Carlos Gallardo
Pasto, una ciudad rica en historia y cultura, se enfrenta a un fenómeno social que muchos habitantes señalan como uno de sus mayores desafíos: la envidia. Este sentimiento, a menudo velado en las interacciones cotidianas, puede tener un impacto significativo en el desarrollo y la cohesión social de la comunidad. Comparado con otras ciudades colombianas, como Medellín, donde prevalece el dicho Paisa Ayuda A Paisa, en Pasto resuena con más fuerza el desalentador Pastuso Come Pastuso.
Uno de los ejemplos más citados es el ámbito empresarial. En Pasto, si una persona abre un local de comida y encuentra éxito, es común que en poco tiempo surjan varios establecimientos similares en la misma área. Aunque esto podría interpretarse como un signo de un mercado dinámico, muchos lo ven como una manifestación de envidia y competencia desleal. En lugar de fomentar la innovación y la diversificación, esta tendencia puede llevar a una saturación del mercado y, en última instancia, a la quiebra de los negocios originales.
El dicho Pastuso Come Pastuso refleja una percepción de rivalidad interna que contrasta fuertemente con el sentido de comunidad y apoyo mutuo que se observa en otras regiones del país. En Medellín, por ejemplo, la frase Paisa Ayuda A Paisa no solo es un dicho, sino una práctica cotidiana que ha contribuido al crecimiento y desarrollo económico de la región. Esta solidaridad entre paisas ha sido clave para el renacimiento de Medellín como una ciudad innovadora y próspera.
La envidia en Pasto no se limita al ámbito empresarial. En la vida cotidiana, muchos pastusos sienten que sus logros y éxitos personales son constantemente evaluados y comparados por sus pares. Este escrutinio puede generar una atmósfera de desconfianza y competencia innecesaria. El dicho El Pastuso No Te Quiere Ver Mal, Pero Tampoco Mejor Que Él encapsula esta actitud ambivalente hacia el éxito ajeno.
Para superar esta barrera, es fundamental fomentar una cultura de colaboración y apoyo mutuo en Pasto. Esto implica reconocer y celebrar los éxitos de los demás, aprender a ver la competencia como una oportunidad para mejorar y no como una amenaza. Iniciativas comunitarias, programas de liderazgo y el fortalecimiento de redes de apoyo pueden ser pasos importantes hacia la creación de un ambiente más positivo y constructivo.
En conclusión, mientras que la envidia es un sentimiento humano natural, su prevalencia en Pasto y su impacto en las relaciones y el desarrollo de la ciudad requieren una atención y un cambio cultural. Mirar hacia modelos exitosos de otras regiones y adaptarlos a la realidad pastusa puede ser un camino hacia una comunidad más unida y próspera. Al final del día, el verdadero éxito reside en el progreso colectivo y en la capacidad de apoyarnos unos a otros en la búsqueda de un futuro mejor.

