En el complejo panorama electoral rumbo a las presidenciales de 2026 en Colombia, la candidatura de Paloma Valencia ha comenzado a consolidar apoyos importantes dentro de los llamados partidos tradicionales. Sin embargo, ese respaldo dista de ser unánime: las divisiones internas, los intereses regionales y las tensiones ideológicas mantienen a estas colectividades en un estado de incertidumbre que podría ser determinante para el resultado final.
Un giro hacia Valencia, pero sin decisión definitiva
Tras las elecciones legislativas y la consulta de la derecha, Paloma Valencia emergió como una de las principales figuras del espectro conservador. Desde entonces, partidos como el Liberal, Conservador, Cambio Radical y La U han sostenido reuniones y acercamientos con su campaña, evaluando la posibilidad de respaldarla de cara a la primera vuelta presidencial.
En varios sectores de estas colectividades, especialmente en Cambio Radical y el Partido Conservador, ya se evidencian inclinaciones hacia su candidatura. Incluso, algunos congresistas han comenzado a manifestar su apoyo de manera individual, lo que refleja un movimiento progresivo hacia Valencia.
No obstante, hasta ahora no existe un anuncio oficial conjunto. Las direcciones de los partidos prefieren mantener cautela, a la espera de medir el comportamiento de las encuestas y las alianzas de última hora.
La fragmentación interna: el mayor obstáculo
El principal problema para un respaldo sólido a Valencia es la falta de unidad dentro de los partidos tradicionales. Las bancadas están divididas y varios de sus miembros apoyan a otros candidatos, como Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella.
Por ejemplo:
- En el Partido Liberal hay sectores que simpatizan con Cepeda, mientras otros prefieren una opción de derecha.
- En el Partido Conservador persiste el debate entre Valencia y De la Espriella.
- En La U y la Alianza Verde también se evidencian posturas divididas.
Esta fragmentación no solo retrasa las decisiones oficiales, sino que debilita el peso político de estos partidos en la contienda, al no actuar como bloques cohesionados.
Una estrategia de centro que atrae… pero genera dudas
Uno de los factores que ha permitido a Valencia acercarse a estos partidos es su estrategia de moderación discursiva. A diferencia del uribismo más tradicional, su campaña ha buscado atraer votantes de centro, incluso con alianzas que amplían su base política.
Sin embargo, esta misma estrategia ha generado tensiones dentro de la derecha. Sectores más radicales consideran que se están sacrificando principios ideológicos, mientras que algunos líderes tradicionales desconfían de la viabilidad electoral de su propuesta o prefieren mantener independencia hasta la segunda vuelta.
La presión del calendario electoral
El tiempo juega un papel clave. Con la primera vuelta programada para el 31 de mayo de 2026, los partidos tradicionales están bajo presión para definir su posición. Aunque se esperaba una decisión tras Semana Santa, las discusiones internas continúan y evidencian que no hay consenso claro.
Mientras tanto, candidaturas como la de Iván Cepeda avanzan con mayor cohesión partidista, lo que obliga a los sectores tradicionales a acelerar sus definiciones si quieren incidir de manera efectiva en el resultado electoral.
Una derecha que crece, pero dividida
Aunque Paloma Valencia ha logrado posicionarse como la principal receptora de apoyos dentro de los partidos tradicionales, el panorama general de la derecha sigue marcado por la fragmentación. Las tensiones con figuras como Abelardo de la Espriella y las críticas internas evidencian que la unidad aún está lejos.
En este contexto, el respaldo de los partidos tradicionales podría ser decisivo, pero también incierto. Si logran alinearse, Valencia podría consolidar una candidatura fuerte; si persisten las divisiones, el voto se dispersará y abrirá espacio a otros proyectos políticos.


