La noche parecía ser una más para la familia de Jorge Eduardo Sijindioy Chindoy. El patrullero de la Policía Nacional estaba en casa, compartiendo con sus seres queridos y disfrutando de una cena en familia. Nada hacía presagiar que aquellas horas serían el último recuerdo que sus allegados tendrían de él con vida.
La tranquilidad del hogar se transformó en dolor pocas horas después. En la mañana del 14 de agosto, una escena estremecedora terminó con la calma de la familia en la vereda San Silvestre, jurisdicción del municipio de San Francisco, en el Alto Putumayo.
Jorge Eduardo Sijindioy Chindoy, quien se desempeñaba como patrullero de la Policía Nacional y estaba adscrito a una unidad del EMCAR en el departamento del Cauca, fue encontrado sin vida alrededor de las 11:00 de la mañana.
Investigación
acuerdo con la información conocida sobre el caso, durante la noche anterior, aproximadamente a las 8:30, el uniformado se encontraba en su residencia acompañado por sus familiares. Habían compartido juntos y, posteriormente, el patrullero se habría retirado a descansar.
Para sus seres queridos, aquella despedida aparentemente rutinaria se convertiría, sin saberlo, en el último momento que compartirían con él.
La mañana siguiente transcurría con normalidad hasta que uno de sus familiares, mientras realizaba labores agrícolas en la parte posterior de la vivienda, realizó un hallazgo que generó momentos de angustia y desesperación.
El familiar habría observado al patrullero en un árbol y, de inmediato, se dirigió hacia el lugar para intentar auxiliarlo. Con la esperanza de encontrarlo con vida, procedió a bajarlo y retirarlo del sitio.
Sin embargo, pese a los esfuerzos realizados, el uniformado ya no presentaba signos vitales.
La noticia rápidamente se extendió entre familiares, vecinos y amigos de la comunidad, quienes no podían comprender cómo la noche anterior habían compartido con Jorge Eduardo y, pocas horas después, recibían la noticia de su muerte. El caso generó profunda consternación en el Alto Putumayo, especialmente entre quienes conocían al uniformado y a su familia.
Por ahora, las circunstancias que rodearon su fallecimiento son materia de investigación. Las autoridades realizaron las diligencias correspondientes y el levantamiento del cuerpo, mientras avanzan en la recopilación de información que permita establecer con claridad qué ocurrió durante el lapso de tiempo. Para sus familiares queda el dolor de una pérdida inesperada y numerosas preguntas sobre lo sucedido. También queda el recuerdo de aquella última noche en la que Jorge Eduardo estuvo sentado junto a los suyos, compartiendo una cena y pasando tiempo en familia, sin que nadie imaginara que sería la última vez que lo verían con vida.



