Bajo la arena de Lambayeque: el templo milenario que podría ayudar a explicar los orígenes de la religión andina

Lambayeque, Perú. El norte del Perú continúa revelando evidencias de sociedades que desarrollaron complejas prácticas religiosas mucho antes del surgimiento de culturas ampliamente conocidas como los mochicas, los chimúes o los incas. Uno de los casos más llamativos se encuentra en el valle de Zaña, en la región Lambayeque, donde investigadores descubrieron los restos de una antigua arquitectura ceremonial acompañada de relieves antropomorfos, diseños pictóricos y elementos que podrían aportar nuevas pistas sobre el desarrollo de las primeras tradiciones religiosas organizadas de los Andes.

Sin embargo, hay una precisión importante para entender correctamente el hallazgo: las fuentes oficiales y académicas disponibles no lo identifican como un friso Cupisnique de exactamente 3.000 años de antigüedad. El descubrimiento al que se hace referencia corresponde al complejo arqueológico Los Paredones de La Otra Banda-Las Ánimas, en el valle de Zaña, y fue presentado inicialmente como una arquitectura monumental religiosa del Periodo Formativo con una antigüedad estimada de aproximadamente 5.000 años. Investigaciones posteriores y el equipo científico han manejado una estimación cercana a los 4.000 años, pendiente de precisiones mediante dataciones absolutas.

Esta diferencia no es menor. Aunque el sitio pertenece al horizonte cultural temprano que precede a la expansión de Chavín y presenta características artísticas que pueden compararse con tradiciones posteriores, no existe suficiente evidencia para atribuir directamente estos relieves a la cultura Cupisnique. Por ello, una descripción rigurosa debe hablar del Periodo Formativo y de las sociedades tempranas de la costa norte peruana, en lugar de presentar como hecho confirmado una filiación Cupisnique.

Un templo escondido en el valle de Zaña

El descubrimiento se produjo en el complejo arqueológico Los Paredones de La Otra Banda-Las Ánimas, ubicado en el distrito de Zaña, aproximadamente a 48 kilómetros de Chiclayo, en Lambayeque.

Las investigaciones forman parte del Proyecto Arqueológico Paisajes Culturales de Úcupe-Valle de Zaña, dirigido por el arqueólogo Luis Armando Muro Ynoñán. El proyecto busca reconstruir la historia de los paisajes culturales del valle y comprender cómo evolucionaron los centros ceremoniales y las sociedades que ocuparon esta zona del norte peruano.

Los trabajos arqueológicos comenzaron en esta área después de que las autoridades y los investigadores identificaran la necesidad de estudiar y proteger un sector que había sido afectado por actividades de saqueo. El equipo inició excavaciones sistemáticas en junio de 2024.

En una de las unidades excavadas apareció una estructura monumental que llamó inmediatamente la atención de los especialistas. Se trataba de un conjunto arquitectónico construido principalmente mediante tapial, una técnica basada en la compactación de tierra, con evidencias de espacios ceremoniales y una organización que podría haber permitido concentrar personas durante actividades rituales.

El Ministerio de Cultura del Perú señaló que la estructura podría corresponder a un recinto religioso de aproximadamente 5.000 años de antigüedad, aunque el equipo científico posteriormente manejó una estimación aproximada de 4.000 años mientras se esperaba una datación más precisa.

Relieves con seres humanos y características animales

Uno de los elementos más sorprendentes del descubrimiento son los relieves que decoraban parte del edificio.

Los arqueólogos encontraron representaciones en alto relieve de seres que combinan características humanas y animales. Entre ellas aparecen figuras con cuerpo humano y cabeza de ave, además de elementos asociados a felinos y extremidades que recuerdan a reptiles.

Estas representaciones son especialmente importantes porque permiten estudiar cómo las sociedades del Periodo Inicial y Formativo construían imágenes relacionadas con lo sobrenatural.

El descubrimiento no consiste simplemente en una decoración arquitectónica. Para los investigadores, la presencia de estas figuras en un espacio ceremonial puede ayudar a comprender las ideas religiosas de comunidades que vivieron en la costa norte peruana varios siglos antes de la consolidación de Chavín.

