Miraflores recibe a Gustavo Petro en un encuentro histórico. Es la primera visita de un presidente colombiano tras la salida de Maduro, y la agenda es clara: inteligencia binacional o el Catatumbo sigue desangrándose.
Este viernes, el Palacio de Miraflores abre sus puertas a Gustavo Petro. La foto es potente: el presidente colombiano frente a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, sellando el primer cara a cara oficial entre Bogotá y la nueva Caracas. Después del portazo de marzo en Cúcuta, hoy la diplomacia se sienta a la mesa.
Sí, hablarán de gas, de luz, del Antonio Ricaurte. Pero el verdadero incendio está en la frontera. Más de 2.000 kilómetros de selva donde el ELN y las disidencias de las FARC juegan a la guerra y los campesinos ponen los muertos.
El Catatumbo no aguanta un disparo más
Petro llegó con una línea roja: «Sin inteligencia técnica, los operativos matan civiles». Lo dijo sin rodeos. Colombia ya pagó esa factura. Ahora quiere que la estrategia sea quirúrgica, conjunta, con datos y no con plomo al azar.
Del lado venezolano, la «Operación Relámpago del Catatumbo» ya sacude el tablero. Diosdado Cabello, ministro del Interior, reporta alcaldes y funcionarios capturados por presuntos nexos con narcos. La casa se está limpiando, dicen.
Puentes después de la tormenta
Las dudas sobre las elecciones de 2024 todavía pesan. La comunidad internacional mira con ceja levantada. Pero en la frontera, la realidad manda: o se coordinan, o los ilegales siguen de fiesta.
Este encuentro es más que protocolo. Es Petro apostando a que con Delcy Rodríguez sí se puede hablar de seguridad sin que la ideología dispare primero. Es Caracas mostrando que hay gobierno y Bogotá reconociendo al interlocutor.
El reto: que el plan de inteligencia salve al Catatumbo y no termine en otro titular. Porque allá, los desplazados no comen discursos.




