PÁRAMOS BAJO ATAQUE HUMANO

Incendios destruyen ecosistemas durante la fuerte temporada seca.

Una serie de incendios forestales mantiene en alerta ambiental a varias zonas de alta montaña en el departamento de Boyacá. Las llamas han consumido amplias áreas de vegetación nativa en ecosistemas estratégicos, especialmente en zonas de páramo, consideradas fundamentales para la regulación hídrica y la biodiversidad del país.

Uno de los focos más graves se registró en el complejo de páramo Siscunsí–Ocetá, ubicado entre los municipios de Mongua y Monguí. Allí, el fuego consumió aproximadamente 70 hectáreas de frailejones y vegetación altoandina, generando preocupación entre autoridades ambientales y comunidades locales por el impacto ecológico que puede tardar años en revertirse.

Las emergencias también se han presentado en municipios como Moniquirá, Pesca y Tibaná, donde los organismos de socorro han tenido que atender distintos puntos de conflagración en medio de la temporada seca. Estos incendios afectan coberturas vegetales fundamentales para la producción de agua y la estabilidad ambiental de la región.

Investigaciones recientes indican que la gran mayoría de estos eventos tiene origen humano. Según análisis adelantados por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, cerca del 99,9 % de los incendios registrados en páramos del país están relacionados con actividades antrópicas, como la expansión agrícola, quemas para ampliar potreros, prácticas ganaderas o incluso actividades mineras.

Uno de los complejos de páramo que presenta mayores antecedentes de incendios es el sistema Tota–Bijagual–Mamapacha. Estudios basados en imágenes satelitales entre los años 2000 y 2022 evidencian que cerca del 17 % de su territorio se ha quemado al menos una vez en las últimas dos décadas, con zonas donde el fuego se ha repetido hasta cuatro veces.

Otros ecosistemas estratégicos como el Páramo de Pisba y la Sierra Nevada de El Cocuy presentan menos registros de incendios recientes, aunque los investigadores advierten que siguen siendo territorios vulnerables frente a nuevas emergencias.

Ante este panorama, las comunidades locales han comenzado a organizar brigadas voluntarias de monitoreo y prevención del fuego, especialmente en municipios como Tota y Mongua. Estos grupos comunitarios se encargan de vigilar el territorio, reportar focos tempranos y promover prácticas que eviten nuevas quemas.

Especialistas advierten que la recuperación de los páramos tras un incendio puede tardar entre cinco y diez años, especialmente cuando especies emblemáticas como los frailejones resultan afectadas. Por ello, insisten en la necesidad de comprender el comportamiento del fuego y avanzar hacia estrategias de manejo integral que combinen conocimiento científico, participación comunitaria y prevención ambiental.

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