia a otro proyecto desalinizador chileno, y no a la planta de Aguas Pacífico en Puchuncaví.

La desaladora de Valparaíso, en cambio, ya había pasado por etapas de desarrollo y construcción antes de que Veolia recibiera el contrato de operación y mantenimiento.

El desafío ambiental de desalinizar agua de mar

La desalinización ofrece una fuente adicional de agua, pero también implica desafíos ambientales y técnicos que deben ser gestionados.

Uno de los principales es la disposición de la salmuera, el flujo de agua que queda con una mayor concentración de sales después del proceso de desalación. La forma en que se capta el agua de mar y se devuelve el flujo concentrado al océano es un elemento importante en el diseño ambiental de cualquier instalación de este tipo.

También deben considerarse los sistemas de captación marina, el consumo energético, las emisiones indirectas asociadas a la electricidad utilizada y los efectos de las obras sobre el entorno costero.

Por eso, la construcción y operación de una planta desalinizadora requiere evaluaciones ambientales y sistemas diseñados específicamente para reducir los impactos asociados a estas actividades.

Una tendencia que se extiende por Chile

El proyecto de Valparaíso forma parte de una tendencia más amplia en Chile: utilizar la desalinización para complementar las fuentes tradicionales de agua.

El país ya cuenta con distintas plantas desalinizadoras destinadas principalmente a actividades mineras e industriales, especialmente en el norte, y durante los últimos años han aumentado las iniciativas destinadas también a consumo humano y usos multipropósito.

El propio MOP ha impulsado proyectos de desalación mediante el sistema de concesiones. En el caso de Coquimbo, por ejemplo, el proyecto contempla una inversión del orden de cientos de millones de dólares y busca reforzar la seguridad hídrica de la conurbación de La Serena y Coquimbo.

Esto muestra que la desalación está pasando de ser una solución asociada principalmente a determinadas actividades industriales a convertirse también en una alternativa dentro de las estrategias de abastecimiento hídrico regional.

¿Qué significa para la Región de Valparaíso?

Para la Región de Valparaíso, la principal característica del proyecto es la incorporación de una fuente de agua que no depende directamente de las lluvias.

La planta puede captar agua del océano y transformarla en un recurso aprovechable, mientras que el acueducto permite trasladarla hacia zonas interiores.

El objetivo no es necesariamente sustituir todas las fuentes tradicionales de agua, sino incorporar una fuente adicional que contribuya a diversificar el sistema de abastecimiento.

En un contexto de variabilidad climática y presión sobre los recursos hídricos, disponer de distintas fuentes puede reducir la dependencia de una sola alternativa.

Un proyecto que conecta agua, energía e infraestructura

La desalinizadora de Puchuncaví representa, además, la integración de varias áreas tecnológicas.

Por un lado está la ingeniería hidráulica necesaria para captar y transportar agua. Por otro, la tecnología de desalación, principalmente basada en procesos de membranas. A esto se suma la infraestructura eléctrica requerida para operar bombas y equipos industriales y el componente de energía renovable asociado al suministro eléctrico.

Finalmente, existe un sistema de control y operación que debe coordinar la producción, el almacenamiento y el transporte del agua.

En ese sentido, la iniciativa puede entenderse como un sistema integrado de infraestructura hídrica y energética, más que como una planta independiente.

Un proyecto que marca una nueva etapa para el abastecimiento hídrico

La planta desalinizadora de Aguas Pacífico representa uno de los proyectos de mayor escala de este tipo en la zona central de Chile. Con una capacidad de 1.000 litros por segundo, una conducción de 105 kilómetros y conexión con usuarios de las regiones de Valparaíso y Metropolitana, la iniciativa busca incorporar el agua de mar como una fuente adicional para el territorio.

Aunque la referencia a una «recepción de ofertas para la edificación» no corresponde al estado actual del proyecto de Valparaíso, sí refleja una etapa que puede confundirse con otros procesos de licitación de plantas desalinizadoras que se han desarrollado en Chile.

Actualmente, el foco está en la puesta en marcha, operación y mantenimiento de una infraestructura que ya ha avanzado significativamente en su desarrollo. Veolia fue seleccionada para acompañar el comisionamiento y posteriormente operar y mantener la planta y su sistema de transporte.

Con ello, Chile continúa incorporando la desalinización dentro de su infraestructura hídrica, mientras la Región de Valparaíso se prepara para contar con una nueva fuente de agua basada en la utilización del océano y respaldada por un suministro eléctrico de origen renovable.

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