Drones, humo y un barco desaparecido: el caso de los ocho pescadores que mantiene en vilo a Ecuador

Ecuador enfrenta uno de los casos más inquietantes de desaparición de pescadores artesanales de los últimos meses. Ocho tripulantes del pesquero Fiorella permanecen desaparecidos desde enero de 2026, después de que la embarcación perdiera contacto mientras realizaba labores de pesca cerca de las islas Galápagos. Siete meses después, las familias continúan sin conocer qué ocurrió con sus seres queridos, mientras nuevas investigaciones internacionales han puesto sobre la mesa la posibilidad de que el barco haya sido víctima de una operación clandestina vinculada a la lucha contra el narcotráfico.

El caso, que inicialmente fue tratado como una desaparición en alta mar, ha adquirido una dimensión internacional después de que investigaciones periodísticas de The Washington Post, Reuters y otros medios documentaran posibles vínculos entre la desaparición del Fiorella y otros incidentes ocurridos contra embarcaciones pesqueras ecuatorianas en el Pacífico.

Sin embargo, es importante distinguir entre los hechos comprobados y las hipótesis que todavía no han sido demostradas judicialmente. Hasta el momento, ningún gobierno ha confirmado que una operación estadounidense haya provocado la desaparición del Fiorella, mientras que Estados Unidos ha negado públicamente su participación en los incidentes.

El Fiorella zarpó desde Jaramijó con diez pescadores

La historia comenzó el 13 de enero de 2026, cuando el pesquero Fiorella salió desde Jaramijó, en la provincia ecuatoriana de Manabí. A bordo viajaban diez pescadores, quienes tenían previsto permanecer alrededor de 25 días en el mar para realizar labores de pesca.

La embarcación funcionaba como una especie de barco nodriza. Mientras permanecía en una zona determinada, pequeñas lanchas se alejaban para desplegar largas líneas de pesca conocidas como espineles. Posteriormente, los pescadores debían recogerlas y regresar al barco principal.

El viaje transcurrió aparentemente con normalidad durante los primeros días. Sin embargo, los testimonios de los dos pescadores que sobrevivieron y lograron regresar a Ecuador señalan que la tripulación había observado aeronaves y drones en los alrededores de la embarcación.

El 19 de enero, un día antes de que se perdiera definitivamente el contacto, familiares recibieron comunicaciones en las que se mencionaba la presencia de una patrulla y drones sobrevolando la zona. Estos testimonios no permiten establecer por sí mismos quién operaba las aeronaves ni cuál era su propósito, pero posteriormente adquirieron relevancia debido a otros incidentes registrados en el mismo sector del Pacífico.

La desaparición ocurrió cerca de las Galápagos

El 20 de enero, el Fiorella se encontraba cerca de las islas Galápagos, en aguas internacionales situadas entre el territorio continental ecuatoriano y la Zona Económica Exclusiva que rodea al archipiélago.

Ese día, cuatro pescadores abandonaron temporalmente el Fiorella en dos pequeñas embarcaciones para realizar sus labores de pesca. Dos de ellos se dirigieron hacia el este y los otros dos hacia el norte.

Los sobrevivientes explicaron posteriormente que, después del mediodía, dejaron de tener comunicación con el capitán del Fiorella. A cierta distancia observaron lo que parecía ser una columna de humo, aunque no pudieron determinar con certeza qué había sucedido.

Durante la tarde intentaron restablecer la comunicación con el barco principal, pero no obtuvieron respuesta. Cuando llegaron al punto donde estaba previsto encontrarse con el Fiorella, la embarcación ya no estaba allí.

Los pescadores esperaron varias horas y posteriormente buscaron la segunda lancha. Tampoco encontraron a sus tripulantes. Lo único que pudieron localizar fue parte del equipo de pesca que había sido desplegado previamente.

Al quedarse con poco combustible, decidieron regresar hacia la costa. En el trayecto fueron auxiliados por otra embarcación y finalmente pudieron regresar a Ecuador. Los otros ocho pescadores nunca volvieron a aparecer.

Siete meses después, no hay rastro de los ocho tripulantes

La desaparición del Fiorella se mantiene sin resolver. Las autoridades ecuatorianas investigan el caso como una posible desaparición involuntaria, aunque la Unidad Nacional de Investigación de Personas Desaparecidas de la Policía no ha descartado que pueda tratarse de una desaparición forzada.

El Estado ecuatoriano presentó información sobre el caso ante el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas, después de que el organismo internacional solicitara explicaciones sobre las medidas adoptadas para localizar a los pescadores.