El propio proyecto ha señalado que algunas de estas representaciones presentan semejanzas con seres mitológicos conocidos posteriormente en la iconografía andina. El parecido no significa necesariamente que exista una continuidad directa entre ambas culturas, pero sí abre una pregunta arqueológica importante: ¿hasta qué punto determinadas ideas religiosas circularon o evolucionaron entre diferentes sociedades de los Andes?

Un espacio que pudo funcionar como escenario ceremonial

La arquitectura encontrada también proporciona pistas sobre la función del lugar.

Los investigadores identificaron una estructura que parece haber contado con una especie de plataforma o escenario, una zona posterior y un espacio frontal al que se accedía mediante una escalinata.

Esta disposición llevó al equipo a plantear que el edificio pudo haber funcionado de manera semejante a un espacio destinado a ceremonias públicas, donde determinadas actividades religiosas podían ser observadas por un grupo de personas.

El hallazgo de relieves a ambos lados de la escalera refuerza la importancia simbólica de este acceso. Quienes ingresaban al recinto habrían pasado frente a representaciones de seres sobrenaturales antes de llegar al espacio central.

No obstante, los arqueólogos mantienen cautela respecto de la función exacta de cada sector. En arqueología, la distribución arquitectónica permite formular hipótesis, pero es necesario contrastarlas con otros elementos —como artefactos, restos de actividad, entierros, pigmentos, fechados y patrones de construcción— antes de afirmar con certeza cómo se utilizaba un edificio.

También se encontraron pinturas de varios colores

El complejo no solo conserva relieves.

Durante las excavaciones también aparecieron restos de pintura mural, incluyendo diseños geométricos en diferentes colores. El Field Museum, institución vinculada a la investigación, informó sobre la presencia de pigmentos rojos, amarillos, negros y azules en uno de los murales.

La conservación de restos de color es especialmente relevante porque demuestra que la arquitectura ceremonial de estas sociedades no era necesariamente el paisaje monocromático que muchas veces imaginamos al observar actualmente las ruinas arqueológicas.

Los muros pudieron estar cubiertos por superficies cuidadosamente enlucidas y pintadas, mientras que los relieves incorporaban volumen y formas tridimensionales.

Uno de los diseños encontrados parece representar parte de una figura mayor que todavía permanece parcialmente sin excavar. Por esta razón, el significado completo de la composición continúa siendo una cuestión abierta para los investigadores.

¿Es realmente Cupisnique?

Esta es la parte que requiere mayor precisión.

La cultura Cupisnique fue una de las principales tradiciones arqueológicas de la costa norte peruana durante el Periodo Formativo. Su ámbito estuvo relacionado con distintos valles de la costa norte, incluyendo zonas de Lambayeque, Zaña y Jequetepeque, y su desarrollo está asociado con importantes transformaciones religiosas, arquitectónicas y artísticas.

Investigaciones arqueológicas han documentado en los valles de Zaña y Jequetepeque diferentes sitios y tradiciones vinculadas al Periodo Formativo, incluyendo evidencias asociadas con Cupisnique.

Además, en Lambayeque existen importantes complejos de tradición Cupisnique, como Collud-Zarpán, donde se han encontrado arquitectura monumental y relieves que presentan una compleja iconografía religiosa. En ese sitio, el arqueólogo Walter Alva documentó un mural en alto relieve con una representación de una deidad de características arácnidas y otros elementos relacionados con la tradición religiosa del Formativo.

Sin embargo, Collud-Zarpán y Los Paredones de La Otra Banda-Las Ánimas no son el mismo sitio.

En el caso de La Otra Banda, las autoridades peruanas describen el hallazgo como una arquitectura monumental religiosa del Periodo Formativo, mientras que el equipo científico ha señalado que todavía no se sabe cómo se denominaba la sociedad que construyó el templo.

De hecho, el Field Museum explica que no se conoce el nombre que esas personas utilizaban para identificarse. La información disponible procede principalmente de sus viviendas, templos, entierros y objetos arqueológicos.

Por ello, afirmar categóricamente que se trata de un «friso Cupisnique de más de 3.000 años» sería ir más allá de lo que permiten demostrar las fuentes disponibles.

