Orozco, el embalsamador

Nicolás Escobar Bejarano

Se trata de un documental japonés en idioma hispano, grabado en el año 2001; pertenece al género fílmico de mondo en donde se busca generar emociones en el espectador. El director es Kiyotaka Tsurisak, un fotógrafo japonés, famoso por desarrollar su trabajo con cadáveres.

Orozco el embalsamador, nos cuenta los últimos tres años de trabajo de un colombiano llamado Froilan Orozco Duarte, quien se dedicó al oficio de embalsamar cadáveres cerca de 40 años; la particularidad es que trabajaba en una morgue improvisada, atendiendo con cuchillos de carnicería a cadáveres de yonkis y trabajadoras sexuales, víctimas de la violencia que se vivía en las calles del que en su momento fue El Cartucho en Bogotá.

La Colombia de los años noventa puntea la tasa más alta de homicidios de la historia y, aunque actualmente todos los sitios que aparecen en el documental, fueron demolidos para crear el parque Tercer Milenio, es importante resaltar el valor sociológico del filme con todo lo que contiene.

Realmente es una combinación explosiva: un japonés obsesionado por retratar la muerte y un país que se cataloga como uno de los más violentos del mundo; sin duda alguna, es un documental que no es apto para todo el mundo, pues basta con tan solo ver cinco o seis minutos para encontrar sangre, vísceras y cadáveres reales. Pero no sólo ese es el eje principal del filme, sino además, una crítica social a nuestro morbo como sociedad, por ejemplo, se puede encontrar una escena en la que la policía está realizando el levantamiento de un cadáver -de lo que parece ser una muerte violenta-, mientras que alrededor toda la multitud (incluyendo niños) está exaltada por ver el cuerpo inerte.

 

«No importa cómo es nuestro físico o el rol social que desarrollamos, a fin de cuentas todos terminaremos en las mismas circunstancias, es decir, muertos sobre una plancha helada y siendo examinados por forenses»

 

Recomiendo mucho este documental, no porque me guste la muerte, sino porque nos muestra una realidad que muchos de nosotros no queremos aceptar y es que, algunas personas tienen auxilios funerarios de millones de pesos, mientras que otros deben acudir a estos sitios clandestinos (como los de la trama del documental), para poder seguir el ritual de despedir a sus seres queridos, pues estos servicios pueden llegar a costar entre 10 mil y 50 mil pesos. También nos recuerda que, no importa cómo es nuestro físico o el rol social que desarrollamos, a fin de cuentas todos terminaremos en las mismas circunstancias, es decir, muertos sobre una plancha helada, siendo examinados por forenses y preparándonos para nuestro funeral.

A pesar de las crudas imágenes que son difíciles de soportar -tuve que verlo tres veces porque no pude pasar de los 15 minutos iniciales-, el documental nos muestra la fragilidad de la vida y el respeto a personas como Don Orozco quien, pese a que ya no se encuentra con nosotros, ejerció un oficio muy complejo con respeto, cariño y dignidad.

Por: Nicolás Escobar Bejarano

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