Atacama apuesta por el agua del mar: una desalinizadora alimentada con energía solar toma forma en Chile

En uno de los territorios más áridos del planeta, Chile busca convertir el abundante recurso del océano y la intensa radiación solar del desierto de Atacama en una nueva fuente de agua para sus actividades productivas. El proyecto ENAPAC —Energías y Aguas del Pacífico— plantea la construcción de un gran complejo de desalinización alimentado principalmente por energía fotovoltaica, con infraestructura destinada a transportar el agua hacia distintos usuarios de la Región de Atacama.

La iniciativa, impulsada actualmente por Aguasol, vinculada al grupo israelí Solaer Renewable Energies, representa uno de los proyectos más ambiciosos de integración entre energía renovable y gestión hídrica desarrollados en Chile. Su objetivo es producir agua a partir del océano Pacífico, desalinizarla mediante ósmosis inversa y posteriormente distribuirla hacia zonas donde la disponibilidad de recursos hídricos es limitada.

Sin embargo, existe un matiz importante respecto al estado de las obras. Aunque en algunas publicaciones se ha presentado ENAPAC como una planta que ya comenzó a construirse, la información más reciente disponible indica que la planta fotovoltaica asociada al proyecto ya se encontraba en construcción, mientras que la infraestructura principal de desalación todavía estaba en una etapa previa a su construcción definitiva. A fines de 2025, los responsables señalaban que aún eran necesarios permisos sectoriales, ingeniería de detalle y contratos de largo plazo con clientes para poder avanzar con el grueso de las obras.

Un proyecto pensado para un territorio marcado por la escasez hídrica

La Región de Atacama enfrenta desde hace años una fuerte presión sobre sus recursos hídricos. El clima extremadamente seco de la zona limita la disponibilidad de agua continental, mientras que actividades como la minería y la agricultura requieren importantes volúmenes para mantener sus operaciones.

La situación ha impulsado a Chile a buscar fuentes alternativas de abastecimiento. La desalación del agua de mar se ha convertido progresivamente en una de las principales alternativas para las regiones del norte del país.

Atacama ya cuenta con infraestructura de este tipo. Por ejemplo, Aguas CAP opera desde 2014 una planta desalinizadora ubicada al norte de Caldera que suministra agua a operaciones mineras y también aporta recursos para usos humanos y agrícolas en la región.

ENAPAC busca llevar este concepto a una escala considerablemente mayor, planteando una infraestructura capaz de atender simultáneamente a distintos usuarios y sectores productivos.

¿Qué es ENAPAC?

ENAPAC es el acrónimo de Energías y Aguas del Pacífico. El proyecto comenzó a desarrollarse hace varios años y posteriormente pasó al control de Solaer y su filial Aguasol.

La iniciativa contempla una planta desalinizadora de agua de mar basada en tecnología de ósmosis inversa, un reservorio de gran capacidad, sistemas de impulsión y distribución y una planta fotovoltaica destinada a suministrar la energía necesaria para el funcionamiento del complejo.

La Resolución de Calificación Ambiental del proyecto establece como objetivo producir y suministrar agua desalada para usos industriales mediante una planta de ósmosis inversa y una planta fotovoltaica para aportar energía durante la fase de operación. El proyecto contempla instalaciones en las comunas de Caldera y Copiapó.

Con el paso de los años, el diseño y las dimensiones anunciadas del proyecto han evolucionado. La información corporativa de Solaer describe actualmente una primera fase de producción de alrededor de 1.750 litros por segundo, equivalente a aproximadamente 55 millones de metros cúbicos de agua al año.

Otras actualizaciones del proyecto han planteado una capacidad final cercana a los 3.000 litros por segundo, dependiendo de las fases de desarrollo y de las ampliaciones contempladas.

Del agua de mar al agua utilizable

El funcionamiento de ENAPAC se basa principalmente en la ósmosis inversa, una tecnología ampliamente utilizada en plantas desalinizadoras modernas.

El proceso comienza con la captación de agua del océano. Posteriormente, el agua pasa por sistemas de pretratamiento que eliminan partículas y otros elementos que podrían afectar a las membranas.

Después llega la etapa de ósmosis inversa. En ella, el agua de mar es impulsada a alta presión a través de membranas semipermeables capaces de separar gran parte de las sales y otros componentes disueltos.

