La conmemoración de los 208 años de Pitalito y la apertura de la versión 63 del Festival Folclórico Laboyano fueron marcadas por un despliegue de luces, drones y espectáculos musicales organizados por la administración del alcalde Yider Luna Joven y el Instituto de Cultura, Recreación y Deporte. El evento, presentado como una muestra de identidad regional, buscó exaltar la tradición cafetera y el legado histórico del municipio ante miles de asistentes que se congregaron para observar el show tecnológico y las presentaciones culturales.
Sin embargo, este derroche de parafernalia festiva no ha estado exento de cuestionamientos en el ámbito local. La magnitud de la inversión destinada a los espectáculos de luces, láseres y drones contrasta con las realidades que aún persisten en el territorio laboyano. Mientras desde la oficina del mandatario se prioriza el impacto mediático y la proyección festiva de la ciudad, sectores críticos de la ciudadanía han señalado la desconexión que existe entre los altos costos operativos de esta celebración y la resolución de las necesidades básicas que demandan sectores rurales y urbanos del municipio.
La puesta en escena del certamen, que incluye más de 50 eventos programados, cumple con la función de mantener viva la agenda folclórica, pero también plantea interrogantes sobre la eficiencia en la ejecución de los recursos públicos. El aniversario 208, lejos de ser solo un momento de unión, se convierte en un escenario donde la administración Luna Joven pone a prueba su capacidad de gestión frente a una opinión pública que, cada vez con mayor frecuencia, exige un equilibrio entre la promoción cultural y la responsabilidad fiscal frente a los problemas estructurales que afectan el desarrollo de la «Tierra de Laboyos».