De acuerdo con los documentos revisados por Primicias, la alerta oficial de emergencia llegó al Centro Coordinador de Salvamento Marítimo el 22 de enero y posteriormente se activaron los protocolos de búsqueda y rescate, conocidos como SAR. El Ministerio de Defensa informó que fueron utilizados medios navales, aéreos y otras capacidades especializadas para delimitar las zonas de búsqueda.

No obstante, existen cuestionamientos sobre la rapidez y coordinación de la respuesta estatal. Según la documentación entregada a Naciones Unidas, la operación formal de búsqueda comenzó el 24 de enero, dos días después de que el propietario de la embarcación reportara la desaparición.

La Fiscalía reconoce dificultades para investigar en alta mar

Uno de los principales problemas del caso está relacionado con las limitaciones institucionales para realizar investigaciones en aguas profundas.

La Fiscalía ecuatoriana abrió una investigación por desaparición involuntaria, pero reconoció dificultades para desarrollar diligencias directamente en el mar. Según la información presentada por las autoridades, la institución no contaba con apoyo operativo directo de la Policía para ejecutar determinadas actuaciones en alta mar.

La investigación quedó, en buena medida, condicionada a la actuación de las Fuerzas Armadas y de la Capitanía del Puerto. La propia Fiscalía reconoció que no se había conseguido una coordinación efectiva y sostenida entre las instituciones involucradas.

Estas dificultades han generado críticas de organizaciones de derechos humanos y de las familias de los desaparecidos, que consideran insuficiente la respuesta oficial.

En julio, por ejemplo, Amnistía Internacional señaló que, varios meses después de la desaparición, la Fiscalía todavía no había solicitado formalmente determinada información a Estados Unidos que podría ser relevante para esclarecer lo ocurrido. La organización también cuestionó que el expediente de búsqueda gestionado por la Capitanía del Puerto no estuviera integrado de manera adecuada a la investigación fiscal.

Una investigación internacional cambió el rumbo del caso

Durante meses, el caso permaneció rodeado de interrogantes. Sin embargo, una investigación publicada el 13 de agosto de 2026 por The Washington Post introdujo una nueva hipótesis.

Según el periódico estadounidense, los incidentes relacionados con el Fiorella y con otras dos embarcaciones ecuatorianas —la Negra Francisca Duarte II y el Don Maca— podrían formar parte de un programa de “acción encubierta” atribuido a la CIA.

La investigación periodística encontró indicios relacionados con un avión especializado en vigilancia que operaba desde El Salvador y que habría realizado vuelos hacia las zonas donde se encontraban las embarcaciones antes de los incidentes.

El diario también señaló que una fuente familiarizada con la operación afirmó que los ataques formaban parte de una operación secreta. No obstante, la CIA no confirmó la información, y el Gobierno estadounidense no ha reconocido que sus fuerzas hayan realizado el ataque contra el Fiorella.

Por eso, la posible participación de Estados Unidos debe presentarse como una hipótesis investigativa y periodística, no como un hecho judicialmente probado.

Los casos de la Negra Francisca Duarte II y el Don Maca

El misterio del Fiorella se volvió todavía más complejo debido a otros dos incidentes registrados en marzo.

El 17 de marzo, la embarcación Negra Francisca Duarte II, con 16 pescadores a bordo, sufrió un ataque mientras se encontraba en el Pacífico. Según los testimonios de los sobrevivientes, un dron habría impactado la embarcación y provocado un incendio.

Los pescadores lograron abandonar el barco y posteriormente fueron recogidos por una embarcación que, según sus testimonios, tenía hombres armados que hablaban inglés. Los sobrevivientes denunciaron que fueron esposados y encapuchados antes de ser trasladados y posteriormente entregados a la Guardia Costera de El Salvador.

El 26 de marzo ocurrió otro incidente relacionado con el pesquero Don Maca, que llevaba 20 tripulantes.

Los sobrevivientes describieron un procedimiento similar: explosiones o ataques con drones, abandono de la embarcación y posterior contacto con hombres armados que, según sus testimonios, hablaban inglés.

Los tripulantes fueron posteriormente trasladados a El Salvador y terminaron regresando a Ecuador.

La coincidencia entre los tres casos es uno de los elementos que ha alimentado las investigaciones internacionales.

¿Qué relación tiene esto con la lucha contra el narcotráfico?

El contexto regional es fundamental para entender por qué estas embarcaciones se encontraban bajo un nivel creciente de vigilancia.

La costa ecuatoriana se ha convertido en una ruta importante para el tráfico internacional de cocaína. En Manabí, organizaciones criminales han intentado reclutar a pescadores por su conocimiento del océano y de las rutas marítimas.