El resultado son dos corrientes principales: agua con una concentración de sales considerablemente menor y una corriente de rechazo o salmuera que contiene una concentración mayor de sales.

La gestión de esa salmuera es uno de los aspectos ambientales más importantes de cualquier proyecto de desalación. Por ello, la captación, conducción y descarga deben ajustarse a las autorizaciones ambientales y sectoriales correspondientes.

En el caso de ENAPAC, la evaluación ambiental contempla tanto las instalaciones de desalación como las obras relacionadas con la captación de agua de mar y la descarga de la salmuera.

La energía solar como pieza central

Uno de los elementos que diferencia a ENAPAC es que la desalación estará vinculada directamente con una importante infraestructura de generación renovable.

La compañía Solaer describe el proyecto como una combinación de una planta fotovoltaica y sistemas de almacenamiento energético destinados a suministrar buena parte de la energía requerida por el complejo. En la documentación corporativa se contempla una planta solar de aproximadamente 150 MW, acompañada por alrededor de 400 MWh de almacenamiento.

En versiones anteriores del proyecto se hablaba de una planta fotovoltaica de 100 MW, mientras que posteriores actualizaciones elevaron la potencia prevista. Esto explica por qué algunas informaciones publicadas en años anteriores presentan cifras diferentes.

La elección del desierto de Atacama no es casual. La zona presenta uno de los mejores recursos solares del planeta, lo que permite aprovechar una enorme cantidad de radiación para generar electricidad.

El objetivo es utilizar esa electricidad renovable para reducir la dependencia de fuentes fósiles y disminuir la huella asociada al consumo energético de la desalación, un proceso que requiere cantidades importantes de electricidad.

Una batería para llevar el sol más allá del día

El desafío de utilizar energía solar para una planta que necesita funcionar de forma estable es evidente: los paneles fotovoltaicos generan electricidad principalmente durante las horas de radiación solar.

Por esa razón, ENAPAC contempla incorporar almacenamiento mediante baterías. La combinación de generación fotovoltaica y almacenamiento permitiría desplazar parte de la electricidad generada durante el día hacia períodos en los que la producción solar disminuye.

La información publicada a fines de 2025 señala que la planta solar destinada a abastecer el proyecto estaba en construcción y que el diseño energético contemplaba almacenamiento para proporcionar continuidad a la operación de la desalinizadora.

Esto convierte al proyecto en algo más complejo que una simple planta desalinizadora: se trata de un sistema integrado de agua, generación eléctrica, almacenamiento y distribución.

Un gran reservorio para regular el suministro

ENAPAC también contempla un reservorio con una capacidad aproximada de 592.000 metros cúbicos.

La función de este almacenamiento es especialmente importante porque permite separar, al menos parcialmente, el momento de producción del agua del momento en que los clientes necesitan recibirla.

El agua desalinizada puede ser almacenada y posteriormente enviada a los distintos usuarios mediante redes de distribución.

El proyecto contempla dos grandes corredores de distribución. Uno de ellos tendrá alrededor de 166 kilómetros y se dirigirá hacia la zona de Diego de Almagro. El segundo, según la información disponible a fines de 2025, tendrá aproximadamente 157 kilómetros hacia el sector de Maricunga.

La extensión de estas redes muestra que ENAPAC no está pensado simplemente como una planta situada junto al océano, sino como una infraestructura hídrica de alcance regional.

Minería y agricultura: los principales sectores beneficiados

Uno de los aspectos más relevantes de ENAPAC es su concepto de operación multicliente y multisectorial.

La minería es uno de los principales consumidores potenciales de agua en el norte de Chile. Las operaciones mineras requieren el recurso para diferentes procesos industriales y, en determinadas zonas, la disponibilidad de agua continental constituye una limitación para el desarrollo de nuevos proyectos.

La idea de ENAPAC es proporcionar una fuente alternativa procedente del mar, permitiendo reducir la presión sobre las fuentes continentales.

Pero la minería no es el único sector contemplado.

La agricultura también aparece como potencial usuaria del sistema. De acuerdo con información publicada sobre el proyecto, su infraestructura podría permitir suministrar agua a actividades agrícolas de la región, incluyendo eventualmente cultivos ubicados en el entorno del río Copiapó.

