En el bádminton colombiano, los resultados que se celebran en Ciudad de Panamá no son fruto del azar. Detrás de cada punto ganado y de cada partido disputado, hay un proceso silencioso que comienza mucho antes de que los deportistas vistan el uniforme nacional. Un proceso que tiene en los Juegos Intercolegiados uno de sus pilares más sólidos.
En las canchas de la Universidad ITSE, ese camino empieza a hacerse visible. Allí, Jerónimo Giraldo se instaló en las semifinales del individual y también en dobles mixtos junto a Juliana Castaño, dos nombres que hoy representan el presente de este deporte, pero que también cuentan la historia de una base que se viene construyendo desde las instituciones educativas.
“Muy contentos por la base deportiva que tenemos hoy en día en nuestro país. Esto gracias a todos los procesos serios que se realizan en los diferentes departamentos”, explicó William Gutiérrez, entrenador de la Selección Colombia. Su mirada no se detiene únicamente en el resultado, sino en el origen de ese logro: un sistema que articula esfuerzos y que encuentra en el deporte escolar un punto de partida clave.
Para Gutiérrez, el impacto de los Juegos Intercolegiados ha sido determinante. “Sin duda, un plus magnífico para nuestro deporte ha sido la vinculación en este proceso. Es un programa que impulsa todo el desarrollo deportivo de nuestras regiones y que hoy nos está entregando dos grandes deportistas”, afirma, destacando cómo este escenario permite identificar, formar y proyectar talento.
Y es que, para los propios atletas, el paso por los Intercolegiados no es un simple recuerdo, sino una etapa que marca su crecimiento. Jerónimo Giraldo lo resume con claridad. “Han significado mucho en mi carrera”. No es para menos. En cada una de sus participaciones logró subirse a lo más alto del podio, consolidando una mentalidad competitiva que hoy lo sostiene en el alto nivel. Más allá de las medallas, resalta el valor del proceso. “Es un torneo bastante interesante, muy bonito. A las generaciones que vienen les digo que luchen, que todo es posible, que trabajen con disciplina”.
Juliana Castaño, por su parte, pone el acento en el aprendizaje que deja cada competencia. “Me ayudaron mucho para competir con otras ciudades de todo Colombia, fomentar la competencia y aprender tanto de las victorias como de las derrotas”, señala. En sus palabras se refleja el espíritu formativo de unos Juegos que no solo buscan campeones, sino deportistas integrales.
Así, lo que se vive en Panamá es la consecuencia natural de un sistema que apuesta por el desarrollo desde la base. Los Juegos Intercolegiados no solo fortalecen el bádminton colombiano, sino que construyen historias, forjan carácter y abren caminos. Jerónimo y Juliana son la prueba de que cuando el proceso es sólido, los resultados llegan y, sobre todo, se sostienen en el tiempo.