La importancia de la cultura Cupisnique en este contexto

Aunque no sea correcto atribuir automáticamente el hallazgo a Cupisnique, la comparación resulta comprensible debido a la importancia que esta tradición tuvo en la costa norte.

Cupisnique se desarrolló durante el Periodo Formativo y produjo una de las tradiciones artísticas más complejas de los Andes antiguos. Sus representaciones incluyen seres híbridos, felinos, serpientes, aves y otras criaturas relacionadas con sistemas simbólicos y religiosos.

La arquitectura y el arte de esta época muestran que las sociedades de la costa norte ya habían desarrollado espacios ceremoniales monumentales, especialistas religiosos y sistemas iconográficos complejos mucho antes del auge de los mochicas.

Los estudios sobre los valles de Zaña y Jequetepeque han mostrado precisamente que durante el Formativo existieron diferentes sectores y tradiciones culturales que interactuaron y cambiaron a través del tiempo.

Por esa razón, el descubrimiento de La Otra Banda es importante incluso sin una atribución Cupisnique definitiva: contribuye a llenar un vacío sobre las sociedades que ocuparon el valle de Zaña durante las primeras etapas de la monumentalidad religiosa.

Un descubrimiento anterior a los mochicas

Otro aspecto fundamental es la antigüedad del edificio.

La investigación del Field Museum sitúa tentativamente la estructura dentro del Periodo Inicial o Formativo temprano, una etapa que comenzó aproximadamente hacia el segundo milenio antes de nuestra era.

Eso significa que el templo habría sido construido muchos siglos antes del desarrollo de la sociedad mochica.

El propio Field Museum señala que el complejo precede ampliamente a Machu Picchu y fue construido antes de sociedades posteriores como la Moche y la Nazca.

La importancia cronológica es enorme porque permite observar un momento en que las sociedades andinas comenzaban a desarrollar instituciones religiosas más complejas.

En ese contexto, los templos no eran solamente construcciones. Podían funcionar como lugares de reunión, espacios de ritual, escenarios para ceremonias y centros donde determinados grupos ejercían autoridad política y religiosa.

El valle de Zaña, una zona clave para comprender el pasado peruano

El hallazgo también debe entenderse dentro de la riqueza arqueológica del valle de Zaña.

La región posee evidencias de ocupaciones humanas de diferentes épocas y reúne sitios correspondientes a distintas etapas de la historia prehispánica.

Los estudios arqueológicos han documentado en el valle sitios relacionados con el Periodo Formativo, entre ellos Purulén y otros complejos ubicados en diferentes sectores de la cuenca. La distribución de estos asentamientos demuestra que el valle fue escenario de importantes procesos de desarrollo social y arquitectónico.

La cercanía entre Zaña y otros grandes centros arqueológicos de Lambayeque permite además estudiar las conexiones entre diferentes sociedades de la costa norte.

Esto resulta especialmente importante porque durante el Formativo no existía un único modelo cultural uniforme. Había comunidades con tradiciones propias que intercambiaban ideas, tecnologías, objetos y símbolos.

La presencia de un complejo Moche en el mismo lugar

La historia arqueológica de La Otra Banda no termina con el templo más antiguo.

En una segunda unidad de excavación, los investigadores encontraron arquitectura ceremonial perteneciente al Mochica tardío, fechada entre aproximadamente los años 600 y 700 d. C., según el Ministerio de Cultura.

La estructura presenta contrafuertes y bases de una plataforma escalonada. También se identificó el entierro de un niño de aproximadamente 5 a 6 años perteneciente a un periodo posterior.

Este detalle convierte al complejo en un lugar particularmente interesante para estudiar la transformación del paisaje durante miles de años.

En un mismo espacio pueden observarse evidencias correspondientes a diferentes momentos de la historia prehispánica. Esto permite preguntar cómo las sociedades posteriores reutilizaron, transformaron o abandonaron lugares que habían tenido importancia para comunidades anteriores.

El problema del huaqueo amenaza las investigaciones

El descubrimiento también ha puesto sobre la mesa uno de los problemas más graves del patrimonio arqueológico peruano: el huaqueo.