Esto es especialmente significativo en un territorio donde la agricultura depende de una disponibilidad hídrica limitada.

¿Podría cambiar la agricultura de Atacama?

El impacto potencial sobre la agricultura es uno de los puntos que más interés genera alrededor de ENAPAC.

El proyecto podría permitir que determinados volúmenes de agua desalinizada lleguen a actividades agrícolas que actualmente compiten por un recurso hídrico escaso.

La información del proyecto incluso plantea la posibilidad de que parte del suministro llegue a zonas vinculadas con cultivos como uva de mesa y plantaciones de olivos.

No obstante, esto no significa que toda la agricultura de Atacama vaya a comenzar a utilizar agua desalinizada de manera inmediata. La disponibilidad efectiva dependerá de los contratos, las redes de distribución, los costos de transporte y la viabilidad económica de cada usuario.

El agua producida en la costa debe recorrer largas distancias y, por tanto, el proyecto necesita una infraestructura de impulsión y distribución considerable.

Un modelo diferente: una sola gran planta para varios clientes

Una de las características que los desarrolladores destacan es precisamente el modelo multicliente.

En lugar de que cada compañía minera o usuario productivo construya su propia planta desalinizadora, ENAPAC busca centralizar la producción de agua y distribuirla posteriormente a diferentes consumidores.

Según sus responsables, la escala proyectada podría equivaler a varias plantas individuales, reduciendo la necesidad de multiplicar instalaciones costeras.

La idea también puede facilitar el aprovechamiento de economías de escala: una infraestructura de gran capacidad puede repartir determinados costos entre varios usuarios.

Sin embargo, este modelo depende de conseguir suficientes contratos de largo plazo. Precisamente este punto continúa siendo uno de los principales desafíos para la materialización completa del proyecto.

El punto clave: los contratos y la financiación

La construcción de una infraestructura de esta magnitud requiere una inversión extraordinaria.

Solaer estima un costo de construcción del orden de US$1.500 millones para el proyecto.

A finales de 2025, los responsables de ENAPAC explicaban que necesitaban cerrar contratos con grandes clientes para poder estructurar la financiación del proyecto. La lógica es similar a la utilizada en otras grandes infraestructuras: los contratos de suministro a largo plazo ayudan a respaldar el financiamiento necesario para ejecutar las obras.

Según información publicada en diciembre de 2025, el proyecto necesitaba concretar acuerdos con varios clientes de gran tamaño antes de avanzar hacia la construcción de la desalinizadora y sus redes principales.

Por esta razón, es importante diferenciar entre un proyecto aprobado ambientalmente, una infraestructura energética en construcción y una planta desalinizadora completamente en construcción. Son etapas distintas.

¿En qué estado se encuentra actualmente?

La situación de ENAPAC ha cambiado varias veces desde que comenzó a desarrollarse.

En 2018, el proyecto obtuvo su Resolución de Calificación Ambiental, que estableció las características principales de la iniciativa.

Posteriormente, Solaer adquirió el proyecto y comenzó a trabajar en su actualización técnica, financiera y regulatoria. En 2023, la compañía señalaba que ENAPAC contaba con una planta fotovoltaica propia y una primera fase de producción de 1.750 litros por segundo.

A fines de 2025 se produjo otro avance importante: el proyecto obtuvo una nueva aprobación ambiental relacionada con su segundo sistema de distribución. La información disponible también señala que la planta solar ya estaba en construcción.

Sin embargo, el mismo reporte indicaba que todavía faltaban permisos sectoriales, ingeniería de detalle y, sobre todo, contratos suficientes con grandes consumidores para asegurar la estructura financiera.

Por tanto, el estado correcto del proyecto no es que toda la planta desalinizadora ya esté construida ni que su operación haya comenzado. Lo que existe es un proyecto avanzado, con autorizaciones ambientales, infraestructura energética en desarrollo y una etapa pendiente de cierre financiero y contractual antes de ejecutar completamente la infraestructura de desalación y distribución.

Un proyecto con una meta mucho más amplia que la desalación

ENAPAC forma parte de una tendencia más amplia en Chile: utilizar el enorme potencial de energías renovables del norte para resolver problemas relacionados con el agua.

