“La paz total”, una torre de babel

Hemos llegado a un punto en el que el país vive un silencio de miedo por las venganzas y las retaliaciones. Silencio que se respira por todas partes.
Luis Eduardo Solarte Pastás

Hemos llegado a un punto en el que el país vive un silencio de miedo por las venganzas y las retaliaciones. Silencio que se respira por todas partes. Y miedo que se expande como el viento a lo largo y ancho del territorio nacional ante la impotencia y mirada estupefacta de sus habitantes.

Los odios, los rencores y toda clase de represalias son el pan de cada día.

SÍ. Un “pan” macabro que lleva a que unos sectores del pueblo colombiano se conviertan en una especie de “caníbales” que no saben cómo saciar, entre unos y otros o todos al mismo tiempo, una sed de desquite que no se entiende, pese al gran  cúmulo de explicaciones y supuestas justificaciones que siempre sacan a relucir en su momento oportuno y quizás por conveniencia más que por otra cosa.

Masacres indiscriminadas y asesinatos a mansalva, sin saber a ciencia cierta quién o quiénes son sus causantes, forman un contexto en que las especulaciones y las frases de cajón se difunden desde las más altas esferas del poder de unas instituciones sin mayor credibilidad y de las bases de una sociedad que también preguntan y dan sus opiniones a todo cuanto acontecimiento sangriento se presente.

Todo es confusión y enredo. Mientras tanto el “barco” en que navega el sistema democrático del país se hunde sin que de verdad se encuentre o se identifique al “capitán” que pueda corregir su curso y llevarlo a feliz puerto, en donde se encuentre la tan anhelada paz, con justicia social y equidad.

Así las autoridades pretendan disfrazarlo o disimularlo, a diario se presentan asesinatos, secuestros, extorsiones, violaciones, entre otra serie de hechos punibles, como consecuencia de esa violencia indiscriminada que se soporta hace mucho tiempo y que ha sido generada por los protagonistas y sectores en conflicto.

Violencia que ante una carencia de una efectiva y pronta aplicación de justicia generan unas retaliaciones que no respetan nada, absolutamente nada.

Ese es el temor que hoy existe en muchos estamentos políticos, económicos, sociales, religiosos, hasta de los propios militares y policías; por cuanto en un país como es en la actualidad Colombia, todo puede suceder, aunque se diga una y otra vez que se van a tomar todas las medidas y precauciones de seguridad a fin de que las venganzas no sigan ocurriendo.

Ccuando se firmó el tan alardeado Acuerdo de Paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc-Ep. Sin embargo, hoy con tristeza vemos que la violencia no se redujo al enfrentamiento que mantenían ese grupo subversivo con el Estado; pues otros actores armados ilegales (grupos guerrilleros, paramilitares, delincuencia común y organizada, etc.) continúan perpetrando actos violentos y buscando control territorial con propósitos diversos.

La política de paz total del presidente Gustavo Petro se ha convertido en una “Torre de Babel”, en donde cada uno de los actores del conflicto hablan una lengua propia que no entienden sus interlocutores para llegar a acuerdos que permitan abrir una senda para erradicar la violencia del país.

Y, lo peor de todo, es que en medio de toda esa violencia, la incertidumbre y el miedo se va apoderando de la sociedad colombiana, conllevando a sus habitantes a que busquen mecanismos para sobrevivir  a cualquier costo.

solarpastás@hotmail.com

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