Una investigación de Reuters publicada en agosto documentó testimonios sobre extorsiones y reclutamiento de pescadores por organizaciones criminales. Algunos pescadores denunciaron que debían pagar dinero para poder salir a pescar sin ser atacados o amenazados. Otros han sido presionados para transportar drogas.

Esto coloca a las comunidades pesqueras en una situación especialmente vulnerable: pueden ser víctimas del crimen organizado y, al mismo tiempo, quedar expuestas a operaciones militares dirigidas contra el narcotráfico.

Reuters también informó que Estados Unidos y Ecuador han reforzado su cooperación en materia de seguridad marítima, intercambio de inteligencia y operaciones contra el tráfico de drogas en el Pacífico oriental.

La gran pregunta: ¿qué ocurrió realmente con el Fiorella?

La principal incógnita continúa siendo el destino de la embarcación y sus ocho tripulantes.

Los dos sobrevivientes observaron una columna de humo en el área donde se encontraba el Fiorella. Posteriormente se perdió toda comunicación con la embarcación y con la segunda lancha que se encontraba en la zona.

La hipótesis de un accidente o hundimiento no ha sido descartada. De hecho, el Ministerio de Defensa ecuatoriano ha señalado la posibilidad de que la embarcación haya quedado a la deriva.

Sin embargo, las familias sostienen que existen elementos que apuntan a una intervención externa. Entre ellos están los testimonios sobre drones y aeronaves, la columna de humo observada por los sobrevivientes y la coincidencia temporal con otros ataques contra embarcaciones ecuatorianas.

Hasta ahora, no existe una prueba pública concluyente que permita afirmar quién causó la desaparición.

Estados Unidos niega haber participado

La hipótesis de una operación estadounidense ha provocado especial controversia porque coincide con una campaña de operaciones contra embarcaciones sospechosas de estar relacionadas con el narcotráfico.

Estados Unidos ha negado su participación en los incidentes específicos que involucran a pescadores ecuatorianos. La Guardia Costera estadounidense también ha rechazado haber participado en los ataques descritos por los sobrevivientes.

Al mismo tiempo, investigaciones periodísticas han encontrado indicios que apuntan hacia una posible participación de actores estadounidenses, aunque todavía no existe una confirmación oficial de que el Fiorella haya sido atacado por fuerzas estadounidenses.

La diferencia entre estas versiones es precisamente uno de los motivos por los que organizaciones de derechos humanos y algunos legisladores estadounidenses han pedido una investigación más profunda.

Una tragedia que afecta a comunidades enteras

Más allá de las hipótesis geopolíticas, la desaparición tiene un impacto directo sobre las familias de Jaramijó y otras comunidades pesqueras de Manabí.

Para muchas de estas familias, la pesca representa la principal fuente de ingresos. La desaparición de un pescador no significa únicamente perder contacto con un ser querido: también puede significar perder el principal sustento económico del hogar.

El caso ha generado además temor entre otros pescadores, que enfrentan una situación cada vez más compleja. Por un lado, existen amenazas, extorsiones y reclutamiento por parte de organizaciones criminales. Por otro, las operaciones militares y de seguridad contra embarcaciones sospechosas han incrementado la incertidumbre sobre los riesgos de trabajar en aguas profundas.

El caso sigue abierto

A fecha del 21 de agosto de 2026, los ocho pescadores del Fiorella continúan desaparecidos. No se ha localizado a los tripulantes ni se ha esclarecido públicamente el destino definitivo de la embarcación.

El caso permanece bajo investigación en Ecuador y ha llegado también a organismos internacionales. Las autoridades ecuatorianas sostienen que desplegaron mecanismos de búsqueda y rescate, mientras que la Fiscalía reconoce las dificultades para investigar un hecho ocurrido en alta mar.

Al mismo tiempo, las recientes investigaciones de medios internacionales han añadido una nueva dimensión al caso al plantear la posibilidad de una operación clandestina relacionada con la lucha estadounidense contra el narcotráfico.

Por ahora, esa posibilidad no ha sido demostrada de manera concluyente. Lo que sí está confirmado es que ocho familias llevan meses esperando respuestas y que el destino de ocho pescadores ecuatorianos sigue siendo desconocido.

El caso del Fiorella se ha convertido así en un símbolo de los riesgos que enfrentan las comunidades pesqueras del Pacífico: entre el avance del crimen organizado, la presión del narcotráfico y una creciente militarización de las operaciones marítimas, quienes salen al mar para trabajar se encuentran en medio de una disputa que trasciende las fronteras de Ecuador.

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