Una megaplanta de ósmosis inversa transformará el suministro de agua para millones de personas en Marruecos

Marruecos continúa reforzando su estrategia para enfrentar la presión sobre sus recursos hídricos mediante grandes infraestructuras de desalación y el uso de energías renovables. Uno de los proyectos más ambiciosos del país es la nueva planta de desalación de agua de mar de la región de Casablanca-Settat, situada en la zona de Sidi Rahal, en la costa atlántica.

El proyecto, adjudicado en el marco de una colaboración público-privada entre la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable de Marruecos (ONEE) y un consorcio liderado por ACCIONA, incorpora sistemas de tratamiento basados en ósmosis inversa y un suministro energético procedente de fuentes renovables. Entre sus elementos más destacados se encuentra la vinculación del proyecto con el parque eólico de Bir Anzarane, una instalación de 360 MW de capacidad.

La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia con la que Marruecos busca reducir su vulnerabilidad frente a la escasez de agua, las sequías y la creciente demanda urbana y agrícola.

Un megaproyecto para garantizar el suministro de agua

La planta de Casablanca-Settat está diseñada para convertirse en una de las mayores instalaciones de desalación de África. El proyecto contempla una capacidad total de producción de 300 millones de metros cúbicos de agua al año cuando alcance su desarrollo completo.

De ese volumen, aproximadamente 250 millones de metros cúbicos anuales estarán destinados al abastecimiento de agua potable, mientras que otros 50 millones de metros cúbicos se destinarán a usos de riego, reforzando así tanto el suministro de las áreas urbanas como la actividad agrícola de la región.

La infraestructura está concebida para atender las necesidades de Casablanca, Settat, Berrechid y otras localidades cercanas. Diversas estimaciones vinculadas al proyecto sitúan su potencial de cobertura en torno a 7,5 millones de personas una vez que la instalación alcance su capacidad prevista.

El proyecto se desarrolla en fases. La primera contempla una capacidad anual de 200 millones de metros cúbicos, mientras que la segunda permitirá alcanzar los 300 millones. Según la información actualizada por el Ministerio de Economía y Finanzas de Marruecos, las obras de la primera fase habían alcanzado un avance del 81 % y su puesta en servicio está prevista para el 1 de febrero de 2027.

La ósmosis inversa, el corazón tecnológico de la desaladora

La tecnología elegida para convertir el agua del océano Atlántico en agua apta para el consumo y otros usos es la ósmosis inversa, uno de los sistemas de desalación más extendidos en las grandes plantas modernas.

El proceso consiste, de forma simplificada, en captar agua de mar y someterla a diferentes etapas de tratamiento antes de hacerla pasar a través de membranas semipermeables. Para lograrlo, el agua se impulsa a alta presión, permitiendo que una parte atraviese las membranas mientras las sales y otras sustancias quedan separadas en una corriente concentrada conocida habitualmente como salmuera.

Antes de llegar a las membranas, el agua debe pasar por procesos de pretratamiento destinados a reducir partículas, sólidos y otros elementos que podrían afectar el funcionamiento del sistema. Posteriormente, el agua producida requiere tratamientos adicionales para adecuar sus características al uso previsto.

La gran ventaja de esta tecnología es su capacidad para producir importantes volúmenes de agua a partir del mar. Sin embargo, también presenta desafíos: requiere un consumo energético considerable, una operación técnica especializada y una adecuada gestión de la salmuera y de los sistemas de captación y descarga.

Precisamente por esta elevada demanda de electricidad, la combinación entre desalación y energías renovables se ha convertido en uno de los principales campos de desarrollo de la infraestructura hídrica.

El viento como parte de la estrategia energética

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto marroquí es su integración con generación renovable. La desaladora será abastecida mediante energía renovable y el parque eólico de Bir Anzarane, con una capacidad de 360 MW, desempeña un papel central en este esquema.

Según la información difundida sobre el proyecto, el 47 % de la producción de ese parque eólico estará destinado a cubrir las necesidades de la nueva desaladora. De esta manera, Marruecos busca reducir la huella asociada al consumo eléctrico de una infraestructura que deberá operar de forma intensiva para producir cientos de millones de metros cúbicos de agua al año.

La apuesta resulta especialmente significativa porque la desalación tradicionalmente ha sido señalada como una tecnología con una elevada intensidad energética. Utilizar electricidad procedente de fuentes renovables permite reducir la dependencia de combustibles fósiles y vincular la seguridad hídrica con la transición energética.

No obstante, es importante precisar el contexto técnico: la información oficial del proyecto habla de un suministro totalmente basado en energía renovable, mientras que la generación eólica procede de una infraestructura integrada dentro de un sistema eléctrico más amplio. Por ello, el proyecto representa una combinación estratégica de desalación y contratación o asignación de energía renovable a gran escala, más que una planta aislada que dependa exclusivamente de la producción instantánea de un único aerogenerador.

Una inversión estratégica para Marruecos

La construcción de la planta se desarrolla mediante un modelo de colaboración público-privada. El consorcio responsable incluye a ACCIONA junto con otros socios vinculados al proyecto, y la infraestructura cuenta con la participación de la ONEE, el organismo nacional responsable de actividades relacionadas con la electricidad y el agua potable.

La inversión total comunicada para el proyecto se sitúa en torno a 6.500 millones de dirhams marroquíes, equivalentes aproximadamente a 613 millones de euros, según la información difundida durante la estructuración financiera de la iniciativa. El esquema de financiación se ha apoyado en deuda y aportaciones de capital, con la participación de diferentes entidades financieras nacionales e internacionales.

Además de la construcción, el acuerdo contempla la operación y el mantenimiento de la planta durante un periodo superior a dos décadas. ACCIONA ha señalado un horizonte de operación y mantenimiento de 27 años, lo que convierte al proyecto en una infraestructura de largo plazo dentro del sistema hídrico marroquí.

Casablanca y la creciente presión sobre los recursos hídricos

La construcción de grandes desaladoras responde a un problema que afecta de forma creciente al norte de África: la presión sobre las fuentes tradicionales de agua.

El aumento de la población urbana, el desarrollo económico, la demanda agrícola y los periodos de sequía han incrementado la necesidad de diversificar las fuentes de abastecimiento. En este escenario, depender exclusivamente de embalses, aguas superficiales o acuíferos puede generar una mayor vulnerabilidad ante las variaciones climáticas.

La desalación ofrece una fuente alternativa basada en un recurso abundante para los países con acceso al mar. Sin embargo, su desarrollo exige grandes inversiones, redes de transporte, sistemas eléctricos robustos y una planificación ambiental adecuada.

La nueva planta de Casablanca pretende precisamente complementar las fuentes convencionales y reforzar la seguridad del suministro en una de las áreas metropolitanas más importantes de Marruecos.

La desalación gana protagonismo dentro del plan hídrico nacional

El proyecto de Casablanca no es una iniciativa aislada. Marruecos está ampliando su capacidad de producción de agua desalinizada como parte de una estrategia nacional de seguridad hídrica.

Los datos presentados por el Gobierno marroquí sobre el desempeño de la ONEE muestran que en 2025 el país produjo 72,5 millones de metros cúbicos de agua procedente de la desalación de agua de mar dentro de las actividades del organismo. La puesta en marcha de nuevas infraestructuras pretende incrementar significativamente esa participación durante los próximos años.

El programa de inversiones 2026-2030 contempla nuevas actuaciones para asegurar el abastecimiento de agua potable. Según las previsiones presentadas por la ONEE, la capacidad de desalación destinada al agua potable podría superar 1.300 millones de metros cúbicos anuales al finalizar ese programa, con la desalación contribuyendo a cubrir una proporción mucho mayor de las necesidades nacionales.

Dentro de esta estrategia se incluyen proyectos en zonas como Casablanca, la región Oriental, Tánger, Souss-Massa y Guelmim-Tan-Tan.

Los desafíos ambientales de una desaladora de gran escala

Aunque la desalación ofrece una solución para ampliar la disponibilidad de agua, las grandes instalaciones también plantean retos ambientales que deben ser gestionados durante toda su vida útil.

Uno de los principales es la salmuera, la corriente con una concentración elevada de sales que queda después del proceso de ósmosis inversa. Su descarga al medio marino requiere sistemas de diseño y control que reduzcan los posibles efectos sobre los ecosistemas.

También son relevantes los sistemas de captación de agua de mar, el consumo energético, el uso de productos químicos durante determinadas etapas de tratamiento y la construcción de infraestructuras marinas y terrestres.

En el caso del proyecto de Casablanca, la magnitud de la planta exige una infraestructura complementaria de gran escala para la captación, el tratamiento, el transporte y la distribución del agua. La iniciativa contempla, además de la propia instalación de desalación, elementos asociados a la conducción y gestión del recurso producido.

La integración de energía renovable es uno de los elementos destinados a reducir el impacto climático asociado a la operación. Sin embargo, la sostenibilidad completa de una desaladora depende también de la eficiencia energética, el manejo de la salmuera, la protección del ecosistema marino y la gestión responsable de la infraestructura durante su ciclo de vida.

Un proyecto que une agua y transición energética

La planta de Casablanca-Settat representa una tendencia cada vez más visible en el desarrollo de infraestructura: la interdependencia entre los sectores del agua y la energía.

Producir agua mediante ósmosis inversa requiere electricidad. Al mismo tiempo, el crecimiento de las energías renovables abre la posibilidad de reducir la huella de carbono de procesos industriales que históricamente dependían de fuentes convencionales.

Marruecos cuenta con importantes recursos solares y eólicos y mantiene un programa de expansión de su capacidad renovable. En 2025, las energías renovables representaban el 46,1 % de la capacidad eléctrica instalada del país, según los datos presentados por el Ministerio de Economía y Finanzas. El objetivo oficial es superar el 52 % de participación en capacidad instalada, con una fuerte expansión prevista durante los próximos años.

En este contexto, la desaladora se convierte en un ejemplo de cómo una infraestructura hidráulica de gran consumo energético puede integrarse dentro de una estrategia nacional de transición energética.

Un referente para el futuro de los sistemas de tratamiento de agua

La construcción de la gran desaladora de Casablanca tiene una relevancia que va más allá del abastecimiento local. El proyecto muestra la dirección que están tomando muchos sistemas de tratamiento de aguas en regiones con estrés hídrico: instalaciones de gran capacidad, tecnologías de membranas, automatización, integración con energías renovables y contratos de operación a largo plazo.

La ósmosis inversa se consolida así como una de las principales herramientas para transformar el agua de mar en un recurso disponible para ciudades y actividades económicas. Al mismo tiempo, la necesidad de reducir el consumo energético y las emisiones impulsa la integración con parques solares, eólicos y otros sistemas de generación renovable.

Marruecos busca convertir esta combinación en una pieza fundamental de su política de seguridad hídrica. La planta de Casablanca-Settat, cuya primera fase está prevista para entrar en funcionamiento en febrero de 2027 y cuyo desarrollo completo continuará posteriormente, será una de las infraestructuras más importantes de esta estrategia.

Una infraestructura clave frente a la escasez de agua

La puesta en marcha de esta planta desalinizadora representa un cambio de escala en la estrategia marroquí de gestión del agua. Con una capacidad final de 300 millones de metros cúbicos anuales, tecnología de planta desalinizadora de ósmosis inversa y un modelo de suministro basado en energías renovables, el proyecto busca reforzar la disponibilidad de agua para millones de habitantes y apoyar parte de las necesidades agrícolas de la región.

La infraestructura también refleja un desafío que probablemente será cada vez más importante en distintas regiones del mundo: garantizar el acceso al agua sin aumentar de forma proporcional la dependencia de combustibles fósiles.

La respuesta de Marruecos combina dos recursos estratégicos: el agua del Atlántico y el potencial de generación renovable del país. El resultado será una de las mayores instalaciones de desalación del continente africano y un proyecto que coloca a la ósmosis inversa, la energía eólica y la seguridad hídrica dentro de una misma estrategia de infraestructura para las próximas décadas.

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