Los investigadores llegaron a la zona después de recibir información sobre actividades de saqueo. Parte de la arquitectura ya había sufrido daños antes de que pudiera ser estudiada sistemáticamente.

En 2026, el problema volvió a adquirir relevancia. El arqueólogo Luis Muro informó que investigadores encontraron nuevos daños en estructuras arqueológicas de aproximadamente 4.000 años de antigüedad. Según Andina, los responsables habrían destruido dos muros, perforado un antiguo piso ceremonial y arrojado piedras sobre las estructuras.

Este tipo de daño no significa solamente perder ladrillos o paredes antiguas.

Cuando una estructura arqueológica es destruida, también desaparece información sobre su posición, construcción, relación con otras edificaciones y contexto de uso. Incluso un objeto aparentemente pequeño puede contener datos fundamentales si se conoce exactamente dónde fue encontrado.

Por eso, para la arqueología, el contexto es tan importante como el objeto mismo.

¿Por qué este hallazgo es importante para la historia de los Andes?

El valor de La Otra Banda va mucho más allá de encontrar una construcción antigua.

El sitio ofrece la posibilidad de estudiar cómo algunas de las primeras sociedades complejas de la costa norte peruana organizaron espacios religiosos, utilizaron imágenes sobrenaturales y desarrollaron arquitectura monumental.

Los relieves de seres híbridos también pueden contribuir al estudio de la evolución de la iconografía andina.

Algunos de los motivos recuerdan a representaciones que aparecerían siglos después en otras tradiciones. Esto no demuestra por sí solo una línea directa de descendencia cultural, pero sí plantea interrogantes sobre la circulación de símbolos y conceptos religiosos.

El sitio, por tanto, puede ayudar a investigar una de las grandes preguntas de la arqueología andina: cómo surgieron y se transformaron los sistemas religiosos complejos que posteriormente caracterizarían a sociedades como Chavín, Cupisnique y otras tradiciones de los Andes centrales.

Un patrimonio que todavía guarda muchas respuestas

Las excavaciones de La Otra Banda están lejos de haber terminado.

El propio equipo investigador ha señalado que algunos sectores del mural permanecen sin excavar y que todavía son necesarias nuevas investigaciones y dataciones para precisar la cronología.

La incertidumbre forma parte normal del trabajo arqueológico. Una excavación no siempre proporciona respuestas inmediatas; muchas veces genera nuevas preguntas.

En este caso, quedan por determinar con mayor precisión la fecha de construcción del templo, la identidad cultural de sus constructores, la función exacta de sus diferentes espacios y el significado de las figuras representadas en los relieves y pinturas.

Un hallazgo que obliga a mirar más atrás en la historia del Perú

El descubrimiento de La Otra Banda-Las Ánimas confirma una vez más la enorme profundidad histórica del norte peruano.

Mucho antes de los incas y siglos antes de los grandes desarrollos mochicas, las sociedades de esta región ya construían arquitectura monumental, desarrollaban espacios ceremoniales y utilizaban complejas representaciones religiosas.

Por eso, aunque la afirmación de que se trata de un «friso polícromo Cupisnique de más de 3.000 años» debe manejarse con cautela, el hallazgo real no es menos extraordinario.

Lo descubierto en el valle de Zaña corresponde a un antiguo complejo ceremonial del Periodo Formativo, con una antigüedad estimada inicialmente en unos 5.000 años y posteriormente descrita por el equipo investigador como cercana a los 4.000 años, que conserva relieves antropomorfos y zoomorfos, restos de pintura y una arquitectura que pudo haber sido utilizada para ceremonias religiosas.

La investigación de este lugar puede aportar nuevas piezas para reconstruir el complejo proceso mediante el cual surgieron las primeras tradiciones religiosas monumentales de los Andes.

Y, al mismo tiempo, la situación actual del sitio recuerda que cada muro, relieve o fragmento que sobrevive representa una parte irremplazable de la historia. La protección frente al huaqueo y la continuidad de las investigaciones serán determinantes para que las futuras generaciones puedan conocer qué ocurrió realmente en el valle de Zaña hace miles de años.

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