La combinación es estratégica. El norte chileno posee una extraordinaria disponibilidad de radiación solar, pero al mismo tiempo presenta una de las mayores limitaciones hídricas del país.

El océano, por su parte, representa una fuente prácticamente inagotable de agua, aunque convertir agua de mar en agua utilizable requiere energía, infraestructura y una gestión ambiental adecuada.

ENAPAC intenta conectar ambos recursos: agua del océano y energía del sol.

Esta combinación podría convertirse en un modelo replicable para otras zonas áridas, siempre que los costos, la infraestructura de transporte y los impactos ambientales puedan mantenerse bajo control.

Los desafíos ambientales

Aunque la utilización de energía solar representa una ventaja ambiental, una planta desalinizadora no está libre de impactos.

La captación de agua de mar debe diseñarse para reducir los efectos sobre organismos marinos. También es necesario controlar la descarga de la salmuera, que contiene una concentración de sales superior a la del agua marina original.

A esto se suma el impacto asociado a la construcción de grandes instalaciones, tuberías, caminos, líneas eléctricas y redes de distribución.

La evaluación ambiental chilena contempla precisamente estas distintas áreas del proyecto, incluyendo la planta de desalación, los ductos, la infraestructura energética y las obras asociadas.

Por ello, el carácter renovable de la energía utilizada no significa que el proyecto tenga impacto ambiental cero. La ventaja está en que una parte importante del consumo energético puede proceder de fuentes renovables, mientras que los demás impactos deben ser gestionados mediante diseño, regulación y fiscalización.

Un contexto nacional favorable para la desalación

El desarrollo de ENAPAC ocurre además en un momento en que la desalación ha adquirido una importancia creciente dentro de la política hídrica chilena.

En mayo de 2026 se promulgó en Chile una nueva ley relacionada con el uso del agua de mar para desalación, estableciendo un marco regulatorio integral para esta actividad y reconociendo formalmente su importancia dentro de la estrategia hídrica nacional. La promulgación se realizó precisamente en la planta de Aguas CAP ubicada en Caldera, Región de Atacama.

El contexto regulatorio puede ser relevante para nuevos proyectos, ya que Chile busca ampliar sus fuentes de abastecimiento de agua frente a los efectos de la sequía, la desertificación y el cambio climático.

El verdadero significado de ENAPAC

Más allá de sus cifras de capacidad, ENAPAC representa un cambio en la forma de pensar la infraestructura hídrica de una región desértica.

Tradicionalmente, la disponibilidad de agua ha estado condicionada por ríos, acuíferos, precipitaciones y otras fuentes continentales. La desalación permite incorporar una fuente adicional: el océano.

Cuando esa desalación se combina con energía solar y almacenamiento, el modelo cambia nuevamente. El agua deja de depender exclusivamente de las fuentes continentales y puede producirse utilizando un recurso abundante en la zona: la radiación solar.

El desafío consiste en hacer que ese modelo sea económicamente competitivo, ambientalmente responsable y técnicamente confiable.

Una obra que todavía tiene camino por recorrer

ENAPAC ha pasado por diferentes etapas desde su concepción inicial. Sus dimensiones, potencia energética y esquema de distribución han evolucionado, mientras que la empresa responsable ha trabajado en permisos, financiación y contratos.

La información disponible actualmente muestra un proyecto avanzado, pero todavía en proceso de materialización.

La planta fotovoltaica asociada ya ha entrado en fase de construcción, mientras que la desalinizadora y las redes de distribución dependen todavía de la culminación de procesos técnicos, administrativos y comerciales.

Si logra superar estos obstáculos, ENAPAC podría convertirse en una de las infraestructuras de agua desalada más relevantes de Chile y en un ejemplo de integración entre generación renovable, almacenamiento energético y producción de agua.

Para Atacama, donde el agua constituye uno de los principales límites para el desarrollo económico y territorial, la apuesta es particularmente significativa: utilizar el sol que sobra y el agua de mar que rodea la región para generar un recurso que precisamente escasea tierra adentro.

El proyecto todavía no representa una solución inmediata a la crisis hídrica. Pero sí muestra hacia dónde podría dirigirse una parte de la estrategia de Chile frente a la escasez de agua: desalinización a gran escala, energías renovables y redes capaces de conectar el océano con las zonas productivas del desierto.

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