El sueño de toda una nación de ver a la «Verde» en el Mundial 2026 ha entrado en su fase más crítica y emocionante. Con el repechaje intercontinental a la vuelta de la esquina, la Federación Boliviana de Fútbol ha decidido jugar todas sus cartas, incluyendo un estímulo financiero sin precedentes para su plantilla.
Fernando Costa, líder de la FBF, ha sido transparente al comunicar que el éxito deportivo irá de la mano con el éxito económico para los futbolistas. Al pactar la entrega del 45 % de los premios FIFA, la federación busca que el compromiso del grupo sea total durante los 180 minutos que los separan de la gloria.
Si Bolivia logra superar las dos llaves del repechaje, la FIFA desembolsará 9 millones de dólares por su participación, de los cuales 4.05 millones irán directamente al bolsillo de los jugadores y cuerpo técnico. Es una apuesta alta que refleja la urgencia de la dirigencia por elevar el nivel competitivo tras décadas de ausencia mundialista.
El contexto internacional favorece este tipo de acuerdos, ya que el Mundial 2026 será el más lucrativo de la historia, con una bolsa total de 727 millones de dólares. Este aumento en la premiación permite que las selecciones más pequeñas tengan un margen de maniobra mucho mayor para invertir en su propia preparación y premios.
En el aspecto deportivo, el camino hacia el Grupo I —donde esperan Francia, Noruega y Senegal— pasa por dos estaciones obligatorias: Surinam e Irak. El primer duelo, programado para el 26 de marzo, será una prueba de fuego para medir la madurez de un equipo que viene de dar batacazos importantes en la eliminatoria regional.
La confianza del grupo se cimentó en gran medida tras la histórica victoria frente a Brasil, un resultado que no solo aportó puntos, sino también un bono de un millón de dólares. Ese triunfo demostró que la selección tiene los argumentos futbolísticos para pelear contra cualquiera cuando la motivación y la estrategia coinciden.
Finalmente, la FBF ha asegurado que, de clasificar, se contará con 1.5 millones de dólares adicionales para una preparación de élite. Todo está servido para que Bolivia intente emular la gesta de 1994 y regrese a la Copa del Mundo por la puerta grande, respaldada por una gestión que no ha escatimado en incentivos.




