PAREN LA PELEA Y HAGAN EL DEBATE

Colombia atraviesa uno de los momentos más complejos y decisivos de su historia reciente. Los desafíos en materia de seguridad, empleo, educación, salud, infraestructura y lucha contra la corrupción exigen soluciones serias, responsables y viables. Sin embargo, una parte importante del debate político parece haberse desviado hacia el terreno de las descalificaciones personales, los ataques constantes y los enfrentamientos estériles entre quienes aspiran a dirigir los destinos de la nación.

En este contexto, resulta oportuno hacer un llamado a los candidatos presidenciales Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda para que contribuyan a elevar el nivel de la discusión pública y eviten seguir agregando obstáculos e inconvenientes al debate democrático. Los colombianos merecen una campaña electoral basada en las ideas y no en los insultos; en las propuestas y no en las confrontaciones personales.

La democracia se fortalece cuando los ciudadanos pueden comparar programas de gobierno, evaluar soluciones y conocer con claridad cuáles son los planes de cada candidato para enfrentar los problemas que afectan a millones de familias. Por el contrario, cuando el debate se reduce a intercambios de acusaciones, señalamientos y agravios, los verdaderos temas nacionales quedan relegados a un segundo plano.

La ciudadanía está cansada de la polarización permanente. Durante años, los colombianos han observado cómo buena parte de la discusión política se convierte en una batalla de descalificaciones donde cada sector busca desacreditar al adversario en lugar de convencer a los electores con argumentos sólidos. Ese modelo de confrontación no aporta soluciones y, por el contrario, profundiza las divisiones que tanto daño le han hecho al país.

Los ciudadanos quieren escuchar qué propone cada candidato para generar empleo, fortalecer la economía, mejorar la calidad de la educación, garantizar la seguridad en las regiones, enfrentar el narcotráfico, apoyar al sector productivo y reducir las desigualdades sociales. Quieren conocer cifras, estrategias, metas y compromisos concretos. Aspiran a tener elementos de juicio para tomar una decisión informada en las urnas.

Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda representan visiones políticas diferentes, y precisamente por ello el debate entre ambos puede resultar enriquecedor para la democracia colombiana. La pluralidad de ideas es una fortaleza institucional y permite que los ciudadanos analicen distintas alternativas de gobierno. Pero esa diversidad pierde valor cuando se convierte en una cadena interminable de ataques personales que nada aportan al bienestar colectivo.

Es momento de que ambos candidatos comprendan que el país espera de ellos altura, respeto y responsabilidad. La campaña presidencial no debe ser un escenario para alimentar enemistades o profundizar resentimientos, sino una oportunidad para presentar proyectos de nación y construir confianza entre los ciudadanos.

Los colombianos no necesitan más ruido político. Necesitan respuestas. No requieren más controversias personales. Necesitan soluciones. No esperan más improperios ni acusaciones recíprocas. Esperan liderazgo, visión y capacidad para enfrentar los desafíos que tiene Colombia.

Por ello, hoy hacemos un llamado respetuoso pero firme a Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda para que concentren sus esfuerzos en explicar sus programas de gobierno y permitan que el debate democrático gire alrededor de las propuestas. La grandeza de un candidato no se mide por la intensidad de sus ataques contra el adversario, sino por la solidez de sus ideas y la capacidad de inspirar confianza en los ciudadanos.

La democracia colombiana ganará si los candidatos debaten con argumentos, respeto y altura. Ganará si los ciudadanos pueden comparar proyectos de país en lugar de presenciar disputas personales. Y ganará, sobre todo, si la campaña presidencial se convierte en un espacio donde prevalezcan las propuestas sobre los insultos. En síntesis, lo que hoy reclama Colombia es sencillo y razonable: más propuestas y menos improperios